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Tame Impala: Sonidos vitales

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Lo que comenzó como un suave riachuelo corriendo entre las piedras, ahora se ha transformado en un potente y ruidoso río que llega y llena los mares. Nos referimos a Tame Impala, la banda australiana encabeza por Kevin Parker, que en menos de 10 años, se ha posicionado como la banda más reconocida y solicitada del rock a nivel mundial. ¿Pero cuáles son las razones de su éxito? A continuación, enumeramos algunas.

Claves sonoras

La palabra clave para entender lo atractivo del sonido de Tame Impala es: experimentación. Y es que la experimentación, como algo ineludible a la hora de crear, y la búsqueda de un algo sin saber exactamente qué, es lo que ha logrado que los sonidos emanados de guitarras, máquinas y la cabeza de Parker, se hayan traducido en una serie de canciones que, lejos de seguir el formato clásico de canciones pop, pareciera moverse más por el sendero de las sensaciones, los cambios en los paisajes sonoros y las mezclas de diferentes estilos musicales.

Es esta versatilidad lo que más vida le ha dado a la carrera de esta banda, luego de tres discos larga duración y varios EP lanzados. Pues cuando parecían haber logrado dar con los sonidos que más eran disfrutados por sus seguidores, en especial en sus dos primeros álbumes: Innerspeaker (2010) y Lonerism (2012). En su tercer disco, Currents (2015), hacen un quiebre en lo sonoro para adentrarse más en sonidos pop, relegando las guitarras a un segundo plano, sin que ello perjudique su marca registrada, y a estas alturas, modo de sentir la música: la experimentación.

Claves visuales

Si la experimentación sonora queda de manifiesto en las distintas canciones de Tame Impala a través de su trabajo discográfico, en lo visual, no se han quedado atrás. Echar un vistazo a los videos musicales de Tame Impala puede ser igual de fascinante.

En sus videos se puede apreciar un elemento en común, el desarrollo de una idea psicodélica muy similar a la que se buscaba en los años 60 por parte de la contra-cultura, con una alta presencia de elementos visuales atractivos y luminosos; fractales, espirales, y elementos espaciales. Quizás, aparte del sonido tan característico de la banda, esta sea la otra razón por la cual muchos los cotalogan dentro de la categoría de rock psicodélico, pues su propuesta no solo se desarrolla en las vías de lo que los sonidos pueden entregar, sino que también se expande y profundiza, aún más, a través de los elementos visuales que acompañan a muchos de sus singles, generando atmosferas novedosas y misteriosas con elementos existentes desde hace mucho tiempo, desde fianles de los años 60,  pero que habían sido olvidados en la actualidad por fórmulas más simples y aceptadas por las masas.

El todo, más que las partes

Quizás lo que mejor resume el trabajo de Tame Impala es que la suma de todos los elementos es mejor que las partes.

Tame Impala no es solo una banda o la idea expresada en sonido de su líder, Kevin Parker, es una propuesta completa, sonora y visual, e incluso, con el suficiente poder de influir en la cultura, las costumbres y los sonidos actuales. Es de ese tipo de bandas que luego de aparecer, hace que miles de bandas más florezcan inspiradas por las fórmulas creativas expresadas por sus sonidos.

A Tame Impala no solo hay que agradecerle darle nuevos aires al rock y la música en general, hay que agradecerle el rescate de elementos propios de los 60 y 70; como ese afán puro por experimentar que movió a toda una generación en movimientos por la paz, la justicia y la música. y que de un día para otro, fueron sepultados por el capitalismo y sus correspondientes altas dosis de individualismo y materialismo.

Si no ha escuchado Tame Impala, dele una oportunidad, es mucho más que una banda, es música para todos los sentidos. Kevin Parker ha abierto una puerta hacia un sendero que tal vez todos deberíamos recorrer.

Por Pablo Mirlo

Publicado en Revista Pluma Roja Octubre 2016

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Algo llamado Democracia

democraciaSiempre me ha interesado la discusión en cuanto a lo que realmente significan los conceptos dependiendo de quién los interprete. En el caso de la palabra democracia esto se vuelve especialmente interesante, dado que cada país o tendencia política pareciera tener una determinada apreciación de lo que esta palabra significa. Así, por ejemplo, tenemos varios países del mundo llamando dictadura al sistema de gobierno que rige los destinos de Cuba. Mientras que, por otro lado, tenemos varios países llamando democracia al sistema estadounidense. Sin embargo, ¿qué diablos es realmente o qué significa democracia en nuestros días para el común de nosotros?

Definición

Sí, se supone que hay una definición de carácter etimológica que establece que democracia proviene del griego antiguo Demos, que significaría pueblo y de la palabra Kratos, que significaría poder, lo cual ha sido interpretado por muchos como el poder de pueblo, o algo así. Sin embargo, incluso con respecto a la definición exacta del mismo término hay muchas opiniones –casi tantas como las que hay con respecto a qué es realmente una democracia en la actualidad como sistema de gobierno– así que esa discusión se la dejaré a los expertos. Vamos a lo práctico.

La “dictadura” cubana (adjetivo de carácter peyorativo otorgado principalmente por adalides del libertinaje económico y pensamiento conservador fascista) tiene cosas en su sistema bastante interesantes. Por ejemplo: Salud y educación gratuita, garantizada y de calidad. Todos derechos establecidos e irrenunciables para su pueblo que ya se quisieran las demás “democracias” del mundo o del mismo continente americano.

En cambio, la “democracia” estadounidense (adjetivo auto impuesto y respaldado por todos los demás países que le siguen el juego al gobierno imperialista gringo con tal de no perder su respaldo) no garantiza tales derechos a su pueblo. Solo garantiza el libre acceso a todo lo que quiera su población, siempre y cuando, tenga suficiente dinero para permitírselo.

En cuanto a lo político, la “dictadura” de Cuba, tiene un sistema de partido político único, el Partido Comunista, del cual salen los respectivos representantes populares de cada comunidad. Por su parte, el sistema político estadounidense (“democracia”), tiene dos grandes partidos políticos, en “teoría”, contrarios: republicanos y demócratas. Sin embargo, ninguno de estos partidos pareciera representar el sentir de su población, pues sin importar quién esté en el gobierno, ya sea que gane uno u otro, siempre terminan gobernando para los bancos, la fuerza militar y la prensa conservadora.

Entonces, ¿por qué Cuba es considerada una dictadura y EE.UU, no? Pareciera ser que, a la hora de establecer qué es una democracia, el ejercicio intelectual de los conservadores pasaría por garantizar el que “todos” pudieran participar del juego de la las elecciones periódicas a través de la conformación de partidos políticos. Por ende, para ellos,  cualquier sistema que no permita la creación de nuevos partidos sería considerada una dictadura.

¿Qué significa todo esto?

Que en esta nueva concepción de democracia, esta ya no sería el poder del pueblo. En la nueva definición, por parte de los conservadores, una democracia debería ser definida como la capacidad de los pueblos de organizarse en partidos políticos y participar del juego de las elecciones (con los correspondientes beneficios que esto traería: el que te paguen por no hacer nada en los parlamentos, que el estado financie tu partido político, y el tener la posibilidad, de vez en cuando, de sentarte a gobernar). Es decir, cualquier sistema que garantice una burocracia holgazana en un parlamento será considera democracia. Toda aquella en lo que no exista el juego de las elecciones: una dictadura.

El caso de Chile

El caso de Chile es magistralmente ejemplar de ambas situaciones. Durante la década de los 70 y 80 en el país se experimentó una cruel dictadura. Se anularon los partidos políticos y se persiguió a todos aquellos con tendencias de izquierda y se estableció un modelo de mercado liberal, con fuerte enfoque en el extractivismo. Sin embargo, luego de años en las calles, finalmente se permitió, mediante un plebiscito, que la gente decidiera si quería que la dictadura siguiese o se llamase a elecciones democráticas. La respuesta de la gente fue notable, y pese al miedo, la opción de poner fin a la dictadura triunfó.

Sin embargo, una vez inaugurada la “democracia”, por allá a comienzos de los años 90, con partidos políticos, parlamento, etc. Poco a poco la gente se fue dando cuenta que las cosas no cambiaron para mejor. Se mantuvo el modelo económico establecido en dictadura, se fortaleció el modelo exportador en desmedro del desarrollo de una industria local más fuerte, y sobre derechos sociales, ni hablar: la salud no es un derecho y la educación tampoco, pues las versiones públicas de ambas han sido abandonadas a su suerte con la esperanza que todo el mundo se pase al mundo privado y, obviamente, pague por estos “derechos”.

Es decir, la nueva “democracia” chilena, con elecciones periódicas, partidos políticos, etc. No ha logrado cambiar nada este país desde que se impusiera la dictadura fascista el año 1973. Es decir, el tener partidos políticos, y el que estos no representen a nadie, es igual o peor a estar en dictadura.

Tal vez alguien dirá: “Pero antes se mataba y torturaba por pensar distinto, y ahora no”.

Pues buen, yo digo: “Quizás ahora no se mate y torture masivamente, pero se sigue haciendo de manera más sutil. Con encarcelamientos injustos de luchadores sociales y asesinatos selectivos”.

¿En definitiva?

La democracia no es del pueblo, la democracia es de unos pocos que se disfrazan de políticos y participan, lucran y viven del juego de las elecciones, nada más. La democracia es una cosa de las elites, un engranaje en el que el pueblo y su opinión no valen nada. Si me dieran a elegir entre la “dictadura” cubana, la “democracia” gringa, o la “democracia” chilena, claramente me quedo con la “dictadura” que se preocupa de educar a su población y de darle salud gratis y de calidad. Es decir el sistema cubano. Y es que: ¿Qué es el hombre? ¿Su salud y su educación? o ¿los bienes que acumula? Al menos para mí, es más importante la salud y la educación.

Por Pablo Mirlo

Publicado en Revista Pluma Roja Agosto 2016

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El arquitecto del sonido – Parte 2

En el artículo anterior hablamos sobre el proceso creativo que experimentó el músico argentino Gustavo Cerati a comienzos de los 90 y en cómo eso repercutió tanto en su carrera solista como junto a Soda Stereo. En esta oportunidad, abordaremos el periodo entre el álbum Confort y música para volar (Soda Stereo) y su último álbum de estudio Fuerza Natural y veremos cómo las sonoridades involucradas en su trabajo, en vez de ir desapareciendo con el paso de los años, se convirtieron en su marca registrada. Acompáñenos.

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Confort y música para volar (1995)

Llevaba años entre los ejecutivos de la cadena de música MTV la idea de poder invitar a Soda Stereo a ser parte de su afamada serie de conciertos desenchufados MTV Unplugged. Sin embargo, el trío argentino se negaba a participar, tal vez por el hecho de tener que sonar en formato totalmente acústico, siendo que su potencia y despliegue creativo, como ya hemos apuntando en el artículo anterior, se centraba principalmente en las atmosferas sonoras creadas a través de pedales de efectos, sintetizadores y demases juguetes sonoros. Sin embargo, luego de muchos intentos, en septiembre de 1996, el deseo de los mandamases de MTV finalmente se cumplió, y Soda Stereo entraba a los estudios de MTV en Miami, EE.UU para registrar una de sus presentaciones más aclamada y recordada.

Pequeños grandes detalles

Una de las razones de lo histórica de su presentación para MTV es que, pese a ser parte de la serie de conciertos desenchufados, si hubo algo en lo que no escatimaron, fue en cables, guitarras eléctricas y sintetizadores. Al parecer, solo estuvieron dispuestos a ser parte del proyecto si podían traer más sonoridades a su presentación y, tal vez, bajar un poco la velocidad de las canciones, algo que, claramente, se duda, luego de la estruendoso final del concierto con el cover de la banda argentina Vox Dei, Génesis que resultó en un deleite para los amantes del rock progresivo. El resto de las canciones, simplemente, superaron con creces las expectativas. La versión sublime de En la ciudad de la furia interpretada en compañía de Andrea Echeverri de Aterciopelados, solo vino a demostrar que solo alguien como Cerati podía reversionarse y sonar incluso mejor que el producto original. Con Ángel eléctrico y Un misil en mi placard pasa algo parecido. La versión de la primera suena muchísimo mejor que la versión del álbum lanzado apenas un año antes, y la versión de la segunda, suena totalmente renovada. Y es que eso tenía Cerati, la capacidad de convertir una canción que ya era buena, en algo totalmente extraordinario. En el caso de Un misil en mi placard, se puede establecer un claro ejemplo entre la evolución y la curiosidad constante del artista por la búsqueda de nuevas sonoridades, dado que en la versión de los 80 se aprecia sus marcadas primeras referencias musicales que, como el mismo reconoció en algunas entrevistas, tenían más relación con el reggae que con el rock propiamente tal.

Es por todo esto que el valor de este álbum es gigante, pues ofrece un sonido nuevo pese a contener canciones ya conocidas. Además, es clave en la carrera de Soda Stereo, pues marca, a mi parecer, el broche de oro a una carrera musical que, a esas alturas, ya los tenía encumbrados en la historia del rock en español.

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Bocanada (1999)

Corría el año 1999, ya habían pasado 2 años desde el fin de Soda Stereo, y Gustavo Cerati aparecía desde las sombras con un álbum complejo, intrincado, experimental y rico en lo sonoro: Bocanada.

Si antes Cerati ya había experimentado con sonidos electrónicos, fue en Bocanada donde desplegó toda su capacidad experimental en la producción de un álbum que lejos de sonar como un recocido de su etapa con Soda Stereo, sonaba fresco y novedoso.

Canciones como Tabú, con su incesante bajo repitiéndose como un mantra. Bocanada y su ritmo cadencioso o Puente, que es de esas canciones que sientes que solo en lo sonoro ya le dice algo a esperanzador a tu espíritu, nos mostraban ese hambre inquieto de Cerati de no quedarse a dormir en los laureles del pasado y enfrentar de cara esta nueva etapa en lo musical, donde todo estaba permitido.

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Siempre es hoy (2002)

Siempre es hoy siguió la tónica de la experimentación, y es que Cerati destacó en su carrera por no volver atrás o quedarse haciendo canciones que le dieran de comer o que le garantizaran esa cosas que tantos artistas persiguen y que los hace incluso traicionarse a sí mismos con tal de conseguir el éxito. No, Cerati no se hizo responsable de las viudas de Soda Stereo, ni tampoco prestó oídos a aquellos que lo encasillaban como otro “pop star” y que solo estaba preocupado de las máquinas y no de las guitarras. Cerati fue un rockero con todas las de la ley y lo demostró tocando y haciendo canciones que quizá, en lo sonoro, no eran de “rock”, pero en la actitud, claro que sí. ¿Acaso alguien puede dudar de la actitud rockera de Sulky? Una canción que a uno le recuerdan esos viejos ídolos a los que Cerati confesó admirar: Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa. Y es que Gustavo supo distinguir el rock entre las composiciones de estos gigantes del folklore sudamericano y adaptarlo a su trabajo. Qué decir de Vivo, la canción favorita del artista. En ella se despliega otro homenaje en lo sonoro a sus artistas favoritos como Led Zepelin y por qué no decirlo, también algo Floydiano y Guilmoriano en esa guitarra, el resultado, una canción que se convierte en leyenda.

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Ahí vamos (2006)

Sin embargo, luego de años experimentando en lo electrónico y con ciertos coqueteos con el rock más formal en sus previos trabajos, fue en Ahí vamos donde Cerati, finalmente, logró cerrar la brecha existente entre los antiguos seguidores de Soda Stero y los nuevos seguidores de su carrera solista.

Para cerrar la brecha decidió volver al rock más crudo, las máquinas electrónicas pasaron a un segundo y tercer plano, y en el plano escrito, sus letras se grabaron como fuego en muchos nuevos y antiguos fanáticos.

Crimen enmarcó de manera majestuosa la metáfora de aquellos amores que se terminan y de los cuales solo quedan un montón de preguntas sin resolver. Adiós nos enseñó que saber aceptarlo es una forma de crecer y Lago en el cielo, con su sonoridad onírica, nos enseñó el lugar al que aspirar y llegar a descansar o escapar luego de exponer nuestras almas a las heridas y golpes de la vida.

Sin duda, Ahí vamos se convirtió en un álbum bisagra en la carrera de un artista que parecía sentirse cómodo en el cualquier tipo de estilo, ya fuese este electrónico o más rockero. Él podía salir y entrar de cualquier tipo de música y no perder su estilo propio en el proceso.

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Fuerza natural (2009)

Y finalmente llegamos al final de su obra: Fuerza natural. Se trata del álbum que el artista mismo reconoció, una vez publicado, era un trabajo con el que se sentía contento y realizado ya que si fuese su último álbum, cumplía con todas sus expectativas. En el fondo sentía que podía morir tranquilo luego de su publicación. Quién imaginaria que esas palabras resultarían ser proféticas luego de sus accidente cerebrovascular en mayo de 2010 y posterior deceso el 4 de septiembre de 2014.

El álbum pareciera ser un resumen de toda la carrera del artista en lo sonoro. Hay un pedacito en cada canción que recuerda sus años previos. Quizá por eso sentía que era su obra cumbre. Canciones como Magia dan cuenta de esa incasable búsqueda de nuevas sonoridades y es qué ¿cuántos instrumentos podemos identificar en esa canción? Cactus, en una parada más acústica y reflexiva da cuenta de sus experiencias vinculadas con plantas enteógenas en sus pasos por México. Y Convoy, con esa voz como sacada de un sueño que recuerda a clásicos como #9 dream de John Lennon, es verdaderamente un viaje por las estrellas en lo sonoro y lírico.

Gustavo Cerati logró en el espacio un poco más de un cuarto de siglo cambiar el mapa sonoro de todo un continente. Su música sigue influenciando a muchos nuevos artistas y músicos que quizá inspirados luego de verlo en el MTV Unplugged se decidieron a colgarse la guitarra y comenzar una banda. Las sonoridades de este artista y su experimentación lo ubican entre los más grandes del rock mundial.

Yo siempre he dicho que si Cerati hubiese nacido en Inglaterra o EE.UU tendría un lugar reservado entre los más grandes de la música a nivel mundial, ahí al ladito de Hendrix, Cobain o Bowie. Sin embargo, nació en Sudamérica, en Argentina, y eso no lo hace menos importante, es mas, lo hace más especial, pues sentimos como propio su legado y la ruta que nos marcó a seguir, quizá sin proponérselo, pero eso hacen los grandes, marcan las épocas e influyen en los pueblos con su talento, sin quizá muchas veces buscarlo ni planearlo de antemano.

Gustavo Cerati, sobre todas las cosas, fue un arquitecto del sonido. He ahí su gran legado, como marcara otro grande, Charly García. Hizo del sonido su especialidad y en ello desplegó su infinita capacidad de hacernos viajar al escuchar sus canciones, como el mismo cantara, sin movernos de aquí.

Sea donde sea que este, de seguro sigue creando sonidos que alguna vez bajaran a los oídos de los atentos, es cosa de esperar, tal vez, como cantara en Puente: un día más.

Por Pablo Mirlo

Publicado en Revista Pluma Roja Junio 2016

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Hablen con los poetas y artistas de la palabra

He descubierto que tengo una afición que se ha venido cultivando con el paso de los años, el leer entrevistas de poetas y artistas de la palabra. Y es que claro, a los poetas y escritores se les suele medir por su obra, pero pocas veces uno se detiene a escucharlos reflexionar sobre la vida, la cotidianeidad, la política, etc. Lamentablemente vivimos en un mundo donde los que más hablan, son los que menos saben. Y los que más saben, nadie los consulta. En esta última categoría se encuentran los poetas y escritores.

Y es que a veces escucho políticos hablando tanta estupidez, que pienso ¿por qué no van y mejor le preguntan a un poeta como solucionar tal o cual problema? Quizá, el poeta no tenga todas las respuestas, pero sí que tendrá algunas ideas que decir, pues ¿qué es un poeta si no tiene de aliada a la creatividad? Pienso que muchas cosas se podrían solucionar con un poco de creatividad de los poetas y artistas de la palabra.

Es así que, leyendo a poetas y escritores, he encontrado algunas reflexiones que me parecen geniales:

Por ejemplo, la siguiente, que se la hicieron al poeta chileno Armando Uribe en el semanario The Clinic.

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¿Por qué no ve tele?

Es tramposa. Salvo en casos raros, es un aparato de un tamaño que enaniza. O sea, transforma en enanos a los seres humanos que aparecen en esas pantallas. Y eso induce a que uno los desprecie.

La reflexión me pareció genial, porque por lo general, cuando entrevistan a gente en la tele, sobre todo artistas, la mayoría siempre dice con cierto desdén, que no ven tele porque no les gusta, les parece aburrida o poco valiosa, lo cual me parece cierto. Sin embargo, solo a un poeta se le podría haber ocurrido la reflexión de que la tele enaniza a la gente y la vuelve despreciable. No sé a ustedes, pero a mí, me pareció genial esta manera de percibir la televisión como concepto y en cómo afecta la percepción de quienes aparecen en pantalla. Se puede apreciar incluso algo de lo planteado por Platón en su alegoría de la caverna y las sombras.

La siguiente reflexión, no es de un poeta propiamente tal, pero sí de un gran escritor y persona muy creativa, Jorge Baradit.

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                      Jorge Baradit

Cuando en el Anuario 2014 de Poesía y Crítica entrevistaron al escritor chileno y le preguntaron cuáles eran las influencias más grandes para su trabajo, luego de nombrar a sus autores favoritos, las películas que lo influenciaron o las mitologías de las que se impregnó, lanzó la siguiente reflexión con respecto al mundo que nos rodea y lo que realmente le interesa a la hora de escribir:

Me interesaban esos otros mundos, este mundo me vale madre, este mundo es un jardín consensuado y detrás hay monstruos, esta plaza en la que estamos es una caricatura linda, cuando los que están pasando por acá se quieren matar. Hay gente que tiene psicópatas dentro, súper controlados, hay cajas de metal que pasan a 90 kilómetros por hora y la gente está parada al lado paseando. Sobre nuestros cielos hay asteroides a kilómetros de la tierra todo el rato, estamos al borde de la extinción, todos olvidamos que nos vamos a morir, que nos van a matar, que vamos a tener una enfermedad espantosa. Todos vivimos en un punto ciego que nos hace no volvernos locos. Bueno, ese punto ciego ya está, no me interesa, me interesa lo otro, me interesa ver qué hay un poquito más allá, escarbar debajo de la piel, hacer un hoyo y ver qué hay debajo. A lo mejor hay detenidos desaparecidos, hay torturadores, monstruos, minotauros, sangre… no sé. Me interesa la mostruosidad”.

Cuando leí su visión de las cajas de metal a 90 kilómetros por hora que pasan a nuestro lado, lo encontré genial. Y es que es verdad, muchas veces paseamos tranquilos por las calles sin pensar que en cualquier momento, una de esas cajas se sale de su camino, y hasta ahí llegamos. Si bien, el estableció ese ejemplo, y otros, para decir que eso no es lo que le interesa como tal, a la hora abordar su trabajo literario, es interesante destacar que solo un escritor, una mente creativa como esa, podría darse cuenta de aquel constante peligro en el que vivimos y tomarlo como inspiración, y no para escribir de ello, sino que todo lo contrario, sino que para buscar e indagar en otros aspectos aun más lúgubres, sórdidos o monstruosos de esta misma realidad que ya es lúgubre, sórdida y monstruosa.

Es por eso que los poetas y artistas de la palabra en general, son personas interesantes. Me gusta mucho leer sus reflexiones, pues siempre ofrecen un nuevo ángulo para ver algo que uno ya había visto, pero nunca de la manera como te la muestran ellos. Es por eso que es importante leer a los poetas en lo que dicen más allá de su obra, pues conocer sus opiniones, para bien o para mal, siempre enriquecen nuestra visión del mundo.

Si vivimos en mundo dominado por gente tan poco creativa, gente que solo obedece a manuales y a lo que le dijeron desde arriba o lo que fijaron en piedra sus predecesores.  Si vivimos controlados por maníacos del dinero, gente enferma de avaricia, y extrañamente, millones de personas ponen su confianza en esta tropa de desalmados, ¿por qué no podríamos mejor confiar en la voz u opinión de los poetas y artistas de la palabra? Ya lo decía Gabriela Mistral: lo que el alma hace por el cuerpo, es lo que hace el artista por su pueblo.

Hay que escuchar a los poetas, hay que escuchar a los artistas de la palabra. Ellos nos pueden enseñar algo que, tal vez, nos cambie la vida.

 Por Pablo Mirlo

Publicado en Revista Pluma Roja Junio 2016

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¿Existe la realidad?

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A menudo vamos por la vida dando por hecho muchas cosas. Por ejemplo, al mirar el cielo en un día despejado, es muy probable que lo veamos en alguna tonalidad de celeste (dependiendo de la hora del día) y que si alguien viniera y nos dijera que el cielo es de color verde, probablemente, no le creyéramos, simplemente, porque jamás lo hemos visto de ese color. Sin embargo, ¿qué pasaría si, por ejemplo, esa persona percibe de manera diferentes los colores, y lo que para nosotros siempre ha sido celeste, para ella es verde? ¿Significaría eso que la realidad del color del cielo para ella no es la correcta, solo por ser distinta a la nuestra?

Me hago estas preguntas pues la realidad cada vez me parece más que nada un conjunto de convenciones instauradas por quién sabe quién, para establecer un “orden”, una “norma” y una “verdad”, dejando de lado y desechando todo aquel y aquello que no se ciña a lo que algunos denominan como la “realidad”. Sin embargo, ¿qué tal si, después de todo, no existiera una sola realidad?

Dicen que los perros tienen un olfato entre 10 mil y 100 mil veces más potente que el del ser humano. Esa capacidad olfativa le permite no solo distinguir entre diferentes aromas, sino que, además, percibir o reconocer cosas o personas a grandes distancias. Que los perros posean esta capacidad, y nosotros no, no significa que su realidad sea la correcta y la nuestra, no. Sino que, simplemente, ellos perciben su entorno de manera diferente.

El ojo humano solo percibe los colores que se encuentran dentro del espectro de colores entre el infrarrojo y ultravioleta. Todo lo que esté por debajo o por sobre de estas fronteras, nos está vedado, visualmente, no existe para nosotros. Pero no por ello significa que no exista. Hay instrumentos que miden esas regiones, e incluso, animales que pueden verlas sin problemas.

En el caso del sonido, sucede algo parecido. El ser humano solo percibe todo aquello que se encuentre en entre el infrasonido y el ultrasonido. Sin embargo, como en los casos anteriores, existen especies capaces de percibir más allá de las fronteras de lo que a nosotros nos está permitido, y por ende, su realidad es diferente a la nuestra.

Si mezclamos color azul y amarillo, nos tendría que dar como resultado verde. Sin embargo, ¿qué colores vería una serpiente que, por ejemplo, ve en la gama de infrarrojos? ¿Vería el verde como lo vemos nosotros? o ¿Solo percibiría el color como una fuente de calor y no un color?

Se nos ha enseñado a percibir el mundo con 5 sentidos, pero, ¿y si hubieran más sentidos que todavía no hemos desarrollado? O ¿si tuviéramos la capacidad de utilizarlos, pero no sabemos cómo? ¿Significaría esto que, esta realidad, no es sino más que una representación reducida de lo que podemos ver en estado primitivo, pero que aún podríamos ver más si evolucionáramos como especie?

¿Qué significa todo esto? La verdad, no tengo idea. Solo siento que tal vez, la realidad, como concepto, no exista. Tal vez, todo lo que vemos, sentimos o percibimos, solo sea una forma de ver, sentir o percibir cosas, que pueden ser experimentadas de miles de otras maneras y no por ello, van a resultar más o menos reales.

Pretender que el cielo es celeste, que la noche es negra, que el invierno es frío y que el Sol brilla, tal vez, solo sea real para nosotros, como seres humanos, sin embargo, no podemos ignorar que hay muchas más especies en este planeta, y que, para ellas, quizás las cosas no tengan colores, las cosas no brillen, o quizá, ni siquiera se puedan medir entre ni frías, o cálidas.

No creo que exista una realidad. No creo que esta sea la única realidad. Debe de haber muchas más, y el hecho de que no las percibamos ahora, no significa que no existan, es sólo que todavía no nos despojamos de este antropocentrismo que nos impide tener una visión global y horizontal de nuestra posición en relación a todo el universo y sus seres.

¡Despojémonos de la realidad!

Por Pablo Mirlo

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Publicado en Revista Pluma Roja Mayo 2016

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El arquitecto del sonido Parte 1

“Gustavo Cerati fue un arquitecto del sonido”

Charly García

“Ella durmió al calor de las masas, y yo desperté, queriendo soñarla…” ¿Quién no conoce aquellos ya clásicos primeros versos de la canción De música ligera de Soda Stereo? Cuando la canción fue publicada como el segundo sencillo del álbum Canción animal, por allá por 1990, pocos tenían dudas de que sería el himno definitivo del rock en español, y por ende, la marca registrada de Soda Stereo, y así fue. La canción escaló rápidamente los primeros puestos de los rankings radiales, y el álbum siguió una suerte similar, vendiéndose como pan caliente en todas las disquerías de Latinoamérica. Soda Stereo, se graduaba con éxito en la arena de la masividad. Sin embargo, pese a este rápido ascenso, para mí –no más que un mero fanático de la música, y el rock en particular–, no me dejaba de parecer nada más que una canción pegajosa dentro del amplio repertorio de Soda Stereo, nada especial. No sería sino recién hasta bien entrados los años 2000 que, mi percepción de Soda Stereo, cambiaría.

Luna roja, Primavera 0, Toma la ruta, En remolinos, Planeador, Paseando por Roma, Claroscuro y Ella uso mi cabeza como un revolver, fueron algunas de las canciones que cambiaron toda mi opinión de la música de Soda Stereo y que me invitaron a hundirme en el fenómeno de la banda y, posteriormente, en la carrera solista de Gustavo Cerati. Carrera solista que, ahora comprendo bien, era la única salida para todo el universo sonoro que revoloteaba por la cabeza del músico y que en Soda Stereo, pese a su grandeza, no lograba encausar en su totalidad.

Benditos años 90
Decir que la creatividad de Gustavo Cerati en los años 90 estaba por los cielos, es poco. El músico argentino viajaba un millón de años luz hacia el futuro y regresaba con sonidos, ideas y arreglos en sus composiciones dejando en claro que no pasaría desapercibido y que, su creatividad, estaba a tope.

Luego del lanzamiento de Canción animal, por parte de Soda Stereo y su arrollador éxito, la banda lanza en 1992 el álbum titulado Dynamo, un álbum tan impresionante en su producción, que si usted lo escucha hoy día, notará que pareciera ser un disco que fue lanzado ayer mismo al mercado. Así de vanguardista y arriesgado fue su producción, sonido y propuesta. La gira que lo sucedió no se quedó atrás, y es por muchos afirmado que fue por lejos el periodo más espectacular de la banda, con conciertos a todo volumen y un baño sonoro que hacía de la experiencia en vivo, algo surreal y psicodélico nunca antes visto en la banda.

Sin embargo, pese a la genialidad de Dynamo y su correspondiente gira, cabe preguntarse cuánta influencia habrá tenido en su gestación el trabajo realizado por Cerati y el músico argentino Daniel Melero a comienzos del mismo año 1992 en otro álbum titulado Colores santos. Este álbum es de vital importancia en la carrera de Cerati, pues marca la primera experiencia oficial fuera de la maquinaria que era Soda Stereo en ese momento y, además, nos brinda un primer vistazo a toda la paleta de colores sonoros que el músico argentino estaría dispuesto a explorar en los siguientes 19 años. Si bien el álbum no tuvo una gira oficial, ni gozó de una gran promoción, Gustavo sí se encargó, a través de su carrera solista, de interpretar siempre varias de las canciones grabadas de en aquel trabajo, que para muchos hoy en día, es una obra de culto dado los estilos musicales abordados, las temáticas de las letras de las canciones y la exploración sin límites llevada adelante por Cerati y Melero.

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Es por esto que me parece innegable obviar en este periodo de la carrera de Gustavo la asociación existente entre Colores santos, Dynamo y el primer álbum oficialmente solista que lanzó el año 1993: Amor amarillo. Dado que, como bien dijera en alguna entrevista el mismo Cerati, todos estos álbumes no eran sino el resultado de un germen que ya se estaba manifestando con antelación en Canción animal: el germen de la experimentación.

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Y es que en los noventa, la música de Cerati ya deja de ser algo simple, y la constante búsqueda del músico lo lleva a experimentar diferente arreglos. Entre ellos se cuentan una mayor utilización de sonidos computarizados, la inclusión de diversos efectos de guitarra y baterías en sus canciones, sin que estas se vean afectadas por tantos detalle, al contrario, su música se convierte en un verdadero espectáculo pirotécnico para los oídos. El sonido hipnótico, por ejemplo, de Rombos en Amor amarillo es una clara invitación a dejarse volar por los sentidos y sensaciones. Pulsar se convierte en un verdadero viaje acústico. Y qué más se puede decir que no se haya dicho antes del gran cover de la canción Bajan de Luis Alberto Spinetta realizado por Gustavo Cerati. Claramente Gustavo estaba dispuesto a tributar a unos de los más grandes de la música argentina y no morir en el intento. Es más, de paso, logra que muchas cabezas se giren a mirar lo que estaba haciendo y que ya no lo vieran simplemente como el líder Soda Stereo y el creador de De música ligera. El músico presentaba sus credenciales de genio y lo hacía con propiedad.

De ahí en más las cosas nunca fueron las mismas. Soda Stereo nunca volvió a sonar como en los ochentas, y en buena hora fue así. El viaje experimental de Gustavo Cerati en lo individual influía de manera poderosa en los rumbos sonoros que ahora tomaba Soda Stereo y que alcanzarían un maravilloso final y expresión en su último álbum de estudio: Sueño Stereo.

Sueño Stereo, lejos de ser un título presuntuoso, era respaldado fielmente por una amalgama de sonidos, arreglos y composiciones que de verdad lo convertían en un verdadero sueño sonoro. Disco eterno perfectamente podría sonar eternamente y no agotarnos nunca. Crema de estrellas y ese final tan Beatle testificaba de aquellas tempranas inclinaciones musicales de Cerati. Y Ella uso mi cabeza como un revolver dejaban en claro que el músico ya estaba en un nivel totalmente superior en cuanto a creatividad de se trataba, tanto en lo musical como en lo expresado en sus letras.

En este etapa, se puede decir que los discos y las composiciones ya no iban tan dirigidos hacia las masas –si es que alguna vez lo planificaron así como banda– ahora solo sonaban como la música que ellos les gustaría escuchar. ¡Y qué bien sonaban!

Nunca un disco llevó tan bien puesto su nombre como su último trabajo: Sueño Stereo.

Pero aún faltaba más…

En el siguiente artículo abordaremos el periodo de Gustavo Cerati desde Comfort y música para volar hasta Fuerza Natural.

 ¡No se lo pierda!

Por Pablo Mirlo

Publicado en Revista Pluma Roja Mayo 2016

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About a son

About a Son es el nombre del documental que, desde mi humilde punto de vista, mejor aborda el universo del emblemático líder de la banda estadounidense Nirvana: Kurt Cobain. La obra dirigida por Aj Schnack, basada en las entrevistas realizadas por el periodista Michael Azerrad para su libro Come as You Are: The Story of Nirvana, nos permite viajar en tres diferentes estados a conocer en mayor detalle la historia Kurt: estado musical, estado visual y estado mental. Y de esta manera, lograr una mayor comprensión de quién fuera el hombre detrás de los sonidos que marcaron a toda una generación.

ESTADO MUSICAL

Una de las cosas que destaca de este documental, es el especial trato que se le da a la banda sonora del mismo. La música presente, pese a no tocar una sola canción de Nirvana (lo más probable por no contar con los permisos necesarios) logra una conexión especial con el espectador, pues lo pone a la misma altura del protagonista. Tanto el espectador como Cobain, pasan a ser melómanos estudiosos de los artistas y sonidos de aquellos años. Además, la banda sonora nos permite también, adentrarnos en otro fenómeno: el viajar a los oídos de Cobain y vivir con él las anécdotas que nos va contando, como si estuviéramos sentados en el living de su propia casa.

Es así como, por ejemplo, cuando Kurt cuenta una anécdota de cuando acompañaba a su papá al trabajo, no podemos evitar sentir que estamos con él escuchando a Queen en la van de su padre. O cuando habla de unos de los covers que grabaron de Creedence Clearwater Revival, y de fondo, suena Up Around the Bend. Todos momentos preciados para el buen observador.

La música no es un mero adorno en este trabajo. Las letras de las canciones y sus autores, también son parte de la narración de la historia de Kurt, y mejor aún, nos transportan a los sonidos que inspiraron, provocaron y causaron curiosidad en la mente de un todavía, joven Cobain. Desde ese punto de vista, es valiosísimo el aporte musical de este documental, pues nos permite vivenciar el proceso creativo del artista, y desenvolver con él la madeja de lo que terminaría siendo expresado, finalmente, en su trabajo discográfico.

ESTADO VISUAL

Otro punto a favor de este documental, es la fotografía. Y es que About a Son no escatima en recorrer calles, puentes, librerías, callejones, carreteras, casas rotas, patios, veredas y árboles. Todos estos parajes permiten al espectador comprender en una dimensión visual, todo lo que Kurt presenció. Partiendo en Aberdeen, la ciudad natal de Cobain, para luego pasar por Olympia, y terminar en Seattle. Todas estas ciudades nos pintan una imagen de lo que fuera el entorno físico del músico, y cómo estos fueron moldeando su carácter a medida que los fue conociendo y dejando. La fotografía del documental se hace rica en paisajes nublados, lluviosos y de apariencia fría, todo los cual parece encajar muy bien con los sonidos crudos y afilados que terminarían saliendo como rayos de la guitarra de Kurt. En lo personal, disfruto mucho cuando en la pantalla ves las realidades que rodean al artista, pues sería fácil mostrar su mansión, o su vida tras el éxito. Pero no, en este caso, se muestra la crudeza del entorno; la vida antes del estrellato. Pienso que cuando se muestra la realidad de esta manera, se puede apreciar mucho más al artista y su trabajo final.

ESTADO MENTAL

Conocer a un artista –o cualquier persona– por lo que dice, y no por lo que dicen de él, pienso que es una de las grandes cosas que todos deberíamos hacer de vez en cuando si de verdad admiramos a ese artista o persona. En este aspecto, el documental cumple a cabalidad con ese propósito, pues no nos presenta un relato acerca de Kurt Cobain, o gente hablando de él. No, es Cobain mismo hablándole al espectador. Son sus palabras y reflexiones las que podemos oír, sin intermediarios. Esta forma de presentar al protagonista, obviamente, lo deja expuesto al escrutinio del público o sus críticos. Sin embargo, a diferencia de otros documentales, en este caso, el protagonista sabe que está siendo entrevistado, y como tal, dice lo que mejor le parece. Ya sea que esto pueda gustarle o no al resto, ya no es problema de él. Él solo presenta su verdad, su historia, sus temores, sus conflictos, en definitiva, su vida. Y ante eso, hay que agradecer este tipo de forma de presentar a Kurt, pues saber su opinión sobre el estado del rock (especial atención a su reflexión con respecto al estado el rock en 20 años más, es decir nuestro ahora. Su visión es totalmente certera). O su opinión con respecto a las drogas, el periodismo, el divorcio o la tecnología, por nombrar solo algunos ejemplos, resulta fascinante para el espectador si este pretende lograr una comprensión más profunda del artista y su trabajo. Pues detrás de cada obra siempre hay una gran razón o, tal vez, ninguna, pero eso queda a libre interpretación nuestra, no a lo que alguien más nos diga.

A 22 años de la partida Kurt Cobain, pienso que esto es una buena manera de seguir escarbando en los recovecos de su trabajo y encontrar nuevas gemas que nos sigan asombrando e invitando a comprender todo su universo –ya sea que este fuera de la Tierra o extraterrestre, tal y como a él le gustaba pensar– es un viaje al cual los fans de su trabajo, no pueden renunciar.

Por Pablo Mirlo

Publicado en Revista Pluma Roja Abril 2016

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Gracias, Kobe

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Talentos generacionales los llaman en distintos deportes. Hablamos de esos jugadores únicos en su estilo de juego que aparecen cada cierto tiempo y dejan huella debido a su talento y evidentes destrezas muy por encima de las del resto de sus contemporáneos.  En la historia de la NBA –que es el deporte en el cual brilló el personaje de quien les hablaré aquí– hay varios de estos casos, como por ejemplo: Wilt Chamberlain, Kareem Abdul-Jabbar, Larry Bird, “Magic” Johnson o Michael Jordan, por nombrar solo algunos. Los cuales, cada uno en su respectivo lugar y tiempo, se encargaron de hacer ilusionar a millones de personas, o niños que los miraban, con llegar a ser algún día como ellos y deslumbrar al mundo con sus habilidades. En lo que a mí respecta, no tuve el privilegio de ver a los jugadores antes mencionados, por ende no alcancé a soñar con ser como ellos. Del único que tengo recuerdos –y vagos recuerdos– es de Michael Jordan, pero más que nada por haber escuchado su nombre. No alcancé a verlo jugar.

Sin embargo, no pasaría mucho tiempo hasta que el destino fuese benévolo conmigo y me proporcionara mi propio ídolo. Ese talento generacional que se convertiría no solo en mi referente, sino que en el de millones de personas alrededor del mundo. Sí damas y caballeros, hablo del hombre que este mes deja las canchas de basquetbol para siempre y que se encargó de mostrarnos que lo imposible, para él, no existía. Hablo de la leyenda: Kobe “La Mamba Negra” Bryant.

Y es que hablar de lo aparentemente imposible, es hablar del gran Kobe. La super estrella de los Lakers, quien esculpió su juego a imagen y semejanza de su gran ídolo, Michael Jordan, dejó huellas y marcas indelebles en las retinas de todos aquellos que lo vieron entrar a una cancha, ya fuese como rival o como parte tu equipo favorito. Y es que el escolta de los Lakers destacó toda su carrera por su pasión por el juego y ese espíritu de lucha indomable que lo impulsaba a lograr hazañas casi imposibles, incluso cuando sus oponentes creían que ya estaba derrotado.

Cómo olvidar, por ejemplo, aquel decisivo partido 7 en las finales de la conferencia del oeste entre los Portland Trail Blazers y Los Ángeles Lakers, cuando los Lakers entraron al último cuarto del juego perdiendo por 13 puntos (58-71) y lo terminaron dando vuelta para ganarlo por 89 a 84, todo gracias a una gran actuación de Kobe. Recuerdo con especial cariño ese juego, ya que fue el primer juego que vi de los Lakers. De ahí en más, nació un cariño y fanatismo por ese equipo que hasta hoy perdura. Ese año terminarían ganando las finales de la NBA, y el siguiente también, y el subsiguiente también. Fueron tres años de completo dominio del equipo angelino en la NBA, con el gigante Shaquille O’Neal y la emergente leyenda, Kobe Bryant, a la cabeza.

Sin embargo, más allá de los títulos o los juegos ganados o perdidos, es la mentalidad lo que muchos destacan de Kobe. Y es que no se dejaba intimidar por nada, ni siquiera por las lesiones. No son pocas las veces que jugó con dedos dislocados, tobillos hinchados, rodillas magulladas. Nada de eso le impedía salir a jugar. Tampoco la adversidad le impedía ofrecer actuaciones memorables, como la mítica noche del 22 de enero del 2006, cuando su equipo se encontraba por detrás en el marcador y necesitaba de él para poder ganar. Y la “Mamba” proveyó. Esa noche Bryant anotó nada más y nada menos que 81 puntos. ¡El único jugador que ha anotado más puntos que él en un solo partido es Wilt Chamberlain, quien anotó 100 puntos! ¡En el año 1962!

Preguntado luego del juego, acerca de su actuación, Kobe solo respondió que eso era un testimonio de lo que se puede lograr cuando alguien no se pone límites y siempre aspira a lograr más. Y el sí que aspiraba y soñaba en grande. Kobe era un talento generacional. Y lo siguió demostrando con creces en esa temporada, y entre los años 2007 y 2010, donde tuvo actuaciones notables, muchísimos partidos de más de 40 puntos y dos títulos más.

Sin embargo, al final de cuentas, Kobe era tan humano como nosotros y el 2013 marcó el año definitivo en el que vimos por última vez a la mejor versión de Bryant. Y es que en ese año, mientras luchaba por meter a su equipo en los playoffs, su cuerpo no resistió más y su tendón de Aquiles cedió. Lo que acabó su temporada, y por qué no decirlo, su carrera.

El año 2014 intentó regresar, pero una nueva lesión en la rodilla lo tuvo varias semanas fuera. Luego fue su hombro. Y nuevamente, lo vimos perderse meses de juego por estar en rehabilitación. El año 2015 volvió a la carga, pero su cuerpo parecía no seguir lo que su mente quería, y luego de un par de semanas avanzada la temporada actual de la NBA, anunció que se retiraba al final de esta. El 13 de abril de 2016.

Y así llegó el mes de abril y la hora de decir adiós al juego que tanto amo. Bryant fue un grande, pues tomó la antorcha y llenó el vacío dejado tras el retiro del inmortal Michael Jordan y se encargó de seguir haciendo magia en el deporte del basquetbol, con clavadas, volcadas o mates, como usted desee llamarlas, que hicieron que millones, como yo, pusiéramos los ojos en este deporte.

Cómo olvidar sus tiros en tiempo decisivo, los que se volvieron su marca registrada. Son innumerables los triples en los últimos segundos del juego para ganar partidos. O su forma de postear de espaldas al aro, para luego girar y lanzar en retirada. Un tiro que muchas veces le dio la victoria en juegos apretados. En fin, son muchos los recuerdos y faltan las palabras.

Tras 20 años de carrera, 5 títulos con los Lakers, dos veces elegido el jugador más valioso de las finales, un título de jugador más valioso de la NBA en la temporada 2006-2007, tercer lugar en el ranking de jugadores que más puntos han anotado en la historia de la NBA (solo detrás de Kareem Abdul-Jabar y Karl Malone), dos medallas de oro olímpicas con la selección de Estados Unidos y 18 nominaciones al Juego de Estrellas de la NBA, podemos decir que el chico de 17 años que pasó directo de su secundaria en su natal Philadelphia el año 1996, a la NBA, ya es todo un hombre y una consagrada leyenda cuyo sitial, solo puede existir por siempre entre los mejores jugadores de basquetbol que han pisado este planeta.

Solo queda agradecer todas las alegrías, los triunfos, la fuerza, la energía y el deseo que puso en cada balón, en cada jugada, y en cada partido. Solo queda agradecerle el haber hecho que millones como yo, conociéramos más este bello deporte y quisiéramos imitar su estilo, su tenacidad, su amor y su perseverancia.

Su nombre estará escrito en el corazón de los fanáticos de este deporte y de los Lakers por siempre.

         ¡Gracias, Kobe!  

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Por Pablo Mirlo

Publicado en Revista Pluma Roja Abril 2016

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Compañer-oso

Existen ocasiones en las que todas las cosas simplemente confluyen en algo, y ese algo, trasciende el tiempo y se convierte en leyenda. Eso es lo que pasó con Historia de un oso, el cortometraje animado recientemente ganador de un Premio Oscar, el cual, mediante el uso de la metáfora y la fábula, logra no solo conmover al potencial espectador, sino que, además, invita a la reflexión con respecto al exilio y sus víctimas.

 Historia de un oso es el título que lleva el cortometraje animado dirigido por Gabriel Osorio y producido por Patricio Escala. La obra, de una duración de no más de 11 minutos, relata la historia de oso padre que es separado de su esposa e hijo a la fuerza por manos militares, para luego ser torturado, encarcelado y obligado a trabajar en un circo, perdiendo así su vida y los seres que amaba. Es en la búsqueda por recuperar aquello que le fue robado, durante el tiempo que estuvo en el circo, que este oso nos cuenta la historia de su vida a través de una máquina hecha de latas, tuercas y colores, en la cual, a cambio de una moneda, nos invita a viajar al interior de sus recuerdos y sueños.

 INSPIRACIÓN

El cortometraje, hasta aquí, es más o menos eso. Sin embargo, una de las cosas que más ha llamado la atención a los medios internacionales, a parte de los premios recibidos, es la historia humana detrás de la trama de la película. Y es que, como revelara Gabriel Osorio (director de la obra), el personaje protagonista de Historia de un oso, esta inspirado en su propio abuelo, Leopoldo Osorio, quien fuera secretario del Presidente Salvador Allende y quien se viera obligado a partir al exilio tras la sublevación militar y fascista del 11 de septiembre de 1973 en Chile.

Es por ello que, motivado por la historia de Leopoldo, y con datos recabados de sus más recientes entrevistas, me permito, a continuación, presentar su historia y algunas reflexiones en cuanto al real alcance de Historia de un oso.

HISTORIA DE LEOPOLDO

Como decía anteriormente, Leopoldo era secretario de Salvador Allende y, como tal, corría peligro de ser detenido luego del golpe militar. Y así fue. Posterior al asesinato del Presidente, no más de dos días después, Leopoldo fue torturado y encarcelado en la cárcel pública de Santiago, Chile. ¿Los motivos de su encarcelamiento? Simplemente haber trabajado con Allende, porque como se podrán imaginar, su detenimiento no obedecía a ningún tipo de delito previo o causa pendiente con la justicia.

En ese tiempo, se perseguía todo aquello que pudiera oler o tener cierta inclinación por el gobierno derrocado. El tiempo que alcanzó a estar detenido fue poco más de dos años. Sin embargo, fue un tiempo más que suficiente como para ver y sentir la maldad del hombre contra el hombre.

Durante ese periodo, Leopoldo, cuenta que vio amigos desaparecer, otros morir, mientras el seguía en la incertidumbre de qué pasaría con él. Finalmente, el gobierno decidió no ejecutarlo y liberarlo, pero con la prohibición de permanecer en el país, ante lo cual, el gobierno de Inglaterra –que en ese tiempo estaba recibiendo refugiados políticos–  le extiende la posibilidad de ir a vivir allí. Oportunidad que Leopoldo acepta, pero con una pequeña esperanza: que ojalá no fuera un viaje sin retorno, pues anhelaba volver a su tierra natal y reencontrarse con sus seres queridos… algún día.

Su estadía en Inglaterra no estuvo exenta de complicaciones. Tener que aprender un nuevo lenguaje, encontrar trabajo, aprender nuevas costumbres, no fueron un asunto fácil. Sin embargo, eso no fue lo peor. Lo más duro fue no estar presente cuando su hijo murió en Chile, pese a que este murió, apenas, un par de meses antes de su regreso.

Finalmente, en el año 1991, regresa a Chile. Pero las cosas ya no son las mismas. El país alegre que dejó, ahora, es otro. Se encontró un país gris, con las heridas aun abiertas tras casi dos décadas de asesinatos y persecución. Y peor aún, muchos de sus amigos, ya no están vivos o fueron desaparecidos.

En definitiva, Leopoldo regresa a su casa, pero a una casa un tanto desconocida; un tanto vacía.

Esta es la verdadera historia del hombre que inspiró a los creadores de Historia de un oso a representar, en una fábula, la crudeza del exilio y sus ramificaciones. La historia de Leopoldo.

HISTORIA DE UN OSO

Ahora bien, dentro de los estrictamente fílmico, lo destacable de Historia de un oso, es el ingenio, sutileza, e incluso me atrevería a decir, poética, con que sus autores y creadores quisieron mostrar al mundo una tragedia que era más bien íntima, pero que, en el fondo sabían, tenía un alcance masivo. Pues no solo en Chile se vivieron episodios de exilio en las décadas de los 70 y 80, sino que en casi toda Latinoamérica.

El ingenio de los creadores estuvo en no caer en la tentación de echar mano de conceptos grises y crudos para referirse a la dictadura y el exilio. Porque perfectamente el protagonista de la historia podría haber sido un hombre, el circo podría haber el aparato represor militar, y el hogar, podría haber sido un país sitiado por la opresión. Sin embargo, sus creadores prefirieron utilizar el recurso de la metáfora y la fábula, para representar su sentir al respecto.

 El CIRCO

Así, por ejemplo, representaron de manera magistral a las dictaduras como un circo de animales, dejando de paso una dura crítica a los mismos circos de animales y sus macabros espectáculos con seres esclavizados.

 EL HOGAR

Así, por ejemplo, la representación del regreso a un hogar vacío y plagado de recuerdos por parte del protagonista: ¿No es acaso, también, una representación de lo que sintieron los miles de exiliados que volvieron a Chile? ¿El regresar a una casa vacía de personas, mas solo llena de recuerdos? ¿Volver a una casa donde tantos de sus amigos, vecinos, hermanos y compañeros de sueños, ya no existían, salvo en sus fotografías y recuerdos?

LA MÁQUINA Y EL SILENCIO

 Así, por ejemplo, ¿no significa, acaso, para todos los exiliados, la metáfora de la máquina hecha de latas y tuercas que utiliza el oso para contar su historia, una representación, quizá, de la mente y el corazón de los exiliados que tuvo que reconstruirse desde cero, para poder así hallarle un lugar a cada una de sus historias incompletas, rotas y truncadas por la dictadura? ¿Construirse un nuevo corazón para que cupieran sus finales felices?

 ¿No significa algo, acaso, el hecho de que la historia sea contada sin que ninguno de sus personajes pronuncie una sola palabra? ¿No es, acaso, esto la representación de la voz de aquellos que por años han sido silenciados, pero que siempre han tenido algo que contar?

COMPAÑER-OSO

En fin, Historia de un oso es más que solo la historia del compañeroso Leopoldo. Es una historia rescatada de los tiempos en que los que luchaban por un país justo, tiernamente se trataban de compañeros y, que de la noche a la mañana, fueron exiliados a la muerte o a otras tierras.

Historia de un oso es la historia de todos los osos y osas que vieron sus vidas rotas en tiempos en que la maldad y la injusticia se institucionalizaron de la mano del fascismo en Chile y en toda esta gran América Latina, y en cuyas mentes y corazones, aún laten esos afectos por aquellos que ya partieron, aunque sea, en sus recuerdos.

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Por Pablo Mirlo

Publicado en Revista Pluma Roja Marzo 2015

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La muralla de todos

Tengo una predilección especial por aquellos que no cantan a la alegría. Por aquellos que ven el mundo desde las grietas. Por aquellos que observan el espectro completo de los colores de los que se compone la existencia y no solo los colores cálidos. Tal es el caso de Roger Waters (bajista y compositor de Pink Floyd).

Cuando Pink Floyd –la banda que en sus inicios solo era conocida en los circuitos reducidos de la música y los bares londinenses– se convirtió en un fenómeno de ventas a nivel mundial, no significó para nada que la vida les estuviese sonriendo, ni que el navegar por las aguas del éxito les significará sanar todas las heridas del pasado y presente. Todo lo contrario, las exigencias de la industria, y la alienación que significaba vivir en el estrellato, les significaron y, de manera especial para Roger Waters, el hundirse en un mar de dudas, oscuridad, desesperanza y rabia.

Roger Waters
La vida de Waters no estaba marcada precisamente por lo que muchos llaman éxito. Su padre y abuelo les fueron arrebatados en plenas guerras mundiales (1 y 2 respectivamente). Como buen observador, Waters se percató de las injusticias, dolores y complejos que siembran en el sistema educativo. Y, además, sufrió la pérdida de un amigo en la figura de Syd Barret cuando este, sumido en la experimentación descontrolada con LSD, ya no era dueño de sí mismo –razón que le costó la salida de Pink Floyd–.

Pink Floyd
La vida y “éxito” de Pink Floyd tampoco era de lo mejor. Luego del multi-ventas The Dark Side of the Moon (1973), Waters tuvo que enfrentarse a la maquinaria devastadora de la industria musical que todo lo mercantiliza. Sus respuestas críticas a esta forma de hacer negocios quedaron registrados en los álbumes Wish You Were Here (1975) y Animals (1977), ambos testamentos de la disociación del ser humano y su parte humana, esta última, cada vez más cerca de las características de una máquina que la esencia propia de un ser vivo.
Sin embargo, pese a este descubrir de la maquinaria que todo lo consume, y plasmar esa idea en su trabajo, ni siquiera eso era algo que era percibido o comprendido por sus contemporáneos. La calma y la alegría, le seguía siendo esquiva.

Animals, la crítica, y el dinero
La publicación de Animals (1977) no fue muy bien recibida por fanáticos y críticos. La crítica arreciaba sobre sus últimos trabajos. Y aquellos que habían llegado hipnotizados por The Dark Side of the Moon, ya no disfrutaban del “nuevo” Pink Floyd. Además, la banda estaba sumida en unos líos legales que no la dejarían en muy buen pie económico. Las cosas no iban bien… No había dinero, ni apoyo.

Surge The Wall
Fue en este contexto que una idea comenzó a madurar en la mente de Waters. La idea de un álbum, película y gira. Una obra gigantesca y novedosa que constaría de estas tres partes, en las cuales expondría de manera abierta sus temores, miedos y visión apocalíptica de la sociedad como nunca antes y, de paso, resolvería los problemas económicos en los que estaba sumido junto a sus compañeros.

The Wall (muchísimo más que un álbum)
El resultado de esta idea salió a la luz en 1979, se llamó The Wall, eran un álbum doble, y que pretendía ser promocionado a nivel mundial con una gran gira (gira que no pudo realizarse en su totalidad por lo costoso del proyecto). La producción y composición corrió por casi completa cuenta de Roger. Y su logró máximo (en lo comercial) fue conseguido con el single Another Brick In the Wall, Pt 2.

Sin embargo, pese al éxito del álbum, es con la película de 1982, dirigida por Alan Parker, que la obra empieza a alcanzar niveles de hazaña épica, pues ya no es solo el contenido denso, y sonoro del álbum lanzado en 1979 el que lleva al oyente a un mundo a punto de rebalsarse de tanta injusticias y dolor, ahora, es la película la que permite visualizar ese mundo a través de las animaciones y actuaciones allí magistralmente presentadas.

La película
La película muestra la historia de Pink, un músico que a través de su vida es sometido a todo tipo de humillaciones, todas las cuales lo terminan obligando a construir una muralla para esconderse y refugiarse de todos. Pink, cuando niño perdió a su padre en el medio de una guerra sin sentido. Su madre lo sobreprotegió. En la escuela fue opacado por ser poeta. Su mujer lo dejó por otro hombre. Y por último, las drogas lo consumen, como el fuego al cigarrillo.

El resultado de todo esto es la muerte del hombre y el surgimiento de un personaje de características fascistas que termina sometiendo a todos a su alrededor, discriminando a lo diferente y aplastando a aquellos que piensan distinto.

La película en sí, tuvo una buena recepción entre los más fanáticos en esos momentos, sin embargo, nadie podía imaginar el nivel de alcance y vigencia que The Wall alcanzaría con el paso del tiempo. Y es que ¿Acaso se han dejado de pelar guerras? ¿Se ha dejado de explotar al hombre? ¿Se ha dejado de condicionar el desarrollo la de las habilidades de los niños en las escuelas? Lamentablemente, no. La visión desesperanzadora de The Wall sigue presente.

Admiración
¿Por qué admirar tanto la obra de Waters expresada magistralmente en The Wall?

Por lo siguiente:
Porque como si la realización de un álbum doble, la película, y una gira en los 80 no fuera suficiente, la mente incasable de Waters rescató la obra a comienzos de esta década, para el placer de todos los que la admiramos, y la convirtió en una gira y documental en la cual sigue expresando su sentir.

The Wall, el documental
Hace poco se estrenó el documental de la gira de The Wall realizada durante los años 2012 y 2013. Y bueno, uno no puede sino rendirse ante la magnificencia de la obra que aborda aún de manera más profunda lo planteado hace más de 35 años: Waters sigue luchando por cambiar el mundo.

Porque claro, todos ya intuíamos que la obra de The Wall, en realidad, era un trabajo autobiográfico más que una obra de un colectivo de músicos. La obra en sí era Waters (con algunas referencias a Barret, especialmente en la película) luchando contra la sociedad, los gobernantes y sus estúpidas guerras, la educación como sistema carcelario y la mercantilización de todo; el derrumbe de las relaciones humanas, la destrucción de la naturaleza y los más pobres. Pues bien, todo esto y más, queda registrado en el documental.

El viaje
Durante los 2 horas 12 minutos que dura el film, acompañamos a Waters en viaje que lo lleva de Inglaterra a Italia, más específicamente a la playa donde su padre cayó muerto en combate en la segunda guerra mundial. Durante el trayecto, también, Roger sostiene conversaciones con distintos amigos entorno a la guerra y sus experiencias. Todas conversaciones acompañadas de imágenes y música de los conciertos de la gira; elementos que aportan muchísimo en un viaje que se vuelve, a medida que pasan los minutos, cada vez más desolador. Todos estos detalles hacen sin duda, de esta obra, un documental que se hace indispensable para los amantes de la música y el arte como herramienta de combate.

Me deprimo y hago The Wall
Una de las cosas que más gusta de la obra de Roger Waters es su capacidad de canalizar sus frustraciones en cosas que trascienden lo personal. En la actualidad, mucha gente se deprime o sufre y su gran solución es ir y publicarlo en alguna red social. Waters, en cambio, agobiado por las deudas, la vida y la tragedia, va, se deprime, y sale con The Wall bajo el brazo. Si eso no es digno de admiración, no sé qué será.

The Wall, en definitiva, ilustra la muralla de todos. La muralla que debemos derribar para alcanzar una sociedad mejor, y la paz individual.

¡Larga vida a The Wall!

Por Pablo Mirlo

Publicado en Revista Pluma Roja Enero 2016

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