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El arquitecto del sonido – Parte 2

En el artículo anterior hablamos sobre el proceso creativo que experimentó el músico argentino Gustavo Cerati a comienzos de los 90 y en cómo eso repercutió tanto en su carrera solista como junto a Soda Stereo. En esta oportunidad, abordaremos el periodo entre el álbum Confort y música para volar (Soda Stereo) y su último álbum de estudio Fuerza Natural y veremos cómo las sonoridades involucradas en su trabajo, en vez de ir desapareciendo con el paso de los años, se convirtieron en su marca registrada. Acompáñenos.

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Confort y música para volar (1995)

Llevaba años entre los ejecutivos de la cadena de música MTV la idea de poder invitar a Soda Stereo a ser parte de su afamada serie de conciertos desenchufados MTV Unplugged. Sin embargo, el trío argentino se negaba a participar, tal vez por el hecho de tener que sonar en formato totalmente acústico, siendo que su potencia y despliegue creativo, como ya hemos apuntando en el artículo anterior, se centraba principalmente en las atmosferas sonoras creadas a través de pedales de efectos, sintetizadores y demases juguetes sonoros. Sin embargo, luego de muchos intentos, en septiembre de 1996, el deseo de los mandamases de MTV finalmente se cumplió, y Soda Stereo entraba a los estudios de MTV en Miami, EE.UU para registrar una de sus presentaciones más aclamada y recordada.

Pequeños grandes detalles

Una de las razones de lo histórica de su presentación para MTV es que, pese a ser parte de la serie de conciertos desenchufados, si hubo algo en lo que no escatimaron, fue en cables, guitarras eléctricas y sintetizadores. Al parecer, solo estuvieron dispuestos a ser parte del proyecto si podían traer más sonoridades a su presentación y, tal vez, bajar un poco la velocidad de las canciones, algo que, claramente, se duda, luego de la estruendoso final del concierto con el cover de la banda argentina Vox Dei, Génesis que resultó en un deleite para los amantes del rock progresivo. El resto de las canciones, simplemente, superaron con creces las expectativas. La versión sublime de En la ciudad de la furia interpretada en compañía de Andrea Echeverri de Aterciopelados, solo vino a demostrar que solo alguien como Cerati podía reversionarse y sonar incluso mejor que el producto original. Con Ángel eléctrico y Un misil en mi placard pasa algo parecido. La versión de la primera suena muchísimo mejor que la versión del álbum lanzado apenas un año antes, y la versión de la segunda, suena totalmente renovada. Y es que eso tenía Cerati, la capacidad de convertir una canción que ya era buena, en algo totalmente extraordinario. En el caso de Un misil en mi placard, se puede establecer un claro ejemplo entre la evolución y la curiosidad constante del artista por la búsqueda de nuevas sonoridades, dado que en la versión de los 80 se aprecia sus marcadas primeras referencias musicales que, como el mismo reconoció en algunas entrevistas, tenían más relación con el reggae que con el rock propiamente tal.

Es por todo esto que el valor de este álbum es gigante, pues ofrece un sonido nuevo pese a contener canciones ya conocidas. Además, es clave en la carrera de Soda Stereo, pues marca, a mi parecer, el broche de oro a una carrera musical que, a esas alturas, ya los tenía encumbrados en la historia del rock en español.

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Bocanada (1999)

Corría el año 1999, ya habían pasado 2 años desde el fin de Soda Stereo, y Gustavo Cerati aparecía desde las sombras con un álbum complejo, intrincado, experimental y rico en lo sonoro: Bocanada.

Si antes Cerati ya había experimentado con sonidos electrónicos, fue en Bocanada donde desplegó toda su capacidad experimental en la producción de un álbum que lejos de sonar como un recocido de su etapa con Soda Stereo, sonaba fresco y novedoso.

Canciones como Tabú, con su incesante bajo repitiéndose como un mantra. Bocanada y su ritmo cadencioso o Puente, que es de esas canciones que sientes que solo en lo sonoro ya le dice algo a esperanzador a tu espíritu, nos mostraban ese hambre inquieto de Cerati de no quedarse a dormir en los laureles del pasado y enfrentar de cara esta nueva etapa en lo musical, donde todo estaba permitido.

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Siempre es hoy (2002)

Siempre es hoy siguió la tónica de la experimentación, y es que Cerati destacó en su carrera por no volver atrás o quedarse haciendo canciones que le dieran de comer o que le garantizaran esa cosas que tantos artistas persiguen y que los hace incluso traicionarse a sí mismos con tal de conseguir el éxito. No, Cerati no se hizo responsable de las viudas de Soda Stereo, ni tampoco prestó oídos a aquellos que lo encasillaban como otro “pop star” y que solo estaba preocupado de las máquinas y no de las guitarras. Cerati fue un rockero con todas las de la ley y lo demostró tocando y haciendo canciones que quizá, en lo sonoro, no eran de “rock”, pero en la actitud, claro que sí. ¿Acaso alguien puede dudar de la actitud rockera de Sulky? Una canción que a uno le recuerdan esos viejos ídolos a los que Cerati confesó admirar: Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa. Y es que Gustavo supo distinguir el rock entre las composiciones de estos gigantes del folklore sudamericano y adaptarlo a su trabajo. Qué decir de Vivo, la canción favorita del artista. En ella se despliega otro homenaje en lo sonoro a sus artistas favoritos como Led Zepelin y por qué no decirlo, también algo Floydiano y Guilmoriano en esa guitarra, el resultado, una canción que se convierte en leyenda.

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Ahí vamos (2006)

Sin embargo, luego de años experimentando en lo electrónico y con ciertos coqueteos con el rock más formal en sus previos trabajos, fue en Ahí vamos donde Cerati, finalmente, logró cerrar la brecha existente entre los antiguos seguidores de Soda Stero y los nuevos seguidores de su carrera solista.

Para cerrar la brecha decidió volver al rock más crudo, las máquinas electrónicas pasaron a un segundo y tercer plano, y en el plano escrito, sus letras se grabaron como fuego en muchos nuevos y antiguos fanáticos.

Crimen enmarcó de manera majestuosa la metáfora de aquellos amores que se terminan y de los cuales solo quedan un montón de preguntas sin resolver. Adiós nos enseñó que saber aceptarlo es una forma de crecer y Lago en el cielo, con su sonoridad onírica, nos enseñó el lugar al que aspirar y llegar a descansar o escapar luego de exponer nuestras almas a las heridas y golpes de la vida.

Sin duda, Ahí vamos se convirtió en un álbum bisagra en la carrera de un artista que parecía sentirse cómodo en el cualquier tipo de estilo, ya fuese este electrónico o más rockero. Él podía salir y entrar de cualquier tipo de música y no perder su estilo propio en el proceso.

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Fuerza natural (2009)

Y finalmente llegamos al final de su obra: Fuerza natural. Se trata del álbum que el artista mismo reconoció, una vez publicado, era un trabajo con el que se sentía contento y realizado ya que si fuese su último álbum, cumplía con todas sus expectativas. En el fondo sentía que podía morir tranquilo luego de su publicación. Quién imaginaria que esas palabras resultarían ser proféticas luego de sus accidente cerebrovascular en mayo de 2010 y posterior deceso el 4 de septiembre de 2014.

El álbum pareciera ser un resumen de toda la carrera del artista en lo sonoro. Hay un pedacito en cada canción que recuerda sus años previos. Quizá por eso sentía que era su obra cumbre. Canciones como Magia dan cuenta de esa incasable búsqueda de nuevas sonoridades y es qué ¿cuántos instrumentos podemos identificar en esa canción? Cactus, en una parada más acústica y reflexiva da cuenta de sus experiencias vinculadas con plantas enteógenas en sus pasos por México. Y Convoy, con esa voz como sacada de un sueño que recuerda a clásicos como #9 dream de John Lennon, es verdaderamente un viaje por las estrellas en lo sonoro y lírico.

Gustavo Cerati logró en el espacio un poco más de un cuarto de siglo cambiar el mapa sonoro de todo un continente. Su música sigue influenciando a muchos nuevos artistas y músicos que quizá inspirados luego de verlo en el MTV Unplugged se decidieron a colgarse la guitarra y comenzar una banda. Las sonoridades de este artista y su experimentación lo ubican entre los más grandes del rock mundial.

Yo siempre he dicho que si Cerati hubiese nacido en Inglaterra o EE.UU tendría un lugar reservado entre los más grandes de la música a nivel mundial, ahí al ladito de Hendrix, Cobain o Bowie. Sin embargo, nació en Sudamérica, en Argentina, y eso no lo hace menos importante, es mas, lo hace más especial, pues sentimos como propio su legado y la ruta que nos marcó a seguir, quizá sin proponérselo, pero eso hacen los grandes, marcan las épocas e influyen en los pueblos con su talento, sin quizá muchas veces buscarlo ni planearlo de antemano.

Gustavo Cerati, sobre todas las cosas, fue un arquitecto del sonido. He ahí su gran legado, como marcara otro grande, Charly García. Hizo del sonido su especialidad y en ello desplegó su infinita capacidad de hacernos viajar al escuchar sus canciones, como el mismo cantara, sin movernos de aquí.

Sea donde sea que este, de seguro sigue creando sonidos que alguna vez bajaran a los oídos de los atentos, es cosa de esperar, tal vez, como cantara en Puente: un día más.

Por Pablo Mirlo

Publicado en Revista Pluma Roja Junio 2016

Para más, visite revistaplumaroja.wordpress.com

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El arquitecto del sonido Parte 1

“Gustavo Cerati fue un arquitecto del sonido”

Charly García

“Ella durmió al calor de las masas, y yo desperté, queriendo soñarla…” ¿Quién no conoce aquellos ya clásicos primeros versos de la canción De música ligera de Soda Stereo? Cuando la canción fue publicada como el segundo sencillo del álbum Canción animal, por allá por 1990, pocos tenían dudas de que sería el himno definitivo del rock en español, y por ende, la marca registrada de Soda Stereo, y así fue. La canción escaló rápidamente los primeros puestos de los rankings radiales, y el álbum siguió una suerte similar, vendiéndose como pan caliente en todas las disquerías de Latinoamérica. Soda Stereo, se graduaba con éxito en la arena de la masividad. Sin embargo, pese a este rápido ascenso, para mí –no más que un mero fanático de la música, y el rock en particular–, no me dejaba de parecer nada más que una canción pegajosa dentro del amplio repertorio de Soda Stereo, nada especial. No sería sino recién hasta bien entrados los años 2000 que, mi percepción de Soda Stereo, cambiaría.

Luna roja, Primavera 0, Toma la ruta, En remolinos, Planeador, Paseando por Roma, Claroscuro y Ella uso mi cabeza como un revolver, fueron algunas de las canciones que cambiaron toda mi opinión de la música de Soda Stereo y que me invitaron a hundirme en el fenómeno de la banda y, posteriormente, en la carrera solista de Gustavo Cerati. Carrera solista que, ahora comprendo bien, era la única salida para todo el universo sonoro que revoloteaba por la cabeza del músico y que en Soda Stereo, pese a su grandeza, no lograba encausar en su totalidad.

Benditos años 90
Decir que la creatividad de Gustavo Cerati en los años 90 estaba por los cielos, es poco. El músico argentino viajaba un millón de años luz hacia el futuro y regresaba con sonidos, ideas y arreglos en sus composiciones dejando en claro que no pasaría desapercibido y que, su creatividad, estaba a tope.

Luego del lanzamiento de Canción animal, por parte de Soda Stereo y su arrollador éxito, la banda lanza en 1992 el álbum titulado Dynamo, un álbum tan impresionante en su producción, que si usted lo escucha hoy día, notará que pareciera ser un disco que fue lanzado ayer mismo al mercado. Así de vanguardista y arriesgado fue su producción, sonido y propuesta. La gira que lo sucedió no se quedó atrás, y es por muchos afirmado que fue por lejos el periodo más espectacular de la banda, con conciertos a todo volumen y un baño sonoro que hacía de la experiencia en vivo, algo surreal y psicodélico nunca antes visto en la banda.

Sin embargo, pese a la genialidad de Dynamo y su correspondiente gira, cabe preguntarse cuánta influencia habrá tenido en su gestación el trabajo realizado por Cerati y el músico argentino Daniel Melero a comienzos del mismo año 1992 en otro álbum titulado Colores santos. Este álbum es de vital importancia en la carrera de Cerati, pues marca la primera experiencia oficial fuera de la maquinaria que era Soda Stereo en ese momento y, además, nos brinda un primer vistazo a toda la paleta de colores sonoros que el músico argentino estaría dispuesto a explorar en los siguientes 19 años. Si bien el álbum no tuvo una gira oficial, ni gozó de una gran promoción, Gustavo sí se encargó, a través de su carrera solista, de interpretar siempre varias de las canciones grabadas de en aquel trabajo, que para muchos hoy en día, es una obra de culto dado los estilos musicales abordados, las temáticas de las letras de las canciones y la exploración sin límites llevada adelante por Cerati y Melero.

colores

Es por esto que me parece innegable obviar en este periodo de la carrera de Gustavo la asociación existente entre Colores santos, Dynamo y el primer álbum oficialmente solista que lanzó el año 1993: Amor amarillo. Dado que, como bien dijera en alguna entrevista el mismo Cerati, todos estos álbumes no eran sino el resultado de un germen que ya se estaba manifestando con antelación en Canción animal: el germen de la experimentación.

Amor_Amarillo

Y es que en los noventa, la música de Cerati ya deja de ser algo simple, y la constante búsqueda del músico lo lleva a experimentar diferente arreglos. Entre ellos se cuentan una mayor utilización de sonidos computarizados, la inclusión de diversos efectos de guitarra y baterías en sus canciones, sin que estas se vean afectadas por tantos detalle, al contrario, su música se convierte en un verdadero espectáculo pirotécnico para los oídos. El sonido hipnótico, por ejemplo, de Rombos en Amor amarillo es una clara invitación a dejarse volar por los sentidos y sensaciones. Pulsar se convierte en un verdadero viaje acústico. Y qué más se puede decir que no se haya dicho antes del gran cover de la canción Bajan de Luis Alberto Spinetta realizado por Gustavo Cerati. Claramente Gustavo estaba dispuesto a tributar a unos de los más grandes de la música argentina y no morir en el intento. Es más, de paso, logra que muchas cabezas se giren a mirar lo que estaba haciendo y que ya no lo vieran simplemente como el líder Soda Stereo y el creador de De música ligera. El músico presentaba sus credenciales de genio y lo hacía con propiedad.

De ahí en más las cosas nunca fueron las mismas. Soda Stereo nunca volvió a sonar como en los ochentas, y en buena hora fue así. El viaje experimental de Gustavo Cerati en lo individual influía de manera poderosa en los rumbos sonoros que ahora tomaba Soda Stereo y que alcanzarían un maravilloso final y expresión en su último álbum de estudio: Sueño Stereo.

Sueño Stereo, lejos de ser un título presuntuoso, era respaldado fielmente por una amalgama de sonidos, arreglos y composiciones que de verdad lo convertían en un verdadero sueño sonoro. Disco eterno perfectamente podría sonar eternamente y no agotarnos nunca. Crema de estrellas y ese final tan Beatle testificaba de aquellas tempranas inclinaciones musicales de Cerati. Y Ella uso mi cabeza como un revolver dejaban en claro que el músico ya estaba en un nivel totalmente superior en cuanto a creatividad de se trataba, tanto en lo musical como en lo expresado en sus letras.

En este etapa, se puede decir que los discos y las composiciones ya no iban tan dirigidos hacia las masas –si es que alguna vez lo planificaron así como banda– ahora solo sonaban como la música que ellos les gustaría escuchar. ¡Y qué bien sonaban!

Nunca un disco llevó tan bien puesto su nombre como su último trabajo: Sueño Stereo.

Pero aún faltaba más…

En el siguiente artículo abordaremos el periodo de Gustavo Cerati desde Comfort y música para volar hasta Fuerza Natural.

 ¡No se lo pierda!

Por Pablo Mirlo

Publicado en Revista Pluma Roja Mayo 2016

Para más, visite revistaplumaroja.wordpress.com


Héroes del Rock N°3: Gustavo Cerati

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No tenía previsto escribir tan pronto una entrada con otro de mis héroes del rock, sin embargo, las circunstancias recientes ameritan que dedique unas palabras al gran Gustavo Adrián Cerati.

Y es que aquel que por estos lados del cono sur niegue haber conocido o haber escuchado alguna canción de Gustavo, ya fuere en su rol solista o en su época de Soda Stereo, yo creo que lisa y llanamente miente.

En lo personal, mi acercamiento hacia su obra llegó por osmosis. Mi hermano mayor es un gran fanático de Soda Stereo, de modo que, desde que tengo uso de razón, escuchaba la música brotando a través de las paredes de la habitación de su dormitorio, la cual estaba al lado de la mía, cuando vivíamos juntos, ¡pues lo escuchaba a todo volumen!

De modo que gracias a él entré en este Sueño Stereo de canciones como Hombre al agua, De música ligera y Te hacen falta vitaminas del que ya no despertaré.

Recuerdo que cuando era niño no me gustaba esa música, ni ese sonido ochentero en el que las baterías sonaban como golpes de látigo, por eso, sentía cierta aversión hacia lo que se conocía como rock latino. Para mí Soda Stereo era eso, sonido ochentero. Sin embargo, haciendo memoria, debo reconocer que a mis 8 años de edad, cuando Soda Stero lanza el sencillo Ella uso mi cabeza como un revolver, ese absolutismo que tienes los niños carentes de matices, me llevó a sentir un gran gusto por esa canción, pese a mis prejuicios. Al parecer, no era Soda el problema, eran ciertos sonidos, y ante este nuevo sonido, no le quedó otra cosa que hacer a mis oídos que sucumbir. Quizás, en ese entonces, no entendía la letra, ni las metáforas, pero el sonido de la canción, los arreglos, los violines y ese verso que siempre me ha parecido genial: “era una piedra en el agua, seca por dentro. Así se siente la verdad cuando es la palabra sometida” lo encontraba notable. También ese otro verso: “fui tan dócil como un guante, tan sincero como pude” lo encuentro brillante. Era como el grito de aquel que todo lo hizo, y que al final, de nada sirvió. Eran mis primeros pasos en el universo musical de Cerati.

Sin embargo, pese a mi gusto infantil por esa canción, mis gustos por Soda Stero y la obra de Cerati se pavimentarían recién el 2001 cuando un amigo me prestara una copia del disco Canción Animal (1990).

El día que escuche ese disco, 11 años después de su lanzamiento, me di cuenta que mis objeciones iniciales a la música “ochentera” de Soda Stereo estaban erradas, y que estos tipos podían hacer mucho más que “rock latino”.

El disco es una obra honesta, simple, y directa. No tiene muchos arreglos musicales. Se destaca el virtuosismo de Cerati en Un millón de años luz, (porque paréntesis aparte hay que destacar que el tipo no solo sabía cantar, escribir y componer, eran un tremendo y virtuoso guitarrista), conmueve en momentos con Té para tres e invita a la fantasía –como ya lo hiciera años antes con Persiana Americana– en Entre caníbales.

A partir de allí comenzaría mi búsqueda de más de este sonido. Mi siguiente adquisición fue el DVD El último concierto, cuyo registro graba la última presentación de la banda, antes de un receso de 10 años, el año 1997 en Buenos Aires, Argentina.

Mi admiración por la obra de Gustavo para ese entonces ya estaba establecida. Me conseguí toda la discografía de Soda Stereo. Me maravillé con la majestuosidad de su obra Confort y música para volar, disco, que en lo personal pienso, debe ser uno de los mejores álbumes de un grupo de rock en español grabados en vivo, es simplemente alucinante la atmosfera creada, y la increíble y casi ilimitada capacidad del músico argentino mostrada en esta presentación de re versionar su propia obra, como la hace en la extensa versión de La ciudad de la furia.

Aluciné con su disco Dinamo (1992) y quedé encantado con el broche de oro con el que cerraron su carrera como banda con Sueño Stereo (1995), la psicodelia y la experimentación terminaron pintando una obra musical que trasciende el tiempo-espacio.

Mi acercamiento a su obra como solista

Transcurría el año 2006, y de repente, una canción en la radio de Gustavo Cerati atrapó mis oídos, se trataba de La excepción. Inmediatamente me sumergí en la tarea de averiguar de qué se trataba esto, de qué disco salió, cuándo, etc. Descubrí que se trataba de su más reciente álbum solista Ahí vamos (2006) y pues, a partir de allí inicié una investigación musical parecida a la que había iniciado un par de años antes en la discografía de Soda Stereo, salvo que esta vez sería para escudriñar su obra como solista.

Para desgracia –en un comienzo sí– no encontré más canciones del tipo La excepción en su repertorio previo. Me encontré con arreglos de computadora, sonidos más bien pop, algo electrónicos, pero nada del rock más ortodoxo, si se le puede llamar de alguna manera. De manera que me sentí algo decepcionado. Sin embargo, cuando comencé a recorrer su obra desde el crudo Amor amarillo (1993) fueron apareciendo joyas que me encantaron: Te llevo para que me lleves, Pulsar, Bajan (cover de Luis Alberto Spinetta). De Bocanada (1999) aluciné con Puente, Engaña, Tabú, Bocanada y Paseo inmoral. Luego vino uno de esos álbumes que aparecen como una necesidad casi biológica de vomitar todo lo que sientes cuando vas saliendo de una crisis, en este caso amorosa, Siempre es hoy (2001) pues es una declaración: No importa lo que pase mañana, no importa lo que pasó ayer, lo único que importa, y lo único que tienes es el hoy.

De los sonidos eléctricos, y casi bailables de este álbum, a mi gusto destacan todos, sin embargo, párrafo aparte merece Vivo.

Esta canción, como si hubiese sido arrancada de entre los sueños más melancólicos de David Gilmour brilla con luces propias en un disco dedicado al olvido y a dar vuelta la página de esas relaciones que no ya no dan, o no dieron para más.

Luego llegó el Ahí Vamos (2006), disco que me gusta de principio a fin, cuyo símbolo quizás más representativo fue Crimen, una preciosa canción que aborda el fin de las relaciones desde una mirada policial. Pues como dijera una vez Cerati, cuando se terminan las relaciones de pareja siempre hay un manto de duda, en el entorno más cercano de los afectados, con respecto a qué realmente los separó, lo cual, tras no haber respuestas claras de lo sucedido se convierte, al igual que los misterios de las páginas policiales, en otro crimen más sin resolver. El álbum sigue quizás recogiendo reminiscencias de sus quiebres amorosos, dejándonos otras joyas como por ejemplo: Adiós. Siempre me pareció genial la línea en esta canción que dice: “Pones canciones tristes para sentirte mejor” y obviamente esta otra: “… No es soberbia, es amor. Poder decir adiós, es crecer”.

Y, pues, finalmente llegamos a Fuerza Natural (2009). El álbum no fue muy bien aceptado por los críticos, sin embargo, Cerati jamás escribió para los críticos, de otra manera jamás hubiera iniciado un proyecto solista tan exitoso como lo fue en su momento Soda Stereo.

El álbum muestra a un Gustavo pleno que canta en Fuerza natural: “Puedo equivocarme, tengo todo por delante, y nunca me sentí tan bien”. Y el álbum entero lo muestra así, letras positivas, surrealistas, y sonidos tan variados que parecieran ser el resumen de toda una carrera en un solo trabajo, lo cual, resultó ser así.

En el último concierto, de su última gira promocional, de su último álbum, Gustavo Adrián Cerati cae en coma debido a un infarto cerebral que lo manda a dormir en Caracas desde el 2010, hasta ayer, 4 de septiembre del 2014 en Buenos Aires, donde finalmente fallece luego de una larga espera por despertar.

Por su música, por haber estado haciéndola contra viento y marea, como un melómano de aquellos. Por ser el padre del rock latino, por haber influenciado a tantos músicos a lo largo de Latinoamérica, y más que todo, por ser un buen tipo.

Gustavo Cerati, es otro de mis Héroes del Rock.

La partida de Gustavo, es casi la partida de un hermano más, un hermano en lo musical. Donde sea que esté, se debe estar armando una buena fiesta con otros próceres de los rock ya idos de esta existencia terrenal.

Donde sea que vayas, donde sea que estés, te deseo un feliz Sueño Stereo Gustavo.

Como siempre les dejo algunas recomendaciones. El siguiente es el set completo que Gustavo Cerati estaba presentando en su última gira. Esto fue grabado en Monterrey, México.

Y les dejo el video de su última gira junto a Soda Stereo el 2007:

Por Pablo Mirlo


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