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La muralla de todos

Tengo una predilección especial por aquellos que no cantan a la alegría. Por aquellos que ven el mundo desde las grietas. Por aquellos que observan el espectro completo de los colores de los que se compone la existencia y no solo los colores cálidos. Tal es el caso de Roger Waters (bajista y compositor de Pink Floyd).

Cuando Pink Floyd –la banda que en sus inicios solo era conocida en los circuitos reducidos de la música y los bares londinenses– se convirtió en un fenómeno de ventas a nivel mundial, no significó para nada que la vida les estuviese sonriendo, ni que el navegar por las aguas del éxito les significará sanar todas las heridas del pasado y presente. Todo lo contrario, las exigencias de la industria, y la alienación que significaba vivir en el estrellato, les significaron y, de manera especial para Roger Waters, el hundirse en un mar de dudas, oscuridad, desesperanza y rabia.

Roger Waters
La vida de Waters no estaba marcada precisamente por lo que muchos llaman éxito. Su padre y abuelo les fueron arrebatados en plenas guerras mundiales (1 y 2 respectivamente). Como buen observador, Waters se percató de las injusticias, dolores y complejos que siembran en el sistema educativo. Y, además, sufrió la pérdida de un amigo en la figura de Syd Barret cuando este, sumido en la experimentación descontrolada con LSD, ya no era dueño de sí mismo –razón que le costó la salida de Pink Floyd–.

Pink Floyd
La vida y “éxito” de Pink Floyd tampoco era de lo mejor. Luego del multi-ventas The Dark Side of the Moon (1973), Waters tuvo que enfrentarse a la maquinaria devastadora de la industria musical que todo lo mercantiliza. Sus respuestas críticas a esta forma de hacer negocios quedaron registrados en los álbumes Wish You Were Here (1975) y Animals (1977), ambos testamentos de la disociación del ser humano y su parte humana, esta última, cada vez más cerca de las características de una máquina que la esencia propia de un ser vivo.
Sin embargo, pese a este descubrir de la maquinaria que todo lo consume, y plasmar esa idea en su trabajo, ni siquiera eso era algo que era percibido o comprendido por sus contemporáneos. La calma y la alegría, le seguía siendo esquiva.

Animals, la crítica, y el dinero
La publicación de Animals (1977) no fue muy bien recibida por fanáticos y críticos. La crítica arreciaba sobre sus últimos trabajos. Y aquellos que habían llegado hipnotizados por The Dark Side of the Moon, ya no disfrutaban del “nuevo” Pink Floyd. Además, la banda estaba sumida en unos líos legales que no la dejarían en muy buen pie económico. Las cosas no iban bien… No había dinero, ni apoyo.

Surge The Wall
Fue en este contexto que una idea comenzó a madurar en la mente de Waters. La idea de un álbum, película y gira. Una obra gigantesca y novedosa que constaría de estas tres partes, en las cuales expondría de manera abierta sus temores, miedos y visión apocalíptica de la sociedad como nunca antes y, de paso, resolvería los problemas económicos en los que estaba sumido junto a sus compañeros.

The Wall (muchísimo más que un álbum)
El resultado de esta idea salió a la luz en 1979, se llamó The Wall, eran un álbum doble, y que pretendía ser promocionado a nivel mundial con una gran gira (gira que no pudo realizarse en su totalidad por lo costoso del proyecto). La producción y composición corrió por casi completa cuenta de Roger. Y su logró máximo (en lo comercial) fue conseguido con el single Another Brick In the Wall, Pt 2.

Sin embargo, pese al éxito del álbum, es con la película de 1982, dirigida por Alan Parker, que la obra empieza a alcanzar niveles de hazaña épica, pues ya no es solo el contenido denso, y sonoro del álbum lanzado en 1979 el que lleva al oyente a un mundo a punto de rebalsarse de tanta injusticias y dolor, ahora, es la película la que permite visualizar ese mundo a través de las animaciones y actuaciones allí magistralmente presentadas.

La película
La película muestra la historia de Pink, un músico que a través de su vida es sometido a todo tipo de humillaciones, todas las cuales lo terminan obligando a construir una muralla para esconderse y refugiarse de todos. Pink, cuando niño perdió a su padre en el medio de una guerra sin sentido. Su madre lo sobreprotegió. En la escuela fue opacado por ser poeta. Su mujer lo dejó por otro hombre. Y por último, las drogas lo consumen, como el fuego al cigarrillo.

El resultado de todo esto es la muerte del hombre y el surgimiento de un personaje de características fascistas que termina sometiendo a todos a su alrededor, discriminando a lo diferente y aplastando a aquellos que piensan distinto.

La película en sí, tuvo una buena recepción entre los más fanáticos en esos momentos, sin embargo, nadie podía imaginar el nivel de alcance y vigencia que The Wall alcanzaría con el paso del tiempo. Y es que ¿Acaso se han dejado de pelar guerras? ¿Se ha dejado de explotar al hombre? ¿Se ha dejado de condicionar el desarrollo la de las habilidades de los niños en las escuelas? Lamentablemente, no. La visión desesperanzadora de The Wall sigue presente.

Admiración
¿Por qué admirar tanto la obra de Waters expresada magistralmente en The Wall?

Por lo siguiente:
Porque como si la realización de un álbum doble, la película, y una gira en los 80 no fuera suficiente, la mente incasable de Waters rescató la obra a comienzos de esta década, para el placer de todos los que la admiramos, y la convirtió en una gira y documental en la cual sigue expresando su sentir.

The Wall, el documental
Hace poco se estrenó el documental de la gira de The Wall realizada durante los años 2012 y 2013. Y bueno, uno no puede sino rendirse ante la magnificencia de la obra que aborda aún de manera más profunda lo planteado hace más de 35 años: Waters sigue luchando por cambiar el mundo.

Porque claro, todos ya intuíamos que la obra de The Wall, en realidad, era un trabajo autobiográfico más que una obra de un colectivo de músicos. La obra en sí era Waters (con algunas referencias a Barret, especialmente en la película) luchando contra la sociedad, los gobernantes y sus estúpidas guerras, la educación como sistema carcelario y la mercantilización de todo; el derrumbe de las relaciones humanas, la destrucción de la naturaleza y los más pobres. Pues bien, todo esto y más, queda registrado en el documental.

El viaje
Durante los 2 horas 12 minutos que dura el film, acompañamos a Waters en viaje que lo lleva de Inglaterra a Italia, más específicamente a la playa donde su padre cayó muerto en combate en la segunda guerra mundial. Durante el trayecto, también, Roger sostiene conversaciones con distintos amigos entorno a la guerra y sus experiencias. Todas conversaciones acompañadas de imágenes y música de los conciertos de la gira; elementos que aportan muchísimo en un viaje que se vuelve, a medida que pasan los minutos, cada vez más desolador. Todos estos detalles hacen sin duda, de esta obra, un documental que se hace indispensable para los amantes de la música y el arte como herramienta de combate.

Me deprimo y hago The Wall
Una de las cosas que más gusta de la obra de Roger Waters es su capacidad de canalizar sus frustraciones en cosas que trascienden lo personal. En la actualidad, mucha gente se deprime o sufre y su gran solución es ir y publicarlo en alguna red social. Waters, en cambio, agobiado por las deudas, la vida y la tragedia, va, se deprime, y sale con The Wall bajo el brazo. Si eso no es digno de admiración, no sé qué será.

The Wall, en definitiva, ilustra la muralla de todos. La muralla que debemos derribar para alcanzar una sociedad mejor, y la paz individual.

¡Larga vida a The Wall!

Por Pablo Mirlo

Publicado en Revista Pluma Roja Enero 2016

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Héroes del Rock n°5 – Roger Waters/Pink Floyd

¿Qué otra cosa podría agregar yo –simple fanático– de la obra de Pink Floyd, y de lo hecho en particular por Roger Waters, que no se haya dicho? Pues no creo que mucho. Sin embargo, para eso es ésta sección, para destacar de forma subjetiva los héroes del rock que más han marcado mi vida, e intentar a la vez, demostrar que todos tenemos la capacidad de desarrollar algún tipo de vínculo especial con los artistas que admiramos. Y ver también que, pese a las distancias, la música nos une y nos moldea.

El descubrimiento de la obra de Pink Floyd para mí llegó de manera fortuita y hace muy poco. Fue en una madrugada de mayo, cuando sin proponérmelo sintonicé una radio on-line chilena llamada Sonar FM –radio dedicada al rock–. Pues mientras escuchaba las canciones que pasaban en esta radio, de repente, tocaron una canción que por alguna extraña razón me sonó familiar, pese a que nunca la había escuchado en esta versión (que era la original). La canción en cuestión era Goodbye Blue Sky. Sin embargo, en ese momento solo recordé haberla escuchado antes, mas no el cómo ni dónde, ni mucho menos el nombre de la misma.

Tras luchar unos minutos por recordar de dónde la había escuchado, lo logré. Efectivamente, la conocía. Fue por allá por el año 2003, en una versión en vivo de la banda System of a Down que la escuché por primera vez, pero en ese momento no sabía que era de Pink Floyd.

Una vez resuelto el misterio de la canción, ahora, faltaba descubrir el nombre de ella. Eso me tomaría un par de semanas más. Sin embargo, sería en ese tiempo que terminaría por hacerme conocedor de toda la discografía de la banda, y en definitiva, nacería mi admiración por su obra.

Ahora bien: ¿Por qué pasaron de ser una simple banda para convertirse en mis héroes del rock?

La respuesta yace en su historia misma. Sus distintas etapas y las piezas musicales inmortales que han dejado en más de 4 décadas.

Para comenzar, explicaré que mi aterrizaje en la obra discográfica de Pink Floyd parte con el inmortal álbum The Dark Side of the Moon (1973).

El lado oscuro de la luna
En la decisión que tomé de escuchar tal álbum también jugó un rol importante la radio Sonar FM, pues fue en una noche cualquiera, cuando tocaron la canción Comfortably Numb, que decidí escuchar más de los ingleses. Claro, esa canción no pertenecía al The Dark Side of the Moon, pero sí me animó a darle una oportunidad a esta banda de la cual había escuchado tanto hablar, pero que a la vez, nunca le había puesto real atención.

Y bueno, pensé: ¿Qué mejor manera de empezar el viaje de exploración por la discografía de la banda que escuchando ese álbum histórico?

Recuerdo que ese álbum lo escuché con audífonos, en la madrugada, antes de dormir. Cerré los ojos y dejé mi alma viajar en los acordes, teclados, y música del álbum. Fue sencillamente genial. Recuerdo que lo primero que pensé luego de escucharlo fue: “¡Todos tienen que escuchar esto!”

Claro, ahora que lo pienso, lo más probable es que yo haya sido uno de los últimos en sumarme a esta experiencia, y pedirle al resto que hiciera lo mismo era simplemente una petición absurda. Sin embargo, así como para mí todo esto era algo nuevo: ¿por qué no lo iba a ser para algún otro, que como yo, también se hubiese privado de esta obra por tantos años y recién ahora la descubriera?

Ahora bien, a los que lean esto, si es que no lo han escuchado de manera atenta, no solo como música de fondo sino que con real intención, los invito a escucharlo y sentirlo. Y si bien pienso que, así como los libros, la música, o determinados álbumes, cada uno tiene un tiempo señalado para cada persona y momento, lo más probable es que para alguien por ahí, estas palabras enciendan la llama de ese momento, así que no duden en darle una oportunidad.

Ahora bien, esto no termina aquí. Luego de escuchar el The Dark Side of the Moon escuché toda su discografía, investigué su historia, vi documentales, vi conciertos y de a poco me fui concentrando en la figura de Roger Waters, bajista de la banda.

Roger Waters
Roger Waters pertenece a la formación original de la banda, cuando eran cinco músicos y estaban liderados por Syd Barrett, vocalista y compositor principal de la banda entre los años 1967 y 1968. Bueno, tras la salida de Syd Barrett de la banda, por el excesivo abuso de drogas y su inestabilidad emocional, la banda pasó a ser liderada por Waters. Fue en este momento de incertidumbre que se sumaría a la banda el guitarrista David Gilmour, con quien la banda lograría su periodo de mayor apogeo en cuanto a popularidad mundial y creatividad (1973-1979).

Fue entre estos años que lanzaron sus álbumes más representativos: The Dark Side of the Moon (1973), Wish You Were Here (1975), and The Wall (1979).

Ahora bien, la salida –expulsión– del fundador de la banda, Syd Barrett, seguiría clavada como una espina en toda la obra de Pink Floyd, pues pese a ser considerada necesaria para los fines de desarrollo de la banda, la falta del alma compositora de la banda hizo que “perdieran” el rumbo en cuánto al cómo componer canciones, mas, obra de los “dioses” de la música –si es que existen– este navegar sin rumbo hizo que la banda se tornará a la experimentación y lograrán ser lo que sin pensarlo se convertirían: los padres del rock progresivo.

Y es que claro, el hecho de no “saber” componer canciones como todo el mundo las hacía en ese entonces –por ejemplo: estrofa, coro, estrofa, solo de algún instrumento, estrofa– significó el nacimiento de piezas maravillosas. Como por ejemplo: Echoes, del álbum Meddle. Una canción que bajo ninguna circunstancia sería considera un single en estos tiempos “modernos” con sus 23 minutos 32 segundos de duración -extensión que asustaría a cualquiera-. Mas nuevamente desafío a los lectores a darle una oportunidad, en una de esas se llevan una agradable sorpresa con esta pieza, que para mí gusto, es simplemente alucinante.

Sin embargo, una de las cosas que me hace admirar profundamente a la banda en el periodo comandado por Waters, son las constantes referencias a su antiguo amigo y líder: Syd Barret.

Se podría decir que el álbum Wish You Were Here es una obra casi completa dedicada a su buen amigo. Y es que pese a haberlo sacado de la banda, en el fondo, siempre lo quisieron y admiraron profundamente. Para eso basta escuchar Shine On You Crazy Diamond . La preciosa canción que abre el disco de 1975 contiene versos tales como:

“¿Recuerdas cuándo eras joven?
Que brillabas como el sol.
Resplandece tú, loco diamante.
Ahora hay algo en tu mirada, como negros agujeros en el cielo
Resplandece tú, loco diamante.
Quedaste atrapado entre en el fuego cruzado de la niñez y el estrellato, llevado por una brisa de acero.
… vamos tú extraño, leyenda, mártir. ¡Brilla!”

Y así, sucesivamente, las referencias a Syd cada vez se hacen más patentes en la obra de Pink Floyd y su buen amigo y admirador Roger Waters. Como por ejemplo, en la inmortal pieza Comfortably Numb, del álbum The Wall. Pese a que la obra entera hace referencia a muchas cosas, y en realidad, es una fuerte crítica al sistema en su conjunto, es en esta canción que las referencias más potentes a su viejo amigo son claramente visibles y al estado en que el que había quedado tras el excesivo abuso de drogas.

Y por último, cómo no mencionar a la pieza que da nombre al álbum de 1975: Wish You Were Here.

Para eso basta leer los siguientes versos:

“Cómo desearía que estuvieras aquí.
Solo somos dos almas perdidas nadando en una pecera, año tras año,
corriendo por el mismo viejo lugar.
¿Y qué hemos descubierto?
Los mismos viejos miedos.
Quisiera que estuvieras acá”.

Esta canción adquirió un nuevo significado cuando la banda decidió hacer su primera aparición pública con la formación post Syd Barrett, luego de casi 20 años, en el Live 8 de Londres del año 2005. Para ese entonces las dos almas que habían estado nadando para terminar chocando con los mismos miedos eran las de los distanciados Gilmour y Waters. Hermoso reencuentro.

Es por eso que para mí Pink Floyd son mis héroes del rock, porque lejos de los clichés de la banda rock rimbombante conocida que posa para las revistas y siempre hacen y dicen lo correcto, ellos se dedicaban a hacer lo que mejor sabían: música para todos los sentidos y decir lo que pensaban. Y no solo eso, sino que nunca olvidaron a su viejo amigo Syd Barrett. En definitiva, la historia de la banda es la historia de una amistad profunda.

En cuanto a la figura de Waters, yo la destaco de sobre la del resto, pues la monumentalidad de su visión y obra The Wall le reservó para siempre un espacio en el olimpo no solo de la música, sino que de la historia del arte en el mundo, por su agudeza, fineza, crueldad y ante todo, honestidad.

Cuando dejó la banda a mediados de los ochenta jamás Pink Floyd tuvo nuevamente la visión oscura, sarcástica y furiosa del mundo tan magistralmente retratada por Waters.

Es por todo esto, y por el legado a la historia de la música que nos han dejado, que Roger Waters y Pink Floyd son mis héroes del rock.

Si los escucha con atención no se arrepentirá, haga la prueba.


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