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Los marcianos llegaron ya

En el universo existe una galaxia a la que los humanos llaman Vía Láctea. En esa galaxia, en su exterior, se encuentra el Sistema Solar. Si contamos desde de su estrella central llamada Sol, hacia el exterior, nos encontramos con un planeta de color azul al que llaman Tierra. Y cerquita de ese planeta, a su alrededor, un satélite blanco al que llaman Luna.

Los habitantes de dicho planeta son bien curiosos. Se dice que se han dividido según el grado de bienes y riquezas. Que se han divido con base en banderas. Que se han separado con base en fronteras. Que se han divido con base en creencias. Todo lo cual parece extraño, siendo que si se observa bien, todos se ven iguales en su composición física: todos tienen una cabeza, cuatro extremidades, un tronco central, un cerebro, un corazón, y dos pulmones, por nombrar sólo algunas similitudes.

En dicho planeta, les gobierna el miedo. Le temen a todo lo que no conocen. Por eso no escatiman ni en tiempo, ni recursos, ni sangre, para lanzarse en guerras unos contra  otros. Se sabe, también, se desprecian según su origen, creencias o tono de piel. Y que siempre, desde que existen como seres “pensantes”, alguna u otra civilización han estado a la cabeza del resto buscando someterlos mediante la violencia y la invasión.

Sin embargo, lo más curioso de este planeta, es que a partir del siglo XX (si tomamos como medida del tiempo lo que llaman el calendario gregoriano) ellos han puesto la vista al cielo temiendo que, tal vez, haya alguien en el espacio esperando invadirlos y destruirlos. Quizá, alguna civilización superior proveniente desde algún otro rincón del universo. Muchos de los que, “según ellos”, son sabios; han alertado de esta posibilidad. Y también, muchos otros han visto dicha amenaza como, quizá, la única posibilidad de que lo que llaman humanidad, se una bajo una misma causa -la causa de la sobrevivencia- y, finalmente, se reconcilien.

Sin embargo, mientras algunos quieren que su mundo tema a los cielos; las civilizaciones humanas dominantes se lanzan en guerras sin sentido para acabar e invadir a otros pueblos, sólo para arrebatarles sus riquezas naturales; para quitarles sus minerales, petróleo y, lo más importante, sus sueños. Mientras algunos temen que alguien baje en una nave y les destruya en segundo con una pistola que dispare rayos y círculos de energía desintegradores,  hay otros que tienen el poder de desatar el caos en su planeta con tan solo apretar un botón, y no son precisamente “extraterrestres”, son humanos. Por ende, hablar de una humanidad unida ante una amenaza externa, llega a sonar ingenuo e, incluso, tierno, sobretodo en medio de toda la barbarie en la que ya viven.

Es por todo esto, que este es un planeta curioso. Porque algunos obligan a temerle a los cielos cuando, en realidad, a los que deberían temerles son a ellos mismos. Si algo no han hecho es, justamente, comportarse de manera pacífica y civilizada.

Si hay seres en esa galaxia, sistema o planeta, que quieren destruir al ser humano, no son precisamente seres del espacio exterior con aspecto reptiloide o cabezas en forma de pera invertida, la triste verdad es que, son ellos mismos: los humanos.

Para ser honestos, al resto de las civilizaciones del universo, les importa poco lo que pase en dicho planeta. Es tan primitivo, que no vale la pena intentar dialogar con ellos. Sobre todo con seres cuya forma de llegar a acuerdos es mediante la amenaza y las armas.

Probablemente, si alguna vez fuésemos a visitar otro planeta, y nos dieran la oportunidad de conocer a su población, seguro sólo iríamos a cantarles aquella canción escrita por el cubano Rosendo Ruiz Quevedo Los marcianos llegaron ya, puesto que los otros “marcianos”, los que destruyen planetas y seres vivos, hace rato que conviven con ellos: son las misma especie humana.

Es por eso que hago público mi descontento con que nos cataloguen a nosotros de violentos, invasores y destructores. Nosotros solo bailamos y cantamos “El ricacha”. Son ellos, los terrestres, los violentos, invasores y destructores, a nosotros, sólo nos interesa bailar, cha-cha-chá.

Nota del columnista: Carta entregada por un poblador de las regiones celestes más alejadas del universo para ser publicada en este sitio.

Por Pablo Mirlo

Publicado en prismalavista.com

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Escenarios para la guerra

Cuando hace unas semanas el mundo occidental se espantó con los atentados en París, Francia, todos corrieron a solidarizar con dicho país. Las muestras de afecto no se hicieron esperar, sin embargo, los maestros del engaño y la manipulación global sonreían en las sombras. La masa manipulable terminó poniendo su corazón y solidaridad en los colores de cierta bandera, y cierta nacionalidad, obviando completamente a las víctimas y sus familiares quienes, antes que franceses, europeos o lo que sea, eran humanos. Es más, la tragedia fue utilizada para fomentar odiosidades contra otros pueblos y creencias. En el fondo, para fomentar la guerra.

Ahora bien, resulta interesante que el resultado de estos ataques en París haya causado tanto revuelo en occidente, siendo que ese tipo de ataques, muertes y asesinatos, suceden con una frecuencia espantosa en muchas partes del mundo. Pareciera ser que algún momento consentimos que la guerra era cosa de otros y la paz una cosa nuestra. Pareciera ser que hemos aceptado que las matanzas se lleven a cabo en otros lugares; lugares que por designio divino han sido seleccionados para ser escenarios de guerra. Mas cuando esas masacres llegan a nuestras limpias calles, ciudades y monumentos, nos sentimos atacados y pasamos a hacer las víctimas de “salvajes fanáticos religiosos”, mientras que nosotros, nos elevamos como la voz de la cordura, la sensatez y lo civilizado.

El caso de París es ilustrativo de la prepotencia de occidente, una prepotencia que permea incluso a Latinoamérica (como si no fuéramos ya víctimas de 500 años de colonialismo) y hace que gobiernos solidaricen con el gobierno francés y ¡no con las víctimas! (como el gobierno chileno que patéticamente ilumino el palacio de gobierno con los colores de Francia. Mismo gobierno que ejerce el terrorismo de estado en contra del Pueblo Mapuche a diario en el sur de Chile).

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La Moneda. casa de gobierno de Chile.

La guerra es nuestra, el terrorismo es de ellos

Cuando veo que ciertos países (autodenominados) “pacíficos” se unen para atacar a “terroristas”, yo solo veo terroristas de lado y lado. Cuando dicen que los “terroristas” son todos unos fanáticos de no sé cuál dios, yo solo veo fanáticos de la “democracia” y el abuso de poder atacando a otros peores o iguales a ellos. Y es que cuando se trata de la guerra no hay matices. Los “terroristas” no son peores que los que sobrevuelan lanzando bombas a diestra y siniestra. Los que usan una bomba, una pistola, o un cuchillo para asesinar, no son diferentes a los mandatarios que mandan a barrer con otros pueblos y naciones mediante bombardeos. La guerra es el terror, la guerra es el terrorismo en su estado más puro. Por ende, la idea de que la guerra es “nuestra” respuesta al “terrorismo” que nos ataca, es la idea más repugnante que pueda esbozarse. Pues a los ojos de las víctimas civiles de Paris, Siria, Nigeria, Palestina, México o el Wallmapu (territorio Mapuche), son exactamente iguales. Sus asesinos son todos terroristas al ejercer la fuerza bruta sobre ellos.

El mundo no está divido en zonas para la guerra y zonas para la paz. Esto es un invento de los poderes fácticos que controlan a la población mediante los medios de comunicación masivos. En el fondo, somos todos iguales. Antes que cualquier cosa, somos seres humanos. Antes que todo, somos víctimas de líderes que nos encaminan a guerras que ellos jamás pelearán.

Lograr la paz es algo que escapa de nuestro control, pero al menos podemos ser pacificadores en nuestro diario actuar y vivir. Podrán colonizar nuestro territorio, podrán bombardearnos con su propaganda de guerra, pero que no colonicen nuestra conciencia, eso no lo podemos permitir.

Por Pablo Mirlo

Publicado en Revista Pluma Roja Diciembre 2015

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Horror

Columna publicada para Revista Pluma Roja:

Revista Pluma Roja

¿Qué es lo que realmente nos impacta de sucesos como la campaña militar israelí sobre Palestina?

En este artículo no pretendo descubrir la respuesta definitiva a este asunto, sino más bien generar debate en torno a qué nos causa horror cuando oímos noticias como éstas. Me llama mucho la atención que de vez en cuando la tragedia ajena nos golpee tan profundamente. En las últimas semanas, los noticieros han estado plagados de informes del ataque israelí sobre el pueblo palestino. Con una atrocidad, tristemente ya habitual en esta “era de las comunicaciones globales”, se mostró en vivo y en directo el espectáculo de la muerte y el bombardeo sobre Gaza, como si se tratase de una película. En algunas colinas, incluso, algunos ciudadanos israelís tomaron palco, y tal cual 4 de julio gringo, se sentaron a ver las bombas caer y el cielo iluminarse como si se tratase de un…

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