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¿Llegó la independencia?

Los pueblos originarios de América Latina lo están pasando a mal. Si uno se da una vuelta por varios de los medios de comunicación autogestionados o no alineados con los grandes poderes económicos existentes en el continente, se dará cuenta que son muchísimos los problemas de orden de persecución, criminalización y saqueo que sufren muchas culturas milenarias por parte de los actuales estados americanos. Lo que hace de esta práctica, algo inaceptable, es que países cuyas oligarquías lucharon guerras independentistas, hace poco menos de 200 años, en la actualidad, parecieran actuar de igual o peor manera que aquellos de quienes se independizaron. Entonces, cabe preguntarse: ¿Llegó realmente la independencia alguna vez a este continente?

Guatemala y Chile

Si bien hay muchos países en los que se persiguen, criminalizan, encierran y hasta matan a los pueblos originarios, en esta ocasión me enfocaré solo en dos casos que son muy ilustrativos del problema. Los casos de Guatemala y Chile.

Guatemala

La nación Centroamérica lleva años de un prolongado conflicto entre su estado y los pueblos originarios del lugar. Este conflicto tuvo uno de sus momentos más crueles a comienzos de los 80, cuando se realizó un brutal exterminio de miles de personas en lo que se conoce como el Genocidio Maya. En esos años el gobierno de Guatemala declaró como “enemigo interno” a los pueblos Maya del lugar, con la excusa de que estos estaban planeando un complot comunista contra el Estado. Lo cual, obviamente, no era cierto. Era solo un pretexto para acabar con los pueblos originarios del lugar y, así, poder explotar sus tierras y sacar provecho de sus recursos naturales. En la actualidad, el estado guatemalteco sigue persiguiendo a los pueblos originarios mediante el uso del saqueo como herramienta principal. Y, contraviniendo todos los acuerdos internos e internacionales, no respeta a los pueblos originarios ni a sus líderes, a quienes encarcelan, persiguen, torturan y matan, con tal de poder ocupar sus tierras para la instauración de hidroeléctricas, grandes presas, y todo tipo de elementos que generen ganancias y satisfagan los intereses de la oligarquía local y de los grupos económicos extranjeros presentes en la zona del conflicto (principalmente, compañías de Canadá, EE.UU y España). Este modo de actuar, de parte del gobierno guatemalteco, ha dejado como saldo miles de muertos, desplazados y heridos en un conflicto que pareciera no tener fin.

Chile

En Chile, las cosas no son muy diferentes. En la zona sur del país se vive un violento conflicto de parte del Estado contra la Nación Mapuche. El Pueblo Mapuche, cuya presencia en la zona se remonta a siglos y siglos antes de que el europeo pusiera sus pies en esta tierra por primera vez, ha sufrido en los últimos 500 años un largo ciclo de violencia, persecución y exterminio que pareciera no tener fin. Primero fueron los españoles quienes trataron de doblegarlos por la fuerza, sin embargo, luego de casi 300 años de intentos, no lo lograron. Luego fue la oligarquía *santiaguina –cobarde de nacimiento– quien por decreto supremo, a finales del siglo XIX, declaró que las tierras del pueblo Mapuche debían ser anexadas al Estado Chileno para “asegurar la soberanía”. El proceso fue bautizado miserablemente como “Pacificación de la Araucanía”, pues la cobarde aristocracia santiaguina declaró que era gente salvaje, violenta y sanguinaria que había que “pacificar”. Para llevar a cabo este proceso, paradójicamente, llevaron a la zona: militares, fuego, tanques, armas, guerra y muerte, es decir, llevaron el salvajismo de la “civilización”. Lo que no se dice sí, al pueblo chileno, es que esa zona era una nación independiente, que incluso había sido reconocida por la Corona Española en muchos acuerdos que establecían al río Bío-Bío como la frontera natural entre la incipiente colonia española y el Pueblo Mapuche, por ende, la posterior “anexión” de este territorio, por parte del Estado de Chile, sólo puede ser considerada y condenada por lo que es: una invasión, y la zona en la actualidad, un territorio bajo ocupación extranjera.

En la actualidad, la zona sigue siendo un lugar propicio para los abusos y atropellos por parte del Estado. La zona se encuentra absolutamente militarizada y el Estado de Chile ha declarado a todo aquel que simpatice con la causa del Pueblo Mapuche, o luche por su liberación, como terrorista. Sin embargo, al igual que en el caso de Guatemala, los intereses del Estado no son la “lucha contra el terrorismo” o el “enemigo interno”, sino que proteger los intereses oligárquicos internos y externos de los usurpadores de esas tierras, quien lucran con los abundantes recursos naturales de la zona, tanto madereros como hidroeléctricos.

Racismo, avaricia y otros males

En ambos países podemos ver que se ha desatado una guerra sin precedentes contra los habitantes originales de esas respectivas tierras. Las “razones de Estado” dictan que estas persecuciones se llevan a cabo en pos del desarrollo del país y las grandes inversiones. Sin embargo, algo más cruel y duro subyace en el actuar de estos Estados: un profundo racismo y desprecio por la tierra y su gente.

Los Estados que hace no mucho luchaban por independizarse de la Corona Española, en realidad, nunca buscaron la liberación de sus pueblos. Solo buscaban liberarse de aquellos a quienes debían rendir cuentas. Para los adalides de la independencia, esta libertad era solo para los descendientes  de Europa; los “blancos”, los “puros”, los “civilizados”. Para estos Estados, la gente originaria de esta tierra, siempre fue considerada un botín de guerra al cual esclavizar y un estorbo para sus intereses económicos y expansionistas.

La respuesta a por qué tanta persecución y racismo, es simple. Quienes gobiernas estos Estados viven bajo la ilusión de que no son de este lugar. Ellos sienten que están de paso por aquí. No tienen sentido de pertenencia alguna. Nada más sienten lealtad con los lugares y gente que consideran su hogar; lugares y gente, más allá del Atlántico. Y así, mientras piensen y actúen bajo esa premisa, las cosas no cambiarán, ni los conflictos tendrán fin.

Una renovada ola independista puede generar los cambios necesarios que, de una vez por todas, traten con respeto, fraternidad e igualdad, a los verdaderos soberanos de estas tierras: los pueblos originarios.

Es hora de alcanzar la independencia.

*De la ciudad de Santiago de Chile.

Por Pablo Mirlo

Publicado en prismalavista.com

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En $hile se asesina al Mapuche

Lo que la prensa dominante calla, lo gritan los muros y los lienzos del pueblo que lucha.

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EN $HILE SE ASESINA AL MAPUCHE

Esta imagen logró evitar la censura por parte de la cadena televisiva Fox Sports durante el encuentro disputado ayer, miércoles 18 de febrero de 2015, en el Estadio Monumental de Santiago de Chile, entre Colo-Colo (el equipo de fútbol con el yo simpatizo acá en Chile) y el equipo brasileño Atlético Mineiro, por la Copa Libertadores de América.

Es sabido que el fútbol genera pasiones, y que los estadios en especial, son lugares privilegiados para demostrar el descontento popular o hacer visibles causas ocultadas por los que controlan el poder. Sin embargo, estos reductos pueden convertirse también, con mucha facilidad, en mudos testigos de la censura impuesta por las grandes cadenas televisivas.

Tal fuel caso durante la pasada Copa América 2011 disputada en Argentina, cuando una enorme bandera chilena desplegada en el estadio de Mendoza fuese evitada por la transmisión oficial durante los encuentros disputados por la selección chilena -pese a ser gigante- dado su contenido y consigna.

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“Educación libre, digna y gratuita”

A los que manejan el poder les molesta este tipo manifestaciones populares, y por eso las esconden, pues ven en ello el peligro de un pueblo unido y desafiante, y es por eso que, por ejemplo, es cada vez es más difícil entrar a los estadios acá en Chile, y si se logra entrar, hay fuertes restricciones en cuanto a qué cosas se pueden llevar- ni soñar en llevar una bandera del tamaño de la desplegada en Mendoza, Argentina- o una pequeña pancarta criticando al gobierno de turno, pues a la oligarquía le molesta sobremanera cualquier atisbo de denuncia o crítica social en instancias masivas, como lo es en un partido de fútbol.

Es por todo esto que me pareció prudente compartir lo sucedido ayer en el Estadio Monumental, pues me parece genial que se haya aprovechado esta instancia internacional para denunciar lo que ocurre en nuestras fronteras, y además, porque el lienzo plantea una verdad irrefutable: En Chile, efectivamente, se persigue, encierra, tortura y asesina al Mapuche, que dicho sea de paso, es la etnia y pueblo con mayor cantidad de habitantes (son cerca de un millón), de entre las demás etnias existentes en Chile, pese a los sucesivos genocidios a los que han sido sometidos; primero por parte de la corana española durante los siglos XV al XIX, y luego, por parte del mismísimo estado de Chile durante los últimos 150 años.

Es por eso que:

¡Que el mundo sepa, en Chile el Estado no solo oprime a sus ciudadanos, también encierra y mata al Pueblo Mapuche!

EN $HILE SE ASESINA AL MAPUCHE

Por Pablo Mirlo


La causa más peligrosa de defender en Chile

En los últimos años en Chile ha habido un sostenido aumento de la simpatía por diversas causas o luchas sociales.

Quizás uno de los movimientos más añejos en los últimos 25 años sea el movimiento ambientalista, que ha puesto en el tapete de la discusión diversas críticas al modelo de mercado y su adictiva manera de destruir la naturaleza para generar riquezas.

Otro movimiento que ha destacado en lo últimos años es el movimiento animalista, el cual, también ha salido a la calle a defender a los indefensos animalitos y el constante maltrato por parte del ser humano.

La causa gay tampoco ha quedado atrás, y miles se han manifestado a favor de ella tanto a nivel político, como a nivel de la ciudadanía abrazando sus causas con simpatía y gran apoyo.

Y otra causa que, también pareciera tener un amplio apoyo en la población, es la llevada adelante por la despenalización de la marihuana, la cual también gozaría de no poco adeptos.

Ahora bien, si de movimientos de largo aliento y apoyo se trata, el movimiento estudiantil es más antiguo aún, pues trae a sus espaldas las luchas de más 80 años en este país. Ni hablar del movimiento obrero, el cual ya debe llevar más de un siglo luchando. Estos movimientos, por esas mismas razones, he decidido separarlos de los primeros, pues considero que estos últimos dos abrazan causas que son transversales y que llevan apuntando por décadas a la transformación del sistema en su conjunto y no solo a luchas o intereses personales de grupo o colectividad.

Estas últimas dos causas también, “extrañamente”, siempre resultan con la mayor cantidad de simpatizantes tras las rejas. A diferencia de las otras causas señaladas al comienzo, las cuales, cuando marchan, nadie jamás resulta detenido ni es provocado por la policía a causar destrozos. Pareciera que al poder le interesará desprestigiar solo ciertas causas y hacer creer que no es tan “cool” luchar por justicia social, como sí lo es, por ejemplo, luchar por el matrimonio homosexual o a favor de la marihuana.

A lo que voy es que, claramente, hay causas y causas, y algunas son más aceptables o tolerables para el poder que otras. Por ejemplo, las causas gay, animalistas, o favor de la marihuana, son causas que apuntan a resolver problemas específicos dentro del marco institucional vigente, por eso son toleradas por el poder, pues les pueden ofrecer paliativos de cualquier color, tanto desde la izquierda a la derecha cuando se acerca la época de elecciones y lograr así, para cada partido político, arrastrar un par de votos más vía el populismo, sin jamás resolver las problemáticas de fondo de las demandas de estas colectividades. Es por eso que, estas causas no molestan al poder, pues no pretenden desmantelar el sistema injustamente construido por los que manejan los hilos la política y la economía, por eso no las reprimen.

En el caso de la causa ecológica. esta es cíclica. Solo representa un riesgo cuando los ambientalistas descubren que un nuevo lugar natural está a punto de ser profanado. Cuando esto ocurre, el gobierno de turno sale a “apagar el incendio”, o simplemente, se hace el desentendido, y al final, sigue haciendo negocios en las sombras, pero en el fondo, el gobierno de turno no se inquieta, pues sabe que no es una causa que cuestione el modelo político y económico del cual usufructúa .

Ahora bien, la causa más peligrosa de defender en Chile no es ninguna de las mencionadas hasta ahora.

En Chile, la causa más peligrosa de defender es la causa justa y legítima del Pueblo Mapuche.

El mundo, y mucho menos los chilenos alienados por el consumismo, los centros comerciales y las ofertas de temporada, se da cuenta de que el país está en guerra. En una guerra que nadie declaró formalmente, y que simplemente se ha llevado a cabo por más de 150 años contra un pueblo de una riqueza infinitamente superior a la del actual estado chileno, sin que este último se comporte de manera civilizada con ellos.

Todo comenzó en 1860 cuando el gobierno chileno inició una campaña expansionista en busca de controlar los territorios aledaños a la capital, Santiago. (En ese sentido, se podría decir que el resto del país siempre ha sido visto como una gran colonia por parte de quienes gobiernan desde Santiago). Y bueno, para conseguir sus objetivos debía “pacificar” (exterminar) territorios ocupados por SIGLOS por el Pueblo Mapuche.

Sí, ese mismo pueblo que resistió 400 años la invasión española. El único pueblo que no se sometió a la corona ibérica. El mismo pueblo que jamás se sometió a la dominación Inca. Ese mismo pueblo que nunca tuvo intenciones expansionistas, sino que solo proteger lo heredado por generaciones, de la noche a la mañana pasó a ser el enemigo de la oligarquía chilena, que no escatimo en invadir, asesinar, destruir y someter a ese pueblo con la punta del fusil y las balas.

Desde aquella invasión chilena, el Pueblo Mapuche ha sido reducido a pequeñas comunidades de unos cuantos miles de habitantes, luego de haber extendido su territorio desde el Atlántico hasta el Pacífico. Todo esto, esta más que claro decir, antes de que existieran dos “países” llamados Chile y Argentina que los arrasaron y despojaron hasta el día de hoy.

Ahora bien, volviendo al tema de las causas. Defender la causa Mapuche es por lejos la más peligrosa en Chile. Tanto para los Mapuche como para los chilenos simpatizantes con ella. Pues la justicia solo condena a aquellos que luchan por la liberación, autonomía y determinación del Pueblo Mapuche, y no contra las mega construcciones que arrasan su territorio sagrado y milenario contraviniendo todas las indicaciones de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas que, por ejemplo, en su Artículo 32 afirma: “Los pueblos indígenas tienen derecho a la libre determinación. En virtud de ese derecho determinan libremente su condición política y persiguen libremente su desarrollo económico, social y cultural”.

En ese sentido, el estado de Chile, es un estado corrupto y despreciable, que borra con el codo los acuerdos que firma con la mano, pues JAMÁS ha permitido al Pueblo Mapuche autodeterminarse ni decidir sus destinos políticos, económicos, y mucho menos, territoriales.

En la actualidad, la justicia en el territorio Mapuche ocupado por Chile no solo encierra a los Mapuche por luchar, y los califica como terroristas, sino que también encierra a cualquiera que simpatice con la causa. Tal fue el caso de la cineasta chilena Elena Varela, quien en pleno proceso de grabación de su documental Newen Mapuche (2010) fue detenida y acusada de terrorismo y condenada a 15 años de cárcel luego de ser perseguida por agentes del estado. Finalmente, permaneció encarcelada 2 años, entre el 2008 y 2010. E insisto, solo por grabar un documental.

Pongo como muestra este ejemplo, pero lamentablemente, las injusticias contra este Pueblo y los luchadores sociales simpatizantes con esta causa se multiplican, y junto con ello, se apilan los montajes, los crímenes, la persecución, humillación y despreció hacia un Pueblo y cultura infinitamente más hermosa que la de occidente. Un Pueblo que comprende a la Naturaleza como un todo, que sabe que solo estamos de paso por esta vida terrenal y que lo mejor que podemos hacer es respetar los ríos que nos dan vida, los árboles que nos dan aire, las nubes que nos traen la lluvia que hace florecer las plantas que nos sanan. En definitiva, un Pueblo que sabe que en el fondo somos gente de la tierra, después de todo eso significa Mapuche (Mapu=tierra, Che=Gente).

Es por eso que la causa más peligrosa de defender en Chile es la causa Mapuche. Una causa que es ocultada y criminalizada por la prensa servil, subyugada y prostituida por el poder político y empresarial. Una causa que no es tan “cool” como otras causas, pero que desde mi humilde opinión, es una de las que más vale la pena defender. La siguiente causa a defender, desde mi punto de vista, sería el establecer una nueva constitución autoconvocada, popular y que salga de las entrañas del Pueblo y no del oligarca parlamento. A fin de fijar nuestras propias reglas del juego, y no las que nos han impuesto los que gobiernan de la mano del dinero.

Al menos, esas son las causas que yo abrazo: la liberación del Pueblo Mapuche y la liberación del Pueblo de Chile.

Por Pablo Mirlo

Artículo publicado en Revista Pluma Roja N°21 Enero 2015

Para más visite Revista Pluma Roja

Aquí les dejo el documental Newen Mapuche:


¡Mírate la cara!

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Emilio Renteria

Quizás el nombre de Emilio Rentería no le sea familiar a muchas personas que no están ligadas al mundo del fútbol en Chile, ya sea como fanáticos o aficionados. Sin embargo, es su excesivo protagonismo en las últimas semanas –y no por sus tremendas actuaciones como delantero del club San Marcos de Arica– lo que ha desnudado, una vez más, lo peor del chileno post dictadura cívico-militar: el racismo ridículo que lo hace alzarse como un “ser superior”.

El jugador Emilio Rentería ha sido objeto de burlas e insultos en dos ocasiones de manera masiva en las últimas semanas. Primero fue insultado en un partido disputado en Rancagua contra el equipo O´Higgins, y luego, en un partido disputado en Arica también fue insultado, esta vez, por “hinchas” de la barra del equipo rival de turno: Iquique.

Las razones de los insultos tienen que ver con el color de su piel: morena. A lo cual, le siguen insultos que lo relacionan con el mundo primate –ya se imaginarán de qué se trata todo esto–.

El jugador venezolano ha manifestado su deseo de abandonar el país, pues no lo está pasando bien junto con su familia y lo más probable es que a final de año abandone el país definitivamente.

Ahora, lo más patético de todo este asunto tiene que ver con quienes se arrojan el derecho de insular al resto de acuerdo a su color de piel, pues, lo más probable es que esos mismos que insultan, tan solo sean un poquito menos morenos que el jugador, mas claramente, infinitamente inferiores en cuánto a utilización de esas masas por cerebro que les dio Dios a cada uno. Eso es lo más penoso de la situación.

Las autoridades –que siempre aprovechan este tipo de cosas para sacar provecho político– no dudaron en “apoyar” al jugador y lo invitaron a la casa de gobierno para demostrar “integración” y que el racismo en Chile es “intolerable”. Durante esos mismos días, en un juzgado al sur de nuestro país NIÑOS MAPUCHES aparecían esposados y eran encarcelados por luchar por su tierra: ¿No es eso racismo también?

Durante estos últimos meses, ese mismo gobierno que ofreció apoyo al jugador venezolano, ha enviado cientos de policías y tanques a las comunidades mapuche del sur de Chile, pues
–según el gobierno– estos “incivilizados” mapuches no permiten el desarrollo de la industria forestal o energética en el país, así que es necesario criminalizarlos, golpearlos, humillarlos y meterlos en la cárcel. ¿No eso racismo también?

En muchas partes de Chile existe un creciente rechazo a la inmigración por parte de ciudadanos de Nuestra América. El ejemplo máximo se da en el creciente rechazo a la inmigración de ciudadanos colombianos, pues según mis “refinados”, “arios”, “honestos” y siempre “leales” compatriotas chilenos, los colombianos traen todas las pestes del tercer mundo, y junto con ellos, las diez plagas de Egipto también. Sin embargo, el asunto no deja de ser un asunto del color de piel. Pues en Chile existen inmigrantes de todas partes, sin embargo, por una extraña razón, solo critican a los de piel morena, o de origen mapuche. Mientras que el inmigrante blanco, es aceptado como uno más de “nosotros”.

Las razones para este enfermante problema del racismo en Chile pueden ser muchas. Yo culpo a 3.

1- La dictadura 1973-1990
La sangrienta dictadura del tirano Pinochet instauró el miedo en los genes de los chilenos. El miedo al que piensa distinto. El miedo al revolucionario. El miedo al amigo latinoamericano. El miedo al vecino y al hermano. La sistemática tortura y exterminio al Pueblo chileno buscaba como objetivo último homogeneizar un país, que en sus raíces y desde sus inicios, jamás tuvo nada de homogéneo. A nivel de color de piel, la dictadura no logró acabar con las diferencias, pero sí logró algo peor, que al mirarnos al espejo, siempre nos viéramos como lo que creíamos que éramos y no como lo que realmente somos: un pueblo de muchos colores e infinitas diferencias.
2- La educación
La educación vista como bien de consumo desde ya 33 años, ha sido otro motor y caldo de cultivo para la discriminación y racismo. Pues, dado que el dinero –y no la capacidad intelectual– es lo que segrega a los estudiantes en este país desde la cuna, en Chile, el que tenga más dinero estudia con los que tienen más dinero, y los que tienen menos estudian con los que tienen menos, generando una brecha de desigualdad y odio reciproco que nada en el transcurso de una vida cerrará. Por eso, cuando el gobierno propone leyes del infierno para los que discriminan y el congreso crea leyes antidiscriminación no logra ningún resultado, pues pretende cambiar vía el miedo o la sanción, costumbres adquiridas en un sistema hecho por ellos mismos, -la clase política- a la medida para discriminar y segregar.

Si no cambian –y no lo harán– el concepto completo de la educación como un sistema incluyente y donde se fomente el respeto mutuo, donde todos estudien juntos y no separados por el dinero, es difícil que los hijitos e hijitas de los políticos que van a los mismos colegios y universidades logren asimilar la realidad de un país donde más de la mitad de la población vive –en índices REALES y no esos OFICIALES que publican– bajo la línea de la pobreza. La discriminación y racismo se combate desde la educación, no desde la sanción.

3- La publicidad y televisión
Cuando veo la tele, y solo veo gente blanca como el papel conduciendo programas de televisión. Gente rubia hablando de su vida. Gente de ojos claros invitándome a seguir su vida en Instagram o Twitter, por el solo hecho de ser un “rostro de televisión”. Cuando veo todo eso me queda claro por qué el racismo en Chile campea libre por las calles, las escuelas y los estadios.
Cuando en la publicidad la gente es blanquísima. Sus hijos arios y bellos. Y sus cabellos como oros purísimos y sus pieles como blanca nieve, puedo entender claramente que la gente que se la pasa todo el día viendo tele -y no mirando a la gente cercana-, crea que realmente Chile sea un país de nórdicos y escandinavos ciudadanos.

Dicho sea de paso, no tengo nada en contra de los blancos, rubios, arios, etc. De hecho todo el equipo de Revista Pluma Roja es blanco, alto, rubio y de ojos claros (jajaja, mentira). Es solo que en Chile se exalta esa raza por sobre cualquier otra siendo este un país de mayoritariamente morenos, de rasgos más bien indígenas y herederos de culturas infinitamente más ricas en lo cultural que la actual e imperante.

Entonces, cuando salgo a la calle, y veo el Chile real. No el de la publicidad. No el Chile ario de las revistas. No el Chile blanco de la tele. No el Chile blanco de las cúpulas de poder.

Entonces, me pregunto: ¿Cómo diablos existen chilenos capaces de discriminar a otros por su color de piel?
Bueno, la respuesta ya la dije: Es culpa de la dictadura, la mala educación y la publicidad y televisión.

¡Agarren un espejo y mírense la cara!

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Niños Mapuche esposados.

Por Pablo Mirlo

Artículo publicado para Revista Pluma Roja N°20 diciembre 2014

Revista Pluma Roja


Castores de cuello y corbata

Dique fabricado por castores.

Dique fabricado por castores.

Hace un par de semanas, mientras hablaba un día con mi madre, ella me contó de un reportaje que había visto en la tele. Me decía que el programa se hablaba de la compleja situación ecológica que se vive en el extremo sur de Chile por culpa de los castores. Al comienzo, la escuché para intentar informarme con respecto al tema, pues lo desconocía. Sin embargo, cuál no sería mi sorpresa, tras luego de terminada nuestra conversación, acabo descubriendo un tema controvertido e interesante, que es lo que me anima ahora a compartirlo con ustedes.

Lo que descubrí:

Primero: No sabía que habían castores en Chile –mis conocimientos con respecto a la flora y fauna nacional no son precisamente vastos–.

Segundo: No sabía que podían ser considerados tan “problemáticos”.

Pues bien, ella me contaba que en el reportaje decían que estos animalitos dañaban el ecosistema debido a: la construcción de diques que hacían en los ríos, la destrucción de árboles en la zona y el desvío e inundación de zonas aleñadas por culpa de sus madrigueras. Ahora bien, mientras escuchaba esto, pensaba: “¿cómo va a ser posible que los animales destruyan la naturaleza? ¿No se supone que la naturaleza es sabia?” No me cuadraba esta relación entre animales y daño al ecosistema. Pues bien, seguí escuchando. Ella me decía que en el lugar estaba autorizada la caza de los castores, y que en el reportaje, los hombres que recorrían la zona, se encargaban de destruir estas verdaderas obras de ingeniería maestra construidas por estos animalitos en los ríos, pues, “según los expertos”, estos terminaban secando, o bien, inundando zonas a su alrededor, lo cual, en definitiva, dañaba el ecosistema.

Mmm, pensaba yo, algo no me sigue cuadrando en todo esto. Entonces pensé. Sí los animalitos son culpables de dañar el ecosistema con la tala de árboles y la construcción de diques. ¿Por qué no se hace nada en contra de las mega represas que se construyen a lo largo de Chile y que han sido impuestas contra la voluntad de los pueblos cercanos a estas zonas? Pues a todas luces, este daño es mucho mayor, y paradójicamente, minimizado por la prensa. A la mente se me vienen dos casos, el pueblito de Gualliguaica en el Valle del Elqui, y la zona de Ralco, en el Alto Biobío.

Pues bien, me quedé con esas ideas dando vueltas, y para ampliar mi conocimiento, me puse a investigar, pues me parecía hipócrita que se asesinara a los castores, y en cambio, a los “castores de cuello y corbata” que llegan de otras latitudes a generar riqueza a costa de nuestros ríos, nuestra flora y nuestra fauna, nadie los cazara. Fue así que, mediante la búsqueda descubrí la razón de esta “ilógica” forma de actuar de la naturaleza, eso de dañarse a sí misma.

Historia

Se supone que los castores no son nativos de esta zona. En realidad, fueron traídos a Tierra del Fuego desde Canadá por la armada argentina en 1947, para fomentar la industria peletera (industria que trabaja con la piel de los animales) en la zona. Sin embargo, como estos animalitos se encontraron aquí sin depredadores naturales, como sí los habían en sus tierras de origen, se multiplicaron hasta volverse una verdadera nación de castores, la que no pudo ser controlada, la cual finalmente terminó extendiéndose entre Chile y Argentina.

Una vez investigado este primer punto mi primera duda quedaba resuelta, podía seguir teniendo fe en la sabiduría de la naturaleza, pues no era su responsabilidad este desequilibrio ecológico en la zona. Como siempre, era culpa del ser humano y su ambición.

Ahora, me quedaba por responder mi segunda duda. ¿Cuándo se abriría la temporada de caza de empresarios que destruyen nuestra naturaleza a costa de llenar sus propios bolsillos? Y es que la situación es similar. Hombres de otras latitudes que han llegado a nuestro territorio, al no encontrar “depredadores” naturales, han inundado la tierra, talado los árboles, secado las comunidades cercanas. Las comunidades pehuenches bien lo saben en el Alto Biobío como, en nombre del progreso, se inundaron extensas zonas sagradas, cementerios ancestrales y zonas vírgenes con tal de construir una gigantesca represa, como lo es la central Ralco, la cual solo le ha servido a quienes llegan, destruyen y se van, para luego bañarse en el dinero que le reporta la generación de energía mediante el caudaloso río Biobío, mientras la flora, fauna y los pueblos originarios padecen la pobreza del progreso.

El caso de Gualliguaica en el Valle del Elqui es parecido. Se inundó por completo al pueblo para poder contener las escasas aguas del río Elqui, y construir allí el embalse Puclaro. Al menos en este caso, lo que no pudo hacer el hombre, sí lo ha hecho la naturaleza, y es que tras años y años de sequía, los restos del pueblito, o lo que queda de él, van quedando al descubierto tras la casi nula presencia de lluvias en la zona que permitan llenar el embalse. La naturaleza se ha vengado. Sin embargo, los que construyeron el embalse, dañaron el entorno, ya se hicieron millonarios, y obviamente, no viven en las inmediaciones del embalse.

Desinformando por la TV
Como siempre, da para pensar la hipocresía imperante en los medios que forman opinión, ya que mientras por un lado “demonizan” a los castores, por otro, se muestran muy atentos a las inquietudes de los inversionistas extranjeros, verdaderas pulgas que succionan nuestro territorio y sus riquezas. Los medios masivos de comunicación ignoran por completo el drama humano que viven las comunidades que han aprendido a ser autosuficientes, y que de un momento a otro, dejan de depender de la naturaleza como su sustento, nuevamente, por culpa del hombre y su ambición.

Al menos, si comparamos a los castores versus los empresarios, en el caso de los castores, estos no construyen porque se les ocurrió venir a “invertir” acá, ellos llegaron, justamente, para ser explotados y generar riqueza. Mientras que a los otros, por culpa de una política extractiva por parte del estado y anti proteccionista, se mueven tranquillos por las calles sin que nadie les de caza, mientras destruyen el medio ambiente.

Sin embargo, la naturaleza es sabia, y ahora, esos mismos castores, hacen perder millones de dólares a los latifundistas de las tierras del sur, mediante la inundación y destrucción de “sus” bosques. La diferencia es que los castores construyen diques para sus madrigueras; lo hacen para proteger sus crías. En cambio, el castor de cuello y corbata, construye represas por ambición, destruye por gusto.

Ahora bien, la naturaleza siempre busca su equilibrio, aunque el hombre intente someterla. Es de esperar que pronto se abra la temporada de caza de castores nuevamente, pero esta vez, contra los de cuello y corbata sí.
¿Quién se apunta?

Dicho sea de paso, desde acá declaramos nuestro rechazo a la represa en el río Pilmaiquen, una construcción que dañará el ecosistema, y sitios sagrados de la Nación Mapuche-
De esto, obviamente, no se hará ningún reportaje que la demonice como sí se hará para seguir demonizando los castores.

Por Pablo Mirlo

Artículo publicado en Revista Pluma Roja octubre 2014

Enlace directo: http://revistaplumaroja.wordpress.com/2014/11/07/castores-de-cuello-y-corbata/

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Represa Ralco, Alto Biobío, Chile.


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