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El arquitecto del sonido – Parte 2

En el artículo anterior hablamos sobre el proceso creativo que experimentó el músico argentino Gustavo Cerati a comienzos de los 90 y en cómo eso repercutió tanto en su carrera solista como junto a Soda Stereo. En esta oportunidad, abordaremos el periodo entre el álbum Confort y música para volar (Soda Stereo) y su último álbum de estudio Fuerza Natural y veremos cómo las sonoridades involucradas en su trabajo, en vez de ir desapareciendo con el paso de los años, se convirtieron en su marca registrada. Acompáñenos.

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Confort y música para volar (1995)

Llevaba años entre los ejecutivos de la cadena de música MTV la idea de poder invitar a Soda Stereo a ser parte de su afamada serie de conciertos desenchufados MTV Unplugged. Sin embargo, el trío argentino se negaba a participar, tal vez por el hecho de tener que sonar en formato totalmente acústico, siendo que su potencia y despliegue creativo, como ya hemos apuntando en el artículo anterior, se centraba principalmente en las atmosferas sonoras creadas a través de pedales de efectos, sintetizadores y demases juguetes sonoros. Sin embargo, luego de muchos intentos, en septiembre de 1996, el deseo de los mandamases de MTV finalmente se cumplió, y Soda Stereo entraba a los estudios de MTV en Miami, EE.UU para registrar una de sus presentaciones más aclamada y recordada.

Pequeños grandes detalles

Una de las razones de lo histórica de su presentación para MTV es que, pese a ser parte de la serie de conciertos desenchufados, si hubo algo en lo que no escatimaron, fue en cables, guitarras eléctricas y sintetizadores. Al parecer, solo estuvieron dispuestos a ser parte del proyecto si podían traer más sonoridades a su presentación y, tal vez, bajar un poco la velocidad de las canciones, algo que, claramente, se duda, luego de la estruendoso final del concierto con el cover de la banda argentina Vox Dei, Génesis que resultó en un deleite para los amantes del rock progresivo. El resto de las canciones, simplemente, superaron con creces las expectativas. La versión sublime de En la ciudad de la furia interpretada en compañía de Andrea Echeverri de Aterciopelados, solo vino a demostrar que solo alguien como Cerati podía reversionarse y sonar incluso mejor que el producto original. Con Ángel eléctrico y Un misil en mi placard pasa algo parecido. La versión de la primera suena muchísimo mejor que la versión del álbum lanzado apenas un año antes, y la versión de la segunda, suena totalmente renovada. Y es que eso tenía Cerati, la capacidad de convertir una canción que ya era buena, en algo totalmente extraordinario. En el caso de Un misil en mi placard, se puede establecer un claro ejemplo entre la evolución y la curiosidad constante del artista por la búsqueda de nuevas sonoridades, dado que en la versión de los 80 se aprecia sus marcadas primeras referencias musicales que, como el mismo reconoció en algunas entrevistas, tenían más relación con el reggae que con el rock propiamente tal.

Es por todo esto que el valor de este álbum es gigante, pues ofrece un sonido nuevo pese a contener canciones ya conocidas. Además, es clave en la carrera de Soda Stereo, pues marca, a mi parecer, el broche de oro a una carrera musical que, a esas alturas, ya los tenía encumbrados en la historia del rock en español.

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Bocanada (1999)

Corría el año 1999, ya habían pasado 2 años desde el fin de Soda Stereo, y Gustavo Cerati aparecía desde las sombras con un álbum complejo, intrincado, experimental y rico en lo sonoro: Bocanada.

Si antes Cerati ya había experimentado con sonidos electrónicos, fue en Bocanada donde desplegó toda su capacidad experimental en la producción de un álbum que lejos de sonar como un recocido de su etapa con Soda Stereo, sonaba fresco y novedoso.

Canciones como Tabú, con su incesante bajo repitiéndose como un mantra. Bocanada y su ritmo cadencioso o Puente, que es de esas canciones que sientes que solo en lo sonoro ya le dice algo a esperanzador a tu espíritu, nos mostraban ese hambre inquieto de Cerati de no quedarse a dormir en los laureles del pasado y enfrentar de cara esta nueva etapa en lo musical, donde todo estaba permitido.

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Siempre es hoy (2002)

Siempre es hoy siguió la tónica de la experimentación, y es que Cerati destacó en su carrera por no volver atrás o quedarse haciendo canciones que le dieran de comer o que le garantizaran esa cosas que tantos artistas persiguen y que los hace incluso traicionarse a sí mismos con tal de conseguir el éxito. No, Cerati no se hizo responsable de las viudas de Soda Stereo, ni tampoco prestó oídos a aquellos que lo encasillaban como otro “pop star” y que solo estaba preocupado de las máquinas y no de las guitarras. Cerati fue un rockero con todas las de la ley y lo demostró tocando y haciendo canciones que quizá, en lo sonoro, no eran de “rock”, pero en la actitud, claro que sí. ¿Acaso alguien puede dudar de la actitud rockera de Sulky? Una canción que a uno le recuerdan esos viejos ídolos a los que Cerati confesó admirar: Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa. Y es que Gustavo supo distinguir el rock entre las composiciones de estos gigantes del folklore sudamericano y adaptarlo a su trabajo. Qué decir de Vivo, la canción favorita del artista. En ella se despliega otro homenaje en lo sonoro a sus artistas favoritos como Led Zepelin y por qué no decirlo, también algo Floydiano y Guilmoriano en esa guitarra, el resultado, una canción que se convierte en leyenda.

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Ahí vamos (2006)

Sin embargo, luego de años experimentando en lo electrónico y con ciertos coqueteos con el rock más formal en sus previos trabajos, fue en Ahí vamos donde Cerati, finalmente, logró cerrar la brecha existente entre los antiguos seguidores de Soda Stero y los nuevos seguidores de su carrera solista.

Para cerrar la brecha decidió volver al rock más crudo, las máquinas electrónicas pasaron a un segundo y tercer plano, y en el plano escrito, sus letras se grabaron como fuego en muchos nuevos y antiguos fanáticos.

Crimen enmarcó de manera majestuosa la metáfora de aquellos amores que se terminan y de los cuales solo quedan un montón de preguntas sin resolver. Adiós nos enseñó que saber aceptarlo es una forma de crecer y Lago en el cielo, con su sonoridad onírica, nos enseñó el lugar al que aspirar y llegar a descansar o escapar luego de exponer nuestras almas a las heridas y golpes de la vida.

Sin duda, Ahí vamos se convirtió en un álbum bisagra en la carrera de un artista que parecía sentirse cómodo en el cualquier tipo de estilo, ya fuese este electrónico o más rockero. Él podía salir y entrar de cualquier tipo de música y no perder su estilo propio en el proceso.

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Fuerza natural (2009)

Y finalmente llegamos al final de su obra: Fuerza natural. Se trata del álbum que el artista mismo reconoció, una vez publicado, era un trabajo con el que se sentía contento y realizado ya que si fuese su último álbum, cumplía con todas sus expectativas. En el fondo sentía que podía morir tranquilo luego de su publicación. Quién imaginaria que esas palabras resultarían ser proféticas luego de sus accidente cerebrovascular en mayo de 2010 y posterior deceso el 4 de septiembre de 2014.

El álbum pareciera ser un resumen de toda la carrera del artista en lo sonoro. Hay un pedacito en cada canción que recuerda sus años previos. Quizá por eso sentía que era su obra cumbre. Canciones como Magia dan cuenta de esa incasable búsqueda de nuevas sonoridades y es qué ¿cuántos instrumentos podemos identificar en esa canción? Cactus, en una parada más acústica y reflexiva da cuenta de sus experiencias vinculadas con plantas enteógenas en sus pasos por México. Y Convoy, con esa voz como sacada de un sueño que recuerda a clásicos como #9 dream de John Lennon, es verdaderamente un viaje por las estrellas en lo sonoro y lírico.

Gustavo Cerati logró en el espacio un poco más de un cuarto de siglo cambiar el mapa sonoro de todo un continente. Su música sigue influenciando a muchos nuevos artistas y músicos que quizá inspirados luego de verlo en el MTV Unplugged se decidieron a colgarse la guitarra y comenzar una banda. Las sonoridades de este artista y su experimentación lo ubican entre los más grandes del rock mundial.

Yo siempre he dicho que si Cerati hubiese nacido en Inglaterra o EE.UU tendría un lugar reservado entre los más grandes de la música a nivel mundial, ahí al ladito de Hendrix, Cobain o Bowie. Sin embargo, nació en Sudamérica, en Argentina, y eso no lo hace menos importante, es mas, lo hace más especial, pues sentimos como propio su legado y la ruta que nos marcó a seguir, quizá sin proponérselo, pero eso hacen los grandes, marcan las épocas e influyen en los pueblos con su talento, sin quizá muchas veces buscarlo ni planearlo de antemano.

Gustavo Cerati, sobre todas las cosas, fue un arquitecto del sonido. He ahí su gran legado, como marcara otro grande, Charly García. Hizo del sonido su especialidad y en ello desplegó su infinita capacidad de hacernos viajar al escuchar sus canciones, como el mismo cantara, sin movernos de aquí.

Sea donde sea que este, de seguro sigue creando sonidos que alguna vez bajaran a los oídos de los atentos, es cosa de esperar, tal vez, como cantara en Puente: un día más.

Por Pablo Mirlo

Publicado en Revista Pluma Roja Junio 2016

Para más, visite revistaplumaroja.wordpress.com

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Héroes del Rock n°5 – Roger Waters/Pink Floyd

¿Qué otra cosa podría agregar yo –simple fanático– de la obra de Pink Floyd, y de lo hecho en particular por Roger Waters, que no se haya dicho? Pues no creo que mucho. Sin embargo, para eso es ésta sección, para destacar de forma subjetiva los héroes del rock que más han marcado mi vida, e intentar a la vez, demostrar que todos tenemos la capacidad de desarrollar algún tipo de vínculo especial con los artistas que admiramos. Y ver también que, pese a las distancias, la música nos une y nos moldea.

El descubrimiento de la obra de Pink Floyd para mí llegó de manera fortuita y hace muy poco. Fue en una madrugada de mayo, cuando sin proponérmelo sintonicé una radio on-line chilena llamada Sonar FM –radio dedicada al rock–. Pues mientras escuchaba las canciones que pasaban en esta radio, de repente, tocaron una canción que por alguna extraña razón me sonó familiar, pese a que nunca la había escuchado en esta versión (que era la original). La canción en cuestión era Goodbye Blue Sky. Sin embargo, en ese momento solo recordé haberla escuchado antes, mas no el cómo ni dónde, ni mucho menos el nombre de la misma.

Tras luchar unos minutos por recordar de dónde la había escuchado, lo logré. Efectivamente, la conocía. Fue por allá por el año 2003, en una versión en vivo de la banda System of a Down que la escuché por primera vez, pero en ese momento no sabía que era de Pink Floyd.

Una vez resuelto el misterio de la canción, ahora, faltaba descubrir el nombre de ella. Eso me tomaría un par de semanas más. Sin embargo, sería en ese tiempo que terminaría por hacerme conocedor de toda la discografía de la banda, y en definitiva, nacería mi admiración por su obra.

Ahora bien: ¿Por qué pasaron de ser una simple banda para convertirse en mis héroes del rock?

La respuesta yace en su historia misma. Sus distintas etapas y las piezas musicales inmortales que han dejado en más de 4 décadas.

Para comenzar, explicaré que mi aterrizaje en la obra discográfica de Pink Floyd parte con el inmortal álbum The Dark Side of the Moon (1973).

El lado oscuro de la luna
En la decisión que tomé de escuchar tal álbum también jugó un rol importante la radio Sonar FM, pues fue en una noche cualquiera, cuando tocaron la canción Comfortably Numb, que decidí escuchar más de los ingleses. Claro, esa canción no pertenecía al The Dark Side of the Moon, pero sí me animó a darle una oportunidad a esta banda de la cual había escuchado tanto hablar, pero que a la vez, nunca le había puesto real atención.

Y bueno, pensé: ¿Qué mejor manera de empezar el viaje de exploración por la discografía de la banda que escuchando ese álbum histórico?

Recuerdo que ese álbum lo escuché con audífonos, en la madrugada, antes de dormir. Cerré los ojos y dejé mi alma viajar en los acordes, teclados, y música del álbum. Fue sencillamente genial. Recuerdo que lo primero que pensé luego de escucharlo fue: “¡Todos tienen que escuchar esto!”

Claro, ahora que lo pienso, lo más probable es que yo haya sido uno de los últimos en sumarme a esta experiencia, y pedirle al resto que hiciera lo mismo era simplemente una petición absurda. Sin embargo, así como para mí todo esto era algo nuevo: ¿por qué no lo iba a ser para algún otro, que como yo, también se hubiese privado de esta obra por tantos años y recién ahora la descubriera?

Ahora bien, a los que lean esto, si es que no lo han escuchado de manera atenta, no solo como música de fondo sino que con real intención, los invito a escucharlo y sentirlo. Y si bien pienso que, así como los libros, la música, o determinados álbumes, cada uno tiene un tiempo señalado para cada persona y momento, lo más probable es que para alguien por ahí, estas palabras enciendan la llama de ese momento, así que no duden en darle una oportunidad.

Ahora bien, esto no termina aquí. Luego de escuchar el The Dark Side of the Moon escuché toda su discografía, investigué su historia, vi documentales, vi conciertos y de a poco me fui concentrando en la figura de Roger Waters, bajista de la banda.

Roger Waters
Roger Waters pertenece a la formación original de la banda, cuando eran cinco músicos y estaban liderados por Syd Barrett, vocalista y compositor principal de la banda entre los años 1967 y 1968. Bueno, tras la salida de Syd Barrett de la banda, por el excesivo abuso de drogas y su inestabilidad emocional, la banda pasó a ser liderada por Waters. Fue en este momento de incertidumbre que se sumaría a la banda el guitarrista David Gilmour, con quien la banda lograría su periodo de mayor apogeo en cuanto a popularidad mundial y creatividad (1973-1979).

Fue entre estos años que lanzaron sus álbumes más representativos: The Dark Side of the Moon (1973), Wish You Were Here (1975), and The Wall (1979).

Ahora bien, la salida –expulsión– del fundador de la banda, Syd Barrett, seguiría clavada como una espina en toda la obra de Pink Floyd, pues pese a ser considerada necesaria para los fines de desarrollo de la banda, la falta del alma compositora de la banda hizo que “perdieran” el rumbo en cuánto al cómo componer canciones, mas, obra de los “dioses” de la música –si es que existen– este navegar sin rumbo hizo que la banda se tornará a la experimentación y lograrán ser lo que sin pensarlo se convertirían: los padres del rock progresivo.

Y es que claro, el hecho de no “saber” componer canciones como todo el mundo las hacía en ese entonces –por ejemplo: estrofa, coro, estrofa, solo de algún instrumento, estrofa– significó el nacimiento de piezas maravillosas. Como por ejemplo: Echoes, del álbum Meddle. Una canción que bajo ninguna circunstancia sería considera un single en estos tiempos “modernos” con sus 23 minutos 32 segundos de duración -extensión que asustaría a cualquiera-. Mas nuevamente desafío a los lectores a darle una oportunidad, en una de esas se llevan una agradable sorpresa con esta pieza, que para mí gusto, es simplemente alucinante.

Sin embargo, una de las cosas que me hace admirar profundamente a la banda en el periodo comandado por Waters, son las constantes referencias a su antiguo amigo y líder: Syd Barret.

Se podría decir que el álbum Wish You Were Here es una obra casi completa dedicada a su buen amigo. Y es que pese a haberlo sacado de la banda, en el fondo, siempre lo quisieron y admiraron profundamente. Para eso basta escuchar Shine On You Crazy Diamond . La preciosa canción que abre el disco de 1975 contiene versos tales como:

“¿Recuerdas cuándo eras joven?
Que brillabas como el sol.
Resplandece tú, loco diamante.
Ahora hay algo en tu mirada, como negros agujeros en el cielo
Resplandece tú, loco diamante.
Quedaste atrapado entre en el fuego cruzado de la niñez y el estrellato, llevado por una brisa de acero.
… vamos tú extraño, leyenda, mártir. ¡Brilla!”

Y así, sucesivamente, las referencias a Syd cada vez se hacen más patentes en la obra de Pink Floyd y su buen amigo y admirador Roger Waters. Como por ejemplo, en la inmortal pieza Comfortably Numb, del álbum The Wall. Pese a que la obra entera hace referencia a muchas cosas, y en realidad, es una fuerte crítica al sistema en su conjunto, es en esta canción que las referencias más potentes a su viejo amigo son claramente visibles y al estado en que el que había quedado tras el excesivo abuso de drogas.

Y por último, cómo no mencionar a la pieza que da nombre al álbum de 1975: Wish You Were Here.

Para eso basta leer los siguientes versos:

“Cómo desearía que estuvieras aquí.
Solo somos dos almas perdidas nadando en una pecera, año tras año,
corriendo por el mismo viejo lugar.
¿Y qué hemos descubierto?
Los mismos viejos miedos.
Quisiera que estuvieras acá”.

Esta canción adquirió un nuevo significado cuando la banda decidió hacer su primera aparición pública con la formación post Syd Barrett, luego de casi 20 años, en el Live 8 de Londres del año 2005. Para ese entonces las dos almas que habían estado nadando para terminar chocando con los mismos miedos eran las de los distanciados Gilmour y Waters. Hermoso reencuentro.

Es por eso que para mí Pink Floyd son mis héroes del rock, porque lejos de los clichés de la banda rock rimbombante conocida que posa para las revistas y siempre hacen y dicen lo correcto, ellos se dedicaban a hacer lo que mejor sabían: música para todos los sentidos y decir lo que pensaban. Y no solo eso, sino que nunca olvidaron a su viejo amigo Syd Barrett. En definitiva, la historia de la banda es la historia de una amistad profunda.

En cuanto a la figura de Waters, yo la destaco de sobre la del resto, pues la monumentalidad de su visión y obra The Wall le reservó para siempre un espacio en el olimpo no solo de la música, sino que de la historia del arte en el mundo, por su agudeza, fineza, crueldad y ante todo, honestidad.

Cuando dejó la banda a mediados de los ochenta jamás Pink Floyd tuvo nuevamente la visión oscura, sarcástica y furiosa del mundo tan magistralmente retratada por Waters.

Es por todo esto, y por el legado a la historia de la música que nos han dejado, que Roger Waters y Pink Floyd son mis héroes del rock.

Si los escucha con atención no se arrepentirá, haga la prueba.


Héroes del rock N°4: John Lennon

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“Ser libre como un pájaro, es mi próxima gran meta”.

Era un clásico domingo nublado de mayo, encendí la radio y me puse a escuchar lo que sería, en definitiva, mi despegue final hacia un mundo de creatividad que todavía no me deja de sorprender. Mi héroe del rock hoy es: John Lennon.

Era el año 2003, y por ese entonces, daban en mi radio favorita de esos días (hoy ya no) la Rock & Pop de Chile, un programa que duraba 3 horas. En este programa, llamado sobredosis, solo se escuchaba música de una determinada banda durante ese lapso. Y bueno, como en ese tiempo escuchaba casi todo lo que tocaba esa radio, ese día también la escuché, pese a mis prejuicios.

Y es que ese día tocaban The Beatles, y bueno, para un adolescente como yo que en esos días escuchaba cosas más contemporaneas como: Korn, Deftones, Rage Against the Machine, entre otros, escuchar a cuatro tipos que meneaban sus melenas vestidos de trajes hechos a la medida no era precisamente algo que me identificara. Sin embargo, ese día decidí escucharlos y descubrir por qué eran taaaaan admirados.

Pues bien, no bien entradas las casi primeras 2 horas de programa seguía sin sorprenderme, aunque debo reconocer que no me había aburrido con su música como lo pensaba inicialmente, sin embargo, no fue sino hasta que tocaron Tomorrow Never Knows que mis oidos cedieron; ese fue el minuto de mi conversión. Y es que el sonido repetitivo de esa canción, un verdadero experimento y un desafio para los estándares de la música en esos días, cobraba una nueva víctima, y junto con eso, comenzaba mi viaje de descubrimiento por la obra de Lennon y los muchachos de Liverpool.

Lo notable de esta canción era lo siguiente: estaba compuesta sobre una sola nota, y bueno, otra infinidad de detalles que se pueden apreciar mejor en la antología documentada The Beatles Antology, como por ejemplo que todas las secciones de sonidos añadidas y repetidas se hicieron practicamente a mano, cortando y pegando trozos de cinta magnética. Eso con respecto a lo músical. Ahora, en cuanto a la letra, era un verdadero viaje guiado hacia la muerte. Y es que por esos días Lennon estaba metido en la lectura del Libro Tibetano de los muertos.

Aquellos que trabajaron en la grabación de la canción confesaron que John Lennon quería que su voz sonara como la del Dalai Lama hablando desde las montañas, con efecos de eco y todo. Y el resultado es notable, sonidos distintos y novedosos para la época dan como resultado una verdadera joya de la experimentación y el rock de los años 60.

Luego, ese día, tocaron otra canción que me pareció genial: I´m only sleeping.

La pieza quizás no parezca muy espectacular, sin embargo, por una extraña razón me pareció genial la línea del bajo en la canción. Es una canción que no me canso de escuchar.

Ahora bien, cuando se dice que The Beatles prácticamente inventaron la música moderna no se exagera y en esta canción queda comprobado, pues se agregaron efectos de guitarra en reversa, algo que en la actualidad es muy fácil de hacer con los pedales de efectos adecuados, sin embargo, en ese entonces era toda una novedad.

Pues bien, me bastaron esas dos canciones para sumergirme por completo en el universo Beatle, y más que nada en el mundo Lennon, pues no solo me gustaron esas dos canciones, sino que en definitiva, pese a que a la mayoría de las canciones de The Beatles aparecen firmadas como creaciones de Lennon/McCartney, son en definitiva las canciones que tienen el sello Lennon las que terminaron por convencerme de admirar a The Beatles como un todo.

Mención aparte al gran George Harrison, creador de dos joyas también: Somenthing  y While My Guitar Gently Weeps.

Mas como aquí estoy hablando de Lennon les dejo algunos ejemplos de la creatividad de Lennon en The Beatles, tanto en lo musical como en lo escrito.

Strawberry Fields Forever, Lucy in the Sky with Diamonds, Help!, Please, Please Me. You´ve Got to Hide Your Love Away, Norwegian Wood (This Bird Has Flown), In My Life, I Am The Walrus y por último, pero no por ello menos importanta, A Day In The Life.

No sé si habrá otra canción que me emocione tanto como A Day In The Life. La canción que da cierre al álbum Sgt Peppers Lonely Hearts Club Band es de verdad una pieza maestra de John Lennon, complementada por Paul.

Pues bien, como imaginarán, escuché toda la discografía de The Beatles, y al final terminé por admirarlos. Sin embargo, mi descubrimiento de la obra de Lennon estaba lejos de terminar.

Y es que es, en definitiva, el activismo y su lucha por la paz es lo que convierten a Lennon en más que un artista.

Una vez confirmada la disolusión de la banda a finales de los 60 Lennon arremete con un tremendo album homónimo de su nueva banda, o más bien, Lennon y otras más: The Plastic Ono Band.

El álbum nos muestra un Lennon más desprotegido, ya no canta solo de amor y lo que la gente quiere escuchar, pues ahora se dedica a hablar de sus fracazos, carencias y crudas vivencias, mientras que va destruyendo al mundo maravilloso que muchas veces nos pintan cuando aun somos niños. Un claro ejemplo de ello es: Working Class Hero.

Quizás por mucho tiempo se ha tendido a mirar en menos el trabajo solista de Lennon, es muy probable que esto se deba a su resistida unión con Yoko Ono, pero ¡hey!, si el hombre estaba enamorado ¿que podía hacer el resto? Nada, simplemente dejar al hombre y su mujer tranquilo, sin embargo no fue así, y fueron constamente acosados, y su obra post-beatles fue minimizada por sus viejos fanáticos.

Sin embargo, para responder, Lennon tenía la música como arma, y tal como años antes cantará canciones impuestas como Twist and Shout, ahora por el contrario, cantaba lo quería y retraba de manera sarcástica su situación actual cono Yoko en la canción The Ballad of John and Yoko. (canción grabada cuando todavía era un Beatle).

La obra solista de Lennon estaba lejos de ser una mera sombra de lo que fue su banda anterior y fue así que emergieron verdaremos himnos para la lucha de los oprimidos y la resistencia como lo fueron:
Give Peace a Chance, y obviamente, Imagine.

Avanza la década del setenta y Lennon se embarca en la lucha por la paz. Muchos lo trataron de hippie, de loco, de tener complejos mesiánicos, sin embargo, no se puede desconocer la intención de querer cambiar el mundo, ya fuere protestando desde la cama (medida que proximamente explicaré por qué me parece genial) o también, marchando en las calles de New York.

La vieja estrella de rock de los sesenta, admirador adolescente de Elvis Presley, de repente se torna hacia las luchas sociales, por las libertades, y por ende, se vuelve peligroso para el imperio. Se le intentó expulsar de Estados Unidos, se intervino su telefono, fue perseguido, fue acosado y finalmente asesinado… ¿por un fanático? Algunos sostienen que su asesino fue manipulado por un programa de control mental del gobierno yanqui, MK Ultra.

Sea como sea, su música sigue viva, y quizás esa es la gracia de hacer arte, y en definitiva, la única forma de conseguir pasajes a la eternidad terrenal, crear obras que trasciendan el tiempo, las décadas y las vidas.

Por su increible talento, por haber aparecido en toda su magnitud, no solo como músico, sino que como ciudadano del mundo a partir de los 70, por su compromiso por la paz mundial y por déjarnos tanta buena música, John Lennon es otro de mis héroes del rock.

Como siempre, recomiendo unos documentales:

Los Estados Unidos contra John Lennon, retrata la persecución del imperio contra la figura pacifista de Lennon. Nota: Este documental en realidad es más largo, esta es solo una versión adaptada para la tv.

La siguiente es una de las primeras presentaciones de Lennon sin The Beatles:


Héroes del Rock N°3: Gustavo Cerati

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No tenía previsto escribir tan pronto una entrada con otro de mis héroes del rock, sin embargo, las circunstancias recientes ameritan que dedique unas palabras al gran Gustavo Adrián Cerati.

Y es que aquel que por estos lados del cono sur niegue haber conocido o haber escuchado alguna canción de Gustavo, ya fuere en su rol solista o en su época de Soda Stereo, yo creo que lisa y llanamente miente.

En lo personal, mi acercamiento hacia su obra llegó por osmosis. Mi hermano mayor es un gran fanático de Soda Stereo, de modo que, desde que tengo uso de razón, escuchaba la música brotando a través de las paredes de la habitación de su dormitorio, la cual estaba al lado de la mía, cuando vivíamos juntos, ¡pues lo escuchaba a todo volumen!

De modo que gracias a él entré en este Sueño Stereo de canciones como Hombre al agua, De música ligera y Te hacen falta vitaminas del que ya no despertaré.

Recuerdo que cuando era niño no me gustaba esa música, ni ese sonido ochentero en el que las baterías sonaban como golpes de látigo, por eso, sentía cierta aversión hacia lo que se conocía como rock latino. Para mí Soda Stereo era eso, sonido ochentero. Sin embargo, haciendo memoria, debo reconocer que a mis 8 años de edad, cuando Soda Stero lanza el sencillo Ella uso mi cabeza como un revolver, ese absolutismo que tienes los niños carentes de matices, me llevó a sentir un gran gusto por esa canción, pese a mis prejuicios. Al parecer, no era Soda el problema, eran ciertos sonidos, y ante este nuevo sonido, no le quedó otra cosa que hacer a mis oídos que sucumbir. Quizás, en ese entonces, no entendía la letra, ni las metáforas, pero el sonido de la canción, los arreglos, los violines y ese verso que siempre me ha parecido genial: “era una piedra en el agua, seca por dentro. Así se siente la verdad cuando es la palabra sometida” lo encontraba notable. También ese otro verso: “fui tan dócil como un guante, tan sincero como pude” lo encuentro brillante. Era como el grito de aquel que todo lo hizo, y que al final, de nada sirvió. Eran mis primeros pasos en el universo musical de Cerati.

Sin embargo, pese a mi gusto infantil por esa canción, mis gustos por Soda Stero y la obra de Cerati se pavimentarían recién el 2001 cuando un amigo me prestara una copia del disco Canción Animal (1990).

El día que escuche ese disco, 11 años después de su lanzamiento, me di cuenta que mis objeciones iniciales a la música “ochentera” de Soda Stereo estaban erradas, y que estos tipos podían hacer mucho más que “rock latino”.

El disco es una obra honesta, simple, y directa. No tiene muchos arreglos musicales. Se destaca el virtuosismo de Cerati en Un millón de años luz, (porque paréntesis aparte hay que destacar que el tipo no solo sabía cantar, escribir y componer, eran un tremendo y virtuoso guitarrista), conmueve en momentos con Té para tres e invita a la fantasía –como ya lo hiciera años antes con Persiana Americana– en Entre caníbales.

A partir de allí comenzaría mi búsqueda de más de este sonido. Mi siguiente adquisición fue el DVD El último concierto, cuyo registro graba la última presentación de la banda, antes de un receso de 10 años, el año 1997 en Buenos Aires, Argentina.

Mi admiración por la obra de Gustavo para ese entonces ya estaba establecida. Me conseguí toda la discografía de Soda Stereo. Me maravillé con la majestuosidad de su obra Confort y música para volar, disco, que en lo personal pienso, debe ser uno de los mejores álbumes de un grupo de rock en español grabados en vivo, es simplemente alucinante la atmosfera creada, y la increíble y casi ilimitada capacidad del músico argentino mostrada en esta presentación de re versionar su propia obra, como la hace en la extensa versión de La ciudad de la furia.

Aluciné con su disco Dinamo (1992) y quedé encantado con el broche de oro con el que cerraron su carrera como banda con Sueño Stereo (1995), la psicodelia y la experimentación terminaron pintando una obra musical que trasciende el tiempo-espacio.

Mi acercamiento a su obra como solista

Transcurría el año 2006, y de repente, una canción en la radio de Gustavo Cerati atrapó mis oídos, se trataba de La excepción. Inmediatamente me sumergí en la tarea de averiguar de qué se trataba esto, de qué disco salió, cuándo, etc. Descubrí que se trataba de su más reciente álbum solista Ahí vamos (2006) y pues, a partir de allí inicié una investigación musical parecida a la que había iniciado un par de años antes en la discografía de Soda Stereo, salvo que esta vez sería para escudriñar su obra como solista.

Para desgracia –en un comienzo sí– no encontré más canciones del tipo La excepción en su repertorio previo. Me encontré con arreglos de computadora, sonidos más bien pop, algo electrónicos, pero nada del rock más ortodoxo, si se le puede llamar de alguna manera. De manera que me sentí algo decepcionado. Sin embargo, cuando comencé a recorrer su obra desde el crudo Amor amarillo (1993) fueron apareciendo joyas que me encantaron: Te llevo para que me lleves, Pulsar, Bajan (cover de Luis Alberto Spinetta). De Bocanada (1999) aluciné con Puente, Engaña, Tabú, Bocanada y Paseo inmoral. Luego vino uno de esos álbumes que aparecen como una necesidad casi biológica de vomitar todo lo que sientes cuando vas saliendo de una crisis, en este caso amorosa, Siempre es hoy (2001) pues es una declaración: No importa lo que pase mañana, no importa lo que pasó ayer, lo único que importa, y lo único que tienes es el hoy.

De los sonidos eléctricos, y casi bailables de este álbum, a mi gusto destacan todos, sin embargo, párrafo aparte merece Vivo.

Esta canción, como si hubiese sido arrancada de entre los sueños más melancólicos de David Gilmour brilla con luces propias en un disco dedicado al olvido y a dar vuelta la página de esas relaciones que no ya no dan, o no dieron para más.

Luego llegó el Ahí Vamos (2006), disco que me gusta de principio a fin, cuyo símbolo quizás más representativo fue Crimen, una preciosa canción que aborda el fin de las relaciones desde una mirada policial. Pues como dijera una vez Cerati, cuando se terminan las relaciones de pareja siempre hay un manto de duda, en el entorno más cercano de los afectados, con respecto a qué realmente los separó, lo cual, tras no haber respuestas claras de lo sucedido se convierte, al igual que los misterios de las páginas policiales, en otro crimen más sin resolver. El álbum sigue quizás recogiendo reminiscencias de sus quiebres amorosos, dejándonos otras joyas como por ejemplo: Adiós. Siempre me pareció genial la línea en esta canción que dice: “Pones canciones tristes para sentirte mejor” y obviamente esta otra: “… No es soberbia, es amor. Poder decir adiós, es crecer”.

Y, pues, finalmente llegamos a Fuerza Natural (2009). El álbum no fue muy bien aceptado por los críticos, sin embargo, Cerati jamás escribió para los críticos, de otra manera jamás hubiera iniciado un proyecto solista tan exitoso como lo fue en su momento Soda Stereo.

El álbum muestra a un Gustavo pleno que canta en Fuerza natural: “Puedo equivocarme, tengo todo por delante, y nunca me sentí tan bien”. Y el álbum entero lo muestra así, letras positivas, surrealistas, y sonidos tan variados que parecieran ser el resumen de toda una carrera en un solo trabajo, lo cual, resultó ser así.

En el último concierto, de su última gira promocional, de su último álbum, Gustavo Adrián Cerati cae en coma debido a un infarto cerebral que lo manda a dormir en Caracas desde el 2010, hasta ayer, 4 de septiembre del 2014 en Buenos Aires, donde finalmente fallece luego de una larga espera por despertar.

Por su música, por haber estado haciéndola contra viento y marea, como un melómano de aquellos. Por ser el padre del rock latino, por haber influenciado a tantos músicos a lo largo de Latinoamérica, y más que todo, por ser un buen tipo.

Gustavo Cerati, es otro de mis Héroes del Rock.

La partida de Gustavo, es casi la partida de un hermano más, un hermano en lo musical. Donde sea que esté, se debe estar armando una buena fiesta con otros próceres de los rock ya idos de esta existencia terrenal.

Donde sea que vayas, donde sea que estés, te deseo un feliz Sueño Stereo Gustavo.

Como siempre les dejo algunas recomendaciones. El siguiente es el set completo que Gustavo Cerati estaba presentando en su última gira. Esto fue grabado en Monterrey, México.

Y les dejo el video de su última gira junto a Soda Stereo el 2007:

Por Pablo Mirlo


Héroes del Rock N°1: Kurt Cobain/Nirvana

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Muchos adolescentes actuales miran con desdén la obra de Kurt Cobain y compañía en Nirvana. Sin embargo, la banda originaria del noroeste estadounidense supo ganarse un espacio en la escena musical de Estados Unidos y el mundo, la cual, a comienzos de los 90, se encontraba dominada principalmente por figuras como Michael Jackson y otros artistas similares.

Y es que la gracia de la banda yace no solo en el hecho de haber destronado a Michael Jackson de los primeros puestos de los rankings radiales, sino que también, en el hecho de haber entregado una razón de lucha a los jóvenes: atacar el modelo estático de las cosas.

Y es que de la noche a la mañana, miles de jóvenes que caminaban sin rumbo fijo; que veían mudos al mundo ponerse un indecoroso traje de baño para lanzarse sin miedo a la piscina del capitalismo. Miles de jóvenes que presenciaban en sus televisores el espectáculo de la guerra, en vivo y en directo, como si se tratase de una película, cuando las primeras bombas iluminaron el cielo de Bagdag. Esos mismos jóvenes, encontraban por primera vez en años, en los desgarrados y acelerados alaridos de Cobain, una buena razón para no hacer lo que todos esperaban de ellos: ser obedientes y ordenados. Todo esto en un mundo, cuyos gobernantes y líderes, hacían prácticamente todo lo contrario.

El éxito de Nirvana es el triunfo de los “perdedores” de siempre.

Lo que logró transmitir Cobain al resto es lo verdaderamente notable. Y es que cuando alguien consigue tal sintonía con la gente, es simplemente porque ellos se ven reflejados en esa figura, no porque la figura en sí les haya exigido seguirle como discípulos. El triunfo de Nirvana fue traer caos a país temeroso de los movimientos sociales y de las revoluciones juveniles como lo es EE.UU.

En lo musical, Nirvana logró en escasos 3 años de masividad conquistar el mundo. Fue entre los años 91 y comienzos de 94 que lograron algo impensado para unos jóvenes de un remoto lugar como Aberdeen, en el estado de Washington, tener prácticamente al planeta a sus pies. Bastó que se lanzara el single Smells Like Teen Spirt del álbum Nevermind (1991) –su segundo álbum– para que la juventud se plegara en masa a este grito de cansancio, hartazgo, y desinterés de Kurt, cuyas palabras eran simplemente lo que todos pensaban pero que, hasta ese momento, nadie había dicho: “estamos aburridos de todo esto”.

Sin embargo, Cobain rápidamente se dio cuenta que el éxito arrollador de su música no lo era todo, y pese a ser visto como la voz de una generación, actuaba como si nada, con la ironía y sarcasmo habitual de alguien que toda su vida había sido parte de los “perdedores” de la escuela, los apocados, y los discriminados; y que pese a tener todos los ojos encima, simplemente elegía actuar como siempre, sin lujos, con pantalones rotos, y las mismas ropas de antes de la fama.

El año 94, un 5 de abril se acalló su voz. La verdad “oficial” dice que se suicidó. Mas yo me considero parte de los que creen que fue asesinado.

No tuve el agrado de disfrutar del fenómeno Nirvana en su apogeo –ni siquiera cumplía 4 años de edad todavía cuando la juventud se rendía a sus pies– sin embargo, el año 2000 me encontré su música en cintas de cassette, y de a poco me fui metiendo en ese mundo histérico y honesto de sus letras y canciones, cuyas rimas y riffs son una constante fuente de inspiración para mí.

Por su honestidad, por remecer a toda una generación, por salir de la clase obrera, por inspirar a tantos como yo a tomar la guitarra, y poner al servicio de cualquiera el sueño de hacer rock desde un garaje, dormitorio, o casa, sin importar que sepas nada de música, mientras tengas las ganas, para mí, Kurt Cobain y Nirvana, son mis Héroes del Rock.

Si quiere conocer a Kurt Cobain en sus propias palabras nada más recomendable que el siguiente documental:

Kurt Cobain About a Son:

Si quiere ver el fenómeno de Nirvana en pleno apogeo se recomienda el documental Nirvana Live! Tonight! Sold Out!:

Y si quiere ver a Nirvana en acción, se recomienda el concierto que realizaron en el teatro Paramount de Seattle, WA, Estados Unidos.


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