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Compañer-oso

Existen ocasiones en las que todas las cosas simplemente confluyen en algo, y ese algo, trasciende el tiempo y se convierte en leyenda. Eso es lo que pasó con Historia de un oso, el cortometraje animado recientemente ganador de un Premio Oscar, el cual, mediante el uso de la metáfora y la fábula, logra no solo conmover al potencial espectador, sino que, además, invita a la reflexión con respecto al exilio y sus víctimas.

 Historia de un oso es el título que lleva el cortometraje animado dirigido por Gabriel Osorio y producido por Patricio Escala. La obra, de una duración de no más de 11 minutos, relata la historia de oso padre que es separado de su esposa e hijo a la fuerza por manos militares, para luego ser torturado, encarcelado y obligado a trabajar en un circo, perdiendo así su vida y los seres que amaba. Es en la búsqueda por recuperar aquello que le fue robado, durante el tiempo que estuvo en el circo, que este oso nos cuenta la historia de su vida a través de una máquina hecha de latas, tuercas y colores, en la cual, a cambio de una moneda, nos invita a viajar al interior de sus recuerdos y sueños.

 INSPIRACIÓN

El cortometraje, hasta aquí, es más o menos eso. Sin embargo, una de las cosas que más ha llamado la atención a los medios internacionales, a parte de los premios recibidos, es la historia humana detrás de la trama de la película. Y es que, como revelara Gabriel Osorio (director de la obra), el personaje protagonista de Historia de un oso, esta inspirado en su propio abuelo, Leopoldo Osorio, quien fuera secretario del Presidente Salvador Allende y quien se viera obligado a partir al exilio tras la sublevación militar y fascista del 11 de septiembre de 1973 en Chile.

Es por ello que, motivado por la historia de Leopoldo, y con datos recabados de sus más recientes entrevistas, me permito, a continuación, presentar su historia y algunas reflexiones en cuanto al real alcance de Historia de un oso.

HISTORIA DE LEOPOLDO

Como decía anteriormente, Leopoldo era secretario de Salvador Allende y, como tal, corría peligro de ser detenido luego del golpe militar. Y así fue. Posterior al asesinato del Presidente, no más de dos días después, Leopoldo fue torturado y encarcelado en la cárcel pública de Santiago, Chile. ¿Los motivos de su encarcelamiento? Simplemente haber trabajado con Allende, porque como se podrán imaginar, su detenimiento no obedecía a ningún tipo de delito previo o causa pendiente con la justicia.

En ese tiempo, se perseguía todo aquello que pudiera oler o tener cierta inclinación por el gobierno derrocado. El tiempo que alcanzó a estar detenido fue poco más de dos años. Sin embargo, fue un tiempo más que suficiente como para ver y sentir la maldad del hombre contra el hombre.

Durante ese periodo, Leopoldo, cuenta que vio amigos desaparecer, otros morir, mientras el seguía en la incertidumbre de qué pasaría con él. Finalmente, el gobierno decidió no ejecutarlo y liberarlo, pero con la prohibición de permanecer en el país, ante lo cual, el gobierno de Inglaterra –que en ese tiempo estaba recibiendo refugiados políticos–  le extiende la posibilidad de ir a vivir allí. Oportunidad que Leopoldo acepta, pero con una pequeña esperanza: que ojalá no fuera un viaje sin retorno, pues anhelaba volver a su tierra natal y reencontrarse con sus seres queridos… algún día.

Su estadía en Inglaterra no estuvo exenta de complicaciones. Tener que aprender un nuevo lenguaje, encontrar trabajo, aprender nuevas costumbres, no fueron un asunto fácil. Sin embargo, eso no fue lo peor. Lo más duro fue no estar presente cuando su hijo murió en Chile, pese a que este murió, apenas, un par de meses antes de su regreso.

Finalmente, en el año 1991, regresa a Chile. Pero las cosas ya no son las mismas. El país alegre que dejó, ahora, es otro. Se encontró un país gris, con las heridas aun abiertas tras casi dos décadas de asesinatos y persecución. Y peor aún, muchos de sus amigos, ya no están vivos o fueron desaparecidos.

En definitiva, Leopoldo regresa a su casa, pero a una casa un tanto desconocida; un tanto vacía.

Esta es la verdadera historia del hombre que inspiró a los creadores de Historia de un oso a representar, en una fábula, la crudeza del exilio y sus ramificaciones. La historia de Leopoldo.

HISTORIA DE UN OSO

Ahora bien, dentro de los estrictamente fílmico, lo destacable de Historia de un oso, es el ingenio, sutileza, e incluso me atrevería a decir, poética, con que sus autores y creadores quisieron mostrar al mundo una tragedia que era más bien íntima, pero que, en el fondo sabían, tenía un alcance masivo. Pues no solo en Chile se vivieron episodios de exilio en las décadas de los 70 y 80, sino que en casi toda Latinoamérica.

El ingenio de los creadores estuvo en no caer en la tentación de echar mano de conceptos grises y crudos para referirse a la dictadura y el exilio. Porque perfectamente el protagonista de la historia podría haber sido un hombre, el circo podría haber el aparato represor militar, y el hogar, podría haber sido un país sitiado por la opresión. Sin embargo, sus creadores prefirieron utilizar el recurso de la metáfora y la fábula, para representar su sentir al respecto.

 El CIRCO

Así, por ejemplo, representaron de manera magistral a las dictaduras como un circo de animales, dejando de paso una dura crítica a los mismos circos de animales y sus macabros espectáculos con seres esclavizados.

 EL HOGAR

Así, por ejemplo, la representación del regreso a un hogar vacío y plagado de recuerdos por parte del protagonista: ¿No es acaso, también, una representación de lo que sintieron los miles de exiliados que volvieron a Chile? ¿El regresar a una casa vacía de personas, mas solo llena de recuerdos? ¿Volver a una casa donde tantos de sus amigos, vecinos, hermanos y compañeros de sueños, ya no existían, salvo en sus fotografías y recuerdos?

LA MÁQUINA Y EL SILENCIO

 Así, por ejemplo, ¿no significa, acaso, para todos los exiliados, la metáfora de la máquina hecha de latas y tuercas que utiliza el oso para contar su historia, una representación, quizá, de la mente y el corazón de los exiliados que tuvo que reconstruirse desde cero, para poder así hallarle un lugar a cada una de sus historias incompletas, rotas y truncadas por la dictadura? ¿Construirse un nuevo corazón para que cupieran sus finales felices?

 ¿No significa algo, acaso, el hecho de que la historia sea contada sin que ninguno de sus personajes pronuncie una sola palabra? ¿No es, acaso, esto la representación de la voz de aquellos que por años han sido silenciados, pero que siempre han tenido algo que contar?

COMPAÑER-OSO

En fin, Historia de un oso es más que solo la historia del compañeroso Leopoldo. Es una historia rescatada de los tiempos en que los que luchaban por un país justo, tiernamente se trataban de compañeros y, que de la noche a la mañana, fueron exiliados a la muerte o a otras tierras.

Historia de un oso es la historia de todos los osos y osas que vieron sus vidas rotas en tiempos en que la maldad y la injusticia se institucionalizaron de la mano del fascismo en Chile y en toda esta gran América Latina, y en cuyas mentes y corazones, aún laten esos afectos por aquellos que ya partieron, aunque sea, en sus recuerdos.

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Por Pablo Mirlo

Publicado en Revista Pluma Roja Marzo 2015

revistaplumaroja.wordpress.com


Allende, en su laberinto

La verdad es que no sabía si hablar o comentar esto o no. Y es que con el riesgo de parecer majadero, había preferido dejar pasar mis pensamientos con respecto al más reciente film del director de cine chileno Miguel Litin, y que tuve la oportunidad de ver el pasado 27 de marzo 2015: Allende en su laberinto.

Sin embargo, dejando de lado los reparos a parecer redundante a la hora de hablar de Salvador Allende –por enésima vez–  he decidido hacer lo que siento y decir lo que pienso.

La figura de Allende

No sé muy bien cómo será percibida la figura de Salvador Allende fuera de las fronteras de Chile (si algún lector o lectora de estas líneas que no viva en Chile me lo puede decir, se lo agradecería) pero al menos aquí, su figura ha sido manchada con la tesis de un presidente irresponsable y que termina suicidándose en el palacio de gobierno. La derecha chilena –un verdadero brazo armado, político y terrorista del capital foráneo– por los últimos 42 años se ha encargado de borrar su obra y nombre de nuestra historia, responsabilizándolo incluso a él del golpe militar del 73 y de los posteriores 17 años de terror que vivió el país. Y no contenta con eso, se ha encargado también de estigmatizar a sus seguidores, admiradores o simpatizantes.

Comprendiendo este marco en el cual se mueve la sociedad chilena, y que ha sido esculpida por los golpistas y opresores que JAMÁS fueron –ni serán– juzgados, es fácil intuir que Chile es un pueblo partido y divido por la mitad. Pues bien, dentro de este marco no son pocos los artistas que desde sus propias visiones han retratado lo que la escuela omite de manera escandalosa y que la derecha esconde cuando se trata de abordar la verdad histórica de lo acontecido en Chile el año 1973: el golpe militar instigado fue por la CIA y ejecutado por la oligarquía chilena junto con las fuerzas militares.

La película

Uno de esos guardianes de la memoria es el director Miguel Litin, quien asumiendo como suya la tarea de generar debate y rescatar a los héroes despreciados por la derecha chilena, ha decidido retratar en su más reciente film las 7 horas acontecidas desde el arribo del Presidente a la casa de gobierno (La Moneda) la mañana del 11 de septiembre de 1973 hasta sus últimos momentos.

La película trascurre entre escenas que muestran al presidente compartiendo con sus más cercanos, jugando una partida de ajedrez, manteniendo la calma mientras los misiles impactan el edificio, hasta que el fuego y el humo se vuelven los protagonistas de la infamia acaecida. Se escucha su inmortal discurso en Radio Magallanes, y también, las podridas en odio palabras del tirano Pinochet cuando manda a asesinar al Presidente. Mas el Presidente resiste y dispara hombro a hombro contra la insurrección burguesa que sitia el palacio y que apunta sus cañones no solo contra el Presidente, sino que contra todo el Pueblo chileno.

Finalmente el Presidente cae muerto.

¿Herido por sus balas o por balas ajenas? Eso le corresponde al buen observador de la película juzgarlo.

Ahora bien, para los que no están familiarizados con la “verdad oficial”, según los datos de la autopsia realizada por “expertos”, Salvador Allende se suicidó, y en su cráneo se encontraron dos impactos de bala… DOS. A buen entendedor, pocas palabras.

La experiencia en el cine

Explicaba hace un momento que Chile es un país partido en dos, y que la figura de Allende, tremendamente arraigada en el Pueblo, no así en quienes controlan el poder político, económico y de los medios de comunicación, por lo general no es mencionada, es más, es ocultada de manera flagrante, razón por la cual asistir a ver un film que habla de él siempre genera algo de curiosidad, pues nunca se sabe cómo puede reaccionar el público. Pues bien, primero, cuando iba a asistir a la película pensé que no iría mucha gente. Craso error, había más gente de la que pensaba. Segundo, pensaba que la gente no sería respetuosa con su figura, o que terminaría despreciando o protestando contra lo que expone la película. Nuevamente me equivoqué. La gente fue muy respetuosa y de verdad se generó una conexión especial entre la película y los espectadores (no era poca la gente emocionada). Y tercero, sucedió algo que jamás había visto en las pocas veces que he ido al cine. La reacción de la gente una vez terminada la película. Toda la gente permaneció en silencio por cerca de un minuto o un poco menos. Nadie se movía. Era como que todo el mundo estaba en algún estado de shock, aunque prefiero pensar que estaban pensando en la tremenda injusticia histórica acaecida sobre un pueblo humilde como el que eligió a Salvador Allende y que de la noche a la mañana despertó rodeado de militares, desapariciones y torturas. Prefiero pensar que estaban todos conmovidos con la valentía, entereza y sabiduría del Compañero Presidente en momentos en que el laberinto en el que quedó atrapado no le ofrecía salida alguna. O tal vez, todos guardamos un intuitivo minuto de silencio por el Presidente Mártir.

Allende por siempre

He vuelto a hablar de Allende, porque así lo amerita la estatura de su obra y legado. He vuelto a hablar de él, y lo haré mil veces más, pues sus ideas transformadoras cómo nos hacen falta en el actual estado neoliberal que nos oprime, no solo en Chile, sino que en toda Hispanoamérica.

Miguel Litin, en una reciente entrevista dijo que su generación le debía mucho a Allende, por haberlo dejado solo en La Moneda, y que por eso, en parte, a través de esta película intentaba saldar esa deuda, y de paso, acercarlo a las nuevas generaciones. Y yo creo que lo ha hecho de manera magistral. Sea que Allende haya estado o no en un laberinto, al menos ahora, no estará solo mientras sigamos nombrándolo, abrazando sus ideas transformadoras y haciéndolas nuestras.

Por Pablo Mirlo

Artículo publicado en Revista Pluma Roja Abril 2015

Para más visite Revista Pluma Roja

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