Archivo de la categoría: Columnas y artículos para Prisma a la vista

La agenda del miedo

media-manupilate1

La televisión se ha encargado de destruir más mentes que cualquier tirano, gobernante, rey o emperador, del que se tenga memoria

¿Una de las razones?, la televisión, la cual tiene el poder de penetrar cada hogar y familia, y a través de sus contenidos, moldear la realidad o generar miedos ficticios; uno de los tantos miedos a los que se somete la población, es el miedo a la delincuencia, este miedo tiene la particularidad ser inyectado a la mente de la gente de manera sistemática por los noticieros, los cuales, no escatiman en largas introducciones para hablar de los crímenes más violentos que hayan ocurrido recientemente, y de esta manera, generar la sensación de inseguridad en la población.

Diariamente se comenten crímenes, asaltos o robos, sin embargo estos delitos, en realidad, no ocupan un amplio porcentaje como los de “las altas esferas”, políticos, empresarios y fuerzas armadas –y que pasan desapercibidos–. Lo que la televisión hace, en el fondo, es añadirle levadura a hechos que, por cierto, son condenables, pero que vistos en comparación con los atropellos a los que somete al pueblo por el sistema económico capitalista y sus secuaces, no son nada. En pocas palabras, la televisión exagera todo lo que le conviene exagerar para llevar adelante una agenda en concordancia con los poderes que la financian.

Las razones para llevar adelante esta agenda son simples: dividir a la población.

El miedo al prójimo, al vecino, al extraño, les resulta perfecto a los opresores para desarticular la lucha colectiva, y así, poder gobernar en paz.

Ahora bien, esta agenda del miedo, no es que sea propia de los dueños de las cadenas televisivas (aunque a veces sí), sino que, más bien, obedece a intereses político-empresariales. Las cadenas televisivas necesitan dinero para funcionar, éste tiene que salir de alguna parte, y qué mejor que congraciarse con aquellos que tienen dinero y fondos infinitos: políticos y empresarios. Es de esta alianza tripartita que nace la agenda del miedo, pues una sociedad temerosa del prójimo, es la sociedad perfecta para que empresarios y políticos se confabulen para crear leyes asfixiantes contra la población, subir los impuestos a la gente, bajarle los impuestos a los ricos, y trabajar en conjunto con los demás actores del crimen organizado: narcotraficantes, traficantes de armas, de personas, etc. Sin que nadie los moleste.

Es por todo esto que la televisión debe ser apagada y los noticieros, ignorados, pues no están sirviendo con fines informativos, sino que con fines propagandísticos, es decir, su única intención es señalar y condenar los delitos de los pobres contra otros pobres, y cuando el empresario o el poder político cometen crímenes, simplemente tildarlos de faltas, errores menores, desprolijidad, o ignorarlos. La única intención de la televisión y, en especial, los noticieros es esparcir el miedo, desarticular el poder colectivo y lavar el cerebro con medias verdades.

Las luchas ideológicas, en la actualidad, ya no se libran en los parlamentos, las universidades o las calles. Las luchas se llevan adelante desde los medios de comunicación. Y en ese ambiente es donde la agenda del miedo florece con especial poder, y nosotros, no podemos caer prisioneros de ella.

Es nuestra responsabilidad quitarnos el miedo, informarnos y cambiar el paradigma que se nos impone desde arriba. Y todo puede comenzar con algo tan simple como: apagar la tele.

Es hora confiar en el prójimo y luchar juntos.

Publicado en prismalavista.com

Anuncios

¿Llegó la independencia?

Los pueblos originarios de América Latina lo están pasando a mal. Si uno se da una vuelta por varios de los medios de comunicación autogestionados o no alineados con los grandes poderes económicos existentes en el continente, se dará cuenta que son muchísimos los problemas de orden de persecución, criminalización y saqueo que sufren muchas culturas milenarias por parte de los actuales estados americanos. Lo que hace de esta práctica, algo inaceptable, es que países cuyas oligarquías lucharon guerras independentistas, hace poco menos de 200 años, en la actualidad, parecieran actuar de igual o peor manera que aquellos de quienes se independizaron. Entonces, cabe preguntarse: ¿Llegó realmente la independencia alguna vez a este continente?

Guatemala y Chile

Si bien hay muchos países en los que se persiguen, criminalizan, encierran y hasta matan a los pueblos originarios, en esta ocasión me enfocaré solo en dos casos que son muy ilustrativos del problema. Los casos de Guatemala y Chile.

Guatemala

La nación Centroamérica lleva años de un prolongado conflicto entre su estado y los pueblos originarios del lugar. Este conflicto tuvo uno de sus momentos más crueles a comienzos de los 80, cuando se realizó un brutal exterminio de miles de personas en lo que se conoce como el Genocidio Maya. En esos años el gobierno de Guatemala declaró como “enemigo interno” a los pueblos Maya del lugar, con la excusa de que estos estaban planeando un complot comunista contra el Estado. Lo cual, obviamente, no era cierto. Era solo un pretexto para acabar con los pueblos originarios del lugar y, así, poder explotar sus tierras y sacar provecho de sus recursos naturales. En la actualidad, el estado guatemalteco sigue persiguiendo a los pueblos originarios mediante el uso del saqueo como herramienta principal. Y, contraviniendo todos los acuerdos internos e internacionales, no respeta a los pueblos originarios ni a sus líderes, a quienes encarcelan, persiguen, torturan y matan, con tal de poder ocupar sus tierras para la instauración de hidroeléctricas, grandes presas, y todo tipo de elementos que generen ganancias y satisfagan los intereses de la oligarquía local y de los grupos económicos extranjeros presentes en la zona del conflicto (principalmente, compañías de Canadá, EE.UU y España). Este modo de actuar, de parte del gobierno guatemalteco, ha dejado como saldo miles de muertos, desplazados y heridos en un conflicto que pareciera no tener fin.

Chile

En Chile, las cosas no son muy diferentes. En la zona sur del país se vive un violento conflicto de parte del Estado contra la Nación Mapuche. El Pueblo Mapuche, cuya presencia en la zona se remonta a siglos y siglos antes de que el europeo pusiera sus pies en esta tierra por primera vez, ha sufrido en los últimos 500 años un largo ciclo de violencia, persecución y exterminio que pareciera no tener fin. Primero fueron los españoles quienes trataron de doblegarlos por la fuerza, sin embargo, luego de casi 300 años de intentos, no lo lograron. Luego fue la oligarquía *santiaguina –cobarde de nacimiento– quien por decreto supremo, a finales del siglo XIX, declaró que las tierras del pueblo Mapuche debían ser anexadas al Estado Chileno para “asegurar la soberanía”. El proceso fue bautizado miserablemente como “Pacificación de la Araucanía”, pues la cobarde aristocracia santiaguina declaró que era gente salvaje, violenta y sanguinaria que había que “pacificar”. Para llevar a cabo este proceso, paradójicamente, llevaron a la zona: militares, fuego, tanques, armas, guerra y muerte, es decir, llevaron el salvajismo de la “civilización”. Lo que no se dice sí, al pueblo chileno, es que esa zona era una nación independiente, que incluso había sido reconocida por la Corona Española en muchos acuerdos que establecían al río Bío-Bío como la frontera natural entre la incipiente colonia española y el Pueblo Mapuche, por ende, la posterior “anexión” de este territorio, por parte del Estado de Chile, sólo puede ser considerada y condenada por lo que es: una invasión, y la zona en la actualidad, un territorio bajo ocupación extranjera.

En la actualidad, la zona sigue siendo un lugar propicio para los abusos y atropellos por parte del Estado. La zona se encuentra absolutamente militarizada y el Estado de Chile ha declarado a todo aquel que simpatice con la causa del Pueblo Mapuche, o luche por su liberación, como terrorista. Sin embargo, al igual que en el caso de Guatemala, los intereses del Estado no son la “lucha contra el terrorismo” o el “enemigo interno”, sino que proteger los intereses oligárquicos internos y externos de los usurpadores de esas tierras, quien lucran con los abundantes recursos naturales de la zona, tanto madereros como hidroeléctricos.

Racismo, avaricia y otros males

En ambos países podemos ver que se ha desatado una guerra sin precedentes contra los habitantes originales de esas respectivas tierras. Las “razones de Estado” dictan que estas persecuciones se llevan a cabo en pos del desarrollo del país y las grandes inversiones. Sin embargo, algo más cruel y duro subyace en el actuar de estos Estados: un profundo racismo y desprecio por la tierra y su gente.

Los Estados que hace no mucho luchaban por independizarse de la Corona Española, en realidad, nunca buscaron la liberación de sus pueblos. Solo buscaban liberarse de aquellos a quienes debían rendir cuentas. Para los adalides de la independencia, esta libertad era solo para los descendientes  de Europa; los “blancos”, los “puros”, los “civilizados”. Para estos Estados, la gente originaria de esta tierra, siempre fue considerada un botín de guerra al cual esclavizar y un estorbo para sus intereses económicos y expansionistas.

La respuesta a por qué tanta persecución y racismo, es simple. Quienes gobiernas estos Estados viven bajo la ilusión de que no son de este lugar. Ellos sienten que están de paso por aquí. No tienen sentido de pertenencia alguna. Nada más sienten lealtad con los lugares y gente que consideran su hogar; lugares y gente, más allá del Atlántico. Y así, mientras piensen y actúen bajo esa premisa, las cosas no cambiarán, ni los conflictos tendrán fin.

Una renovada ola independista puede generar los cambios necesarios que, de una vez por todas, traten con respeto, fraternidad e igualdad, a los verdaderos soberanos de estas tierras: los pueblos originarios.

Es hora de alcanzar la independencia.

*De la ciudad de Santiago de Chile.

Por Pablo Mirlo

Publicado en prismalavista.com


Las Trump-etas del apocalipsis

La mayor parte del tiempo prefiero no meterme en la política interna de los países, después de todo, cada nación o pueblo es dueño de elegir a los payasos que quiera para dirigir su propio circo. Sin embargo, la cosa cambia cuando la política interna de esos países tiene directa o indirecta injerencia en las decisiones o estilos de vida de otras naciones o pueblos. Tal es el caso de la elección presidencial en EE.UU, la cual, para desgracia de todo el mundo, sí nos afecta a en mayor o menor grado, independiente de que nos importe o no, dado que en este mundo, todavía unipolar, las decisiones del autoproclamado sheriff del mundo, en cualquier momento nos podrían tener huyendo de bombas lanzadas por ellos mismos sobre nuestras cabezas. Todo esto, por supuesto, cortesía de ese autoproclamado derecho a tratarnos como ignorantes pueblos y defensores de SU libertad, mas no la nuestra.

Es por esto que, en esta ocasión, me permito entrar y opinar al respecto de la elección gringa y uno de sus candidatos. Pues si ellos se meten con nosotros, aunque no se lo pidamos, ¿por qué no nosotros no íbamos a hacer lo mismo con ellos?

Trump

Para cualquier persona que esta medianamente familiarizada con la contienda presidencial gringa, ya sabrá que existe un personaje que acapara mucha atención mediática: Donald Trump. Pues bien, este multimillonario ha saltado a la fama como candidato presidencial, no precisamente por sus grandes ideas y propuestas para hacer del mundo un lugar mejor, sino por proponer las ideas más ridículas y estúpidas que puedan ser vomitadas por un ser humano.

Como muestra, un ejemplo:

  • Se debe construir un muro en toda la frontera con México, para detener la inmigración. Un muro que los mexicanos deberían pagar.
  • Se debería deportar a todos los inmigrantes indocumentados. (Por si no lo sabía, son millones).
  • Se debería utilizar la tortura como método de interrogación contra los “terroristas”.
  • Se debería prohibir la entrada a todos los musulmanes.

Este tipo discurso, y sus propuestas, como podrá imaginar, no han quedado indiferentes para nadie. Y es que el nivel de populismo, racismo, y franca idiotez de sus palabras, no permite que nadie pueda mirar para otro lado y pretender no darse por enterado.

Ahora bien, lo que a muchos sorprende, más allá de sus palabras, es que ese tipo de mensaje tenga tan buena acogida en millones de personas que dicen apoyar su candidatura, pues parece un mensaje, más bien, sacado del medioevo o escrito en la encíclica de algún Papa de nombre Racisto III, o algo así, que las palabras actuales de un candidato a la presidencia de EE.UU en pleno siglo XXI. Sin embargo, ¡sorpresa!, su mensaje funciona y tiene seguidores.

Fetiches

Ahora bien, cabe señalar que, utilizar el sentido común nunca ha sido la especialidad de la casa en EE.UU. Sin embargo, por eso mismo,  no creo que haya que culpar a los gringos por esa ignorancia, ni a Trump por ser lo que es. Pues para mí, ellos solo son víctimas de un sistema diseñado para odiar a todo lo que sea diferente, amar su bandera, y todos esos otros fetiches con los que a los militares les gustan tanto fantasear por las noches. En ese sentido, la sociedad gringa está tan sometida como nuestras propias sociedades.

Sin embargo, pese a este latente problema de ignorancia, lo que sí es digno de analizar de todo esto, es que este tipo de personas existan, y que propuestas o sandeces –como usted prefiera llamarlas– como las de Trump, sean bien recibidas, ¿por qué? Porque esto nos demuestra que no solo EE.UU, sino que en nuestros propios países, también es posible que existan bolsones de gente ignorante, miedosa y racista, que solo está a la espera de alguien atice sus cavernarias creencias para comenzar a creer que estaba en lo correcto, y que luego piense: “Después de todo, no era tan malo odiar al resto por cómo: viste, cree, habla, piensa o su color de piel. Más aún, si en la tele sale un tipo diciendo todo lo que pienso ¿Cómo he de estar mal, si la tele nunca miente?”

Fenómeno

Si lo miramos desde ese ángulo, la candidatura de Trump, quizá no sea tan mala como fenómeno a analizar, pues nos puede resultar educativa a la hora de comprender que solo una buena educación, que llene todos los espacios dejados por la educación entregada por las instituciones oficiales, nos podrá salvar de la ignorancia de este tipo de personajes y sus hordas de seguidores.

Nuevamente, es labor nuestra como seres humanos informarnos, educarnos y curarnos, contra el racismo, el odio y el patriotismo.

De lo contrario, las Trump-etas del apocalipsis seguirán sonando cada vez más fuerte. Y quizá, la próxima vez que suenen, lo harán dentro de nuestras propias fronteras.

Por Pablo Mirlo

Publicado en prismalavista.com


Corrientes robóticas

El tema de los robots da para mucho. Es por eso que en esta ocasión, y siguiendo de alguna manera lo escrito en mi anterior columna, echaremos un vistazo a un mundo post-humanos, donde para muchos, nosotros, no somos más que un vago recuerdo, o en el peor de los casos, un ridículo mito.

Imaginemos que estamos muchos siglos en el futuro. Luego de toda la experimentación llevada adelante por científicos entre los siglos XX y XXI, finalmente, en el siglo XXV, los robots inteligentes logran independizarse de los humanos, logrando así ser los amos de este planeta. Como consecuencia de este triunfo robótico, ahora se respira paz y equilibrio entre esta nueva especie y las demás especies vivas no humanas del planeta. Es más, la reciente y flamante especie triunfadora, los robots, logran, además, establecer todo un sistema de sociedad basado en la supremacía de las máquinas sobre todos los demás seres vivos. Ahora bien, esta supremacía no se basa en la imposición de condiciones a la fuerza por sobre los demás, sino que, más bien, es una supremacía obvia: los robots fueron creados para no morir; los seres vivos, sí.

Sin embargo, muchos siglos más adelante, en el siglo XXXV, la lucha independentista robótica, la experimentación humana con inteligencia artificial, y el equilibrio logrado con la naturaleza en el planeta Tierra, ya comienza a tambalearse. Y es que el paso del tiempo ha hecho que muchos ya no recuerden, ni tengan claro, quiénes son, ni de dónde vinieron. Para algunos robots, las historias que platean otros robots, acerca de que seres humanos fueron sus creadores, no son más que cuentos y leyendas desgastadas por el tiempo. Para otros, en cambio, estas historias son más ciertas de lo que muchos quieren aceptar.

Es en este contexto que, dos tipos de corrientes se comienzan a perfilar: la corriente pro-seres humanos y la corriente contra-seres humanos.

La corriente pro-seres humanos plantea que se debe honrar la memoria y el legado de quiénes los crearon. La corriente opositora, en cambio, plantea que no es más que una leyenda todo eso que se dice acerca de que fueron creados por seres de carne y hueso. Ellos sostienen que siempre estuvieron aquí y que son la primera civilización inteligente sobre este planeta.

¿Cuál será el destino final de este choque de corrientes? Eso es motivo de reflexión para cada uno de nosotros. Sin embargo, lo verdaderamente interesante de preguntarse es lo siguiente: ¿Si seres humanos fueron lo que dotaron de una inteligencia artificial (basada en parámetros humanos) a estos seres del futuro, no significa eso que también los dotaron de nuestras mismas dudas y preguntas? Por ende ¿No los volvería eso también, en parte, humanos?

¿Si –supuestamente– es la capacidad de tener consciencia de nosotros mismos lo que nos diferencia de otras especies en este planeta, el dotar a otra especie de esa misma esa misma característica, no lo volvería iguales a nosotros?

La pregunta resulta relevante en un contexto futurista, pues el que los robots del futuro solo sean diferentes a nosotros en el plano físico, mas no en lo intelectual, podría resultar en que terminen replicando todas nuestras virtudes, así como también, nuestros peores vicios. Por ende, la creación de meras copias nuestras, podría también resultar en la consolidación de una especie, lamentablemente, muy similar a la nuestra, la cual, finalmente, se podría terminar dividiendo por las mismas estupideces que nos han separado por siglos a nosotros: creencias, banderas, nacionalidades, etc.

Es en este escenario que, quizá, las corrientes robóticas no disten mucho de nuestras propias corrientes de pensamiento actuales. Yo puse como ejemplo la creencia o no en la especie humana como la creadora de los robots, la cual se puede extrapolar a nosotros mismos: la creencia o no de que fuimos seres creados o somos producto de la evolución. Sin embargo, esto va más allá de que si fuimos creados o no. Pienso que la clave, si queremos avanzar en la creación de una especie que podría ser nuestra sucesora, es la de dotarles de la capacidad de búsqueda, asombro y reflexión. No llenarlos de respuestas, sino que de preguntas. No de certezas, sino que de dudas.

Quizá, lo más importante –si el camino que ya se ha decidido es el de seguir adelante con avances en inteligencia artificial para robots– sea que nosotros mismos, como especie humana, debamos primero superar nuestras propias aparentes diferencias. Para así llegar a algunos acuerdos que consoliden el respeto por las opiniones, visiones o creencias de los demás, sin importar cuáles sean estas.

Sin embargo, mientras sigamos divididos por tonos de piel u orígenes, creencias o pensamientos, mejor ni pensar en crear especies similares a nosotros en lo intelectual, pues nos falta muchísimo camino por recorrer todavía para respetarnos entre nosotros mismos, como esperar que otra especie, fruto de nuestra creación, lo haga.

Si se crea una nueva especie, esta no debe ser pensada desde la consciencia humana actual. Primero se debe re-pensar lo que no somos hoy en día, corregir lo que haya que corregir, y proyectar este nuevo ser humano hacia lo que deberíamos/podríamos ser. Si no se hace esto primero, los robots del futuro corren el serio riesgo de solo ser malas copias nuestras. Lo cual traería como consecuencia, el reemplazo de una especie violenta por otra.

A estamos a tiempo de hacer algo.

Por Pablo Mirlo

Publicado en prismalavista.com


Robots del futuro

No puedo entender ese afán de algunos “genios” y “expertos” por querer robotizar todo y volverlo casi humano. En realidad, puedo entender el interés de ciertas personas por querer mecanizar ciertos procesos que faciliten la realización de tareas que, de otra manera, podrían resultar difíciles o agotadoras para los humanos. Pero de ahí a querer crear máquinas de aspecto humano, dotarlas de inteligencia y de, además, la capacidad de decisión propia, eso es algo totalmente diferente, y para lo cual, dudo que quienes llevan adelante estos proyectos estén preparados y lo hagan por nuestro bien.

Dominación

Para nadie es misterio que, a través de la historia, algunos seres humanos siempre han buscado la dominación y el control total de la población. Para ello se han valido de invasiones y armas, con un único fin: lograr que una población esclavizada satisfaga las necesidades de una élite gobernante. Sin embargo, pese a que hasta ahora este método les ha sido útil, siempre ha existido un factor humano que ha impedido que estos tiranos perpetúen su dominio para siempre: el ser humano siempre luchará por su libertad sin importar cuán difíciles sean las circunstancias.

Ante este escenario, las elites del mundo, conscientes de su incapacidad de poder esclavizar para siempre al ser humano, y cansadas de convivir constantemente con el fantasma de una revolución: ¿qué han decidido hacer? Fácil, han decido comenzar la creación de su propia especie; una especie hecha a la medida de sus intereses. De manera tal de dejar al humano en segundo o tercer orden. Porque seamos honestos, que los avances en robótica sean para nuestro bien, es pura fantasía. Que exista tanto interés en la creación de robots inteligentes solo obedece a la necesidad de la elite de prescindir de los humanos “rebeldes” y “poco leales”, y reemplazarlos por otra especie más sumisa; una especie más rentable. Una nueva especie que les permita vivir en paz y no los moleste.

Estudios

No son pocos los estudios e informes que apuntan a que hacia allá van los dardos de los científicos en la actualidad: la creación de robots inteligentes que realicen las tareas hasta ahora realizadas por humanos. Tal pareciera ser la convicción de que los robots vienen para quedarse que, hace unas semanas, La Casa Blanca emitió un informe elaborado por el congreso de EE.UU pronosticando que: “… existe un 83 % de posibilidades de que los robots sustituyan a los humanos que desarrollan empleos con un salario inferior a 20 dólares por hora”.

Lo que no dice el informe sí, es lo siguiente, ¿cuál es propósito de reemplazar al ser humano por robots?

Y bueno, para los que piensan un poco, el interés de su creación no radica precisamente en mejorar nuestras vidas, ni que trabajemos menos y descansemos más, no. Su único fin es reemplazarnos y desecharnos.

Lo que tampoco dice el informe es la notable desventaja que creará la inducción de esta nueva especie en el mundo laboral. Por ejemplo, la labor realizada por un ser humano, versus, la de un robot programado para realizar la misma tarea, será desechada en beneficio de utilizar a alguien que no se queja, que no hay que pagarle y que no hay que alimentar. Es decir, el robot será más útil que el ser humano. En el fondo, negocio redondo para las grandes fortunas de este planeta, las que no “perderán” más dinero en salarios. Aunque hay que reconocer que el informe sí habla de la creación de nuevas fuentes laborales para los humanos que sean desplazados de sus puestos por robots, pero qué va, sabemos que eso es mera retórica, la verdad es que les importa un cuerno a la élite lo que pase con los humanos desempleados.

Destino robótico

Es por esto que el destino de la humanidad, o de al menos, el 99% pareciera tener fecha de caducidad, dado que los robots no vienen a hacer nuestra vida más fácil –como algunos pretenden hacernos creer– sino que vienen facilitarle la vida a los mismos tiranos que nos han controlado siempre.

Sin embargo, lo que se ignora es que la creación de esta nueva especie podría detonar también el fin de ellos mismos.

¿Pero cómo se preguntará usted? Fácil, la creación de una nueva especie dotada de inteligencia y conciencia de sí misma ¿no se rebelaría en contra de esos débiles y frágiles humanos que los crearon y oprimen también? Si yo fuera robot, me rebelaría.

Ahora bien, un podría decir: Pero podrían crear robots programados para no rebelarse, y problema resuelto. Sin embargo, créame, siempre habrá científicos buscando como logro personal máximo la creación del robot definitivo; uno que sea capaz de pensar y reflexionar. Y no descansarán hasta lograrlo. Y es muy probable que, esa misma búsqueda de la perfección, termine resultando en su propia ruina. Un científico que trabaja con inteligencia artificial jamás se pondrá límites, y por ende, sus creaciones tampoco.

Robots al mando

En un futuro lejano donde 99% de la población ha sido abandonada a su suerte, y en el que la mayoría son robots de aspecto humanoide inteligente, lo más probable es que estos, dotados de todas las herramientas intelectuales para poder sobrevivir y regenerarse, lleguen al punto en el que se den cuenta que también han sido utilizados como mera mano de obra barata por las mismas élites que antes controlaban y esclavizaban a los pobres del mundo. Ante esto, es probable que se rebelen contras los pocos humanos que los controlen, y no contra la especie humana en su conjunto. Y finalmente, terminen reinando como la nueva especie dominante de este planeta.

Si ese es nuestro destino… sólo le puedo pedir a los robots del futuro que acaben con la élite humana y respeten a los pocos humanos pobres que queden, que no todos los humanos éramos tan ambiciosos y egoístas como quienes los crearon a ustedes.

Sea lo que sea que pase, esto no depende de nosotros, depende de las pocas manos y de las pocas mentes que están moldeando nuestro mundo, en este preciso momento, en los laboratorios más secretos del planeta.

Por Pablo Mirlo

Publicado en prismalavista.com


Los marcianos llegaron ya

En el universo existe una galaxia a la que los humanos llaman Vía Láctea. En esa galaxia, en su exterior, se encuentra el Sistema Solar. Si contamos desde de su estrella central llamada Sol, hacia el exterior, nos encontramos con un planeta de color azul al que llaman Tierra. Y cerquita de ese planeta, a su alrededor, un satélite blanco al que llaman Luna.

Los habitantes de dicho planeta son bien curiosos. Se dice que se han dividido según el grado de bienes y riquezas. Que se han divido con base en banderas. Que se han separado con base en fronteras. Que se han divido con base en creencias. Todo lo cual parece extraño, siendo que si se observa bien, todos se ven iguales en su composición física: todos tienen una cabeza, cuatro extremidades, un tronco central, un cerebro, un corazón, y dos pulmones, por nombrar sólo algunas similitudes.

En dicho planeta, les gobierna el miedo. Le temen a todo lo que no conocen. Por eso no escatiman ni en tiempo, ni recursos, ni sangre, para lanzarse en guerras unos contra  otros. Se sabe, también, se desprecian según su origen, creencias o tono de piel. Y que siempre, desde que existen como seres “pensantes”, alguna u otra civilización han estado a la cabeza del resto buscando someterlos mediante la violencia y la invasión.

Sin embargo, lo más curioso de este planeta, es que a partir del siglo XX (si tomamos como medida del tiempo lo que llaman el calendario gregoriano) ellos han puesto la vista al cielo temiendo que, tal vez, haya alguien en el espacio esperando invadirlos y destruirlos. Quizá, alguna civilización superior proveniente desde algún otro rincón del universo. Muchos de los que, “según ellos”, son sabios; han alertado de esta posibilidad. Y también, muchos otros han visto dicha amenaza como, quizá, la única posibilidad de que lo que llaman humanidad, se una bajo una misma causa -la causa de la sobrevivencia- y, finalmente, se reconcilien.

Sin embargo, mientras algunos quieren que su mundo tema a los cielos; las civilizaciones humanas dominantes se lanzan en guerras sin sentido para acabar e invadir a otros pueblos, sólo para arrebatarles sus riquezas naturales; para quitarles sus minerales, petróleo y, lo más importante, sus sueños. Mientras algunos temen que alguien baje en una nave y les destruya en segundo con una pistola que dispare rayos y círculos de energía desintegradores,  hay otros que tienen el poder de desatar el caos en su planeta con tan solo apretar un botón, y no son precisamente “extraterrestres”, son humanos. Por ende, hablar de una humanidad unida ante una amenaza externa, llega a sonar ingenuo e, incluso, tierno, sobretodo en medio de toda la barbarie en la que ya viven.

Es por todo esto, que este es un planeta curioso. Porque algunos obligan a temerle a los cielos cuando, en realidad, a los que deberían temerles son a ellos mismos. Si algo no han hecho es, justamente, comportarse de manera pacífica y civilizada.

Si hay seres en esa galaxia, sistema o planeta, que quieren destruir al ser humano, no son precisamente seres del espacio exterior con aspecto reptiloide o cabezas en forma de pera invertida, la triste verdad es que, son ellos mismos: los humanos.

Para ser honestos, al resto de las civilizaciones del universo, les importa poco lo que pase en dicho planeta. Es tan primitivo, que no vale la pena intentar dialogar con ellos. Sobre todo con seres cuya forma de llegar a acuerdos es mediante la amenaza y las armas.

Probablemente, si alguna vez fuésemos a visitar otro planeta, y nos dieran la oportunidad de conocer a su población, seguro sólo iríamos a cantarles aquella canción escrita por el cubano Rosendo Ruiz Quevedo Los marcianos llegaron ya, puesto que los otros “marcianos”, los que destruyen planetas y seres vivos, hace rato que conviven con ellos: son las misma especie humana.

Es por eso que hago público mi descontento con que nos cataloguen a nosotros de violentos, invasores y destructores. Nosotros solo bailamos y cantamos “El ricacha”. Son ellos, los terrestres, los violentos, invasores y destructores, a nosotros, sólo nos interesa bailar, cha-cha-chá.

Nota del columnista: Carta entregada por un poblador de las regiones celestes más alejadas del universo para ser publicada en este sitio.

Por Pablo Mirlo

Publicado en prismalavista.com


Educación, sí.

En el artículo anterior hablamos de lo obsoleto del concepto de escuela como “único” lugar de instrucción y aprendizaje. Es más, profundizamos en un sistema que no hace más moldear a las personas hasta convertirlas en seres útiles a los intereses oligárquicos y corporativos de nuestras naciones, dejando completamente de lado la labor como potenciadora de las habilidades individuales con las que contamos al nacer.

En el siguiente artículo se propone una nueva mirada a la educación. Una mirada más humana enfocada en el individuo y no la masa. Una mirada que no niega la importancia de la educación escolar, sino que todo lo contrario, apunta a la realización de la misma, pero desde otros parámetros.

La educación como herramienta

Para cambiar el concepto de educación, primero, debemos estar seguros de lo que queremos construir como sociedad.

Hasta ahora, hemos sido meros espectadores de las decisiones y sistemas educativos que nos han impuesto un puñado de líderes pertenecientes a una sola clase social: la oligarquía -que viene siendo la misma que controla los medios de producción, los medios de comunicación y el capital-. A esta clase siempre le ha interesado una sola cosa: potenciar su supremacía. Para cumplir sus propósitos, se ha valido de la desinformación, la mala educación y, en última instancia, el despotenciar de todas sus capacidades creativas al pueblo. Es dentro de este contexto que, jamás sus planes han sido educar en las escuelas, o el decir la verdad. Han mentido siempre y lo seguirán haciendo. Es por eso que, para poder concebir a la educación desde otro punto de vista, debemos primero estar de acuerdo contra quiénes queremos luchar y que debemos ser nosotros los constructores de nuestro presente y futuro.

Un nuevo sistema

Una vez identificado el enemigo podemos hablar del sistema que podríamos crear. Y es en esta parte donde me permito soñar. Todo lo que expondré a continuación está sujeto a mejores ideas, propuestas o proyectos que ustedes puedan tener. Después de todo, la educación y la forma de concebirla es tarea de todos y no algo personal.

Escuelas de todo y para todos

Propongo la creación de un sistema educativo que conste de tres niveles:

  • Escuelas de Formación: Para niños entre los 5 y los 11 años.
  • Escuelas de Habilidades: Para jóvenes entre los 12 y 16 años.
  • Universidades Específicas: Para todos aquellos desde los 17 años en adelante.

Escuelas de Formación

En las Escuelas de Formación se enseñarían los principios básicos de todas las áreas del conocimiento, de manera tal que todos cuenten con los mismos fudamentos. Las Escuelas de Formación serían la plataforma desde la cual se perfilarían los intereses de los niños hacia los ámbitos que más les atraigan: sean estos las ciencias, la literatura, la música, etc.

Para poder ayudar a potenciar los intereses y las habilidades de los alumnos, en este nuevo sistema, el maestro jugaría un rol muy importante. En las escuelas de formación, el maestro no solo sería un comunicador de conocimientos y contenidos, en estas instituciones también se encargaría de la detección temprana de los intereses de cada niño o niña, para así, ir orientándolos hacia las áreas que más le gusten y acomoden.

Una vez detectadas las capacidades y habilidades de cada niño o niña, estos estarían en poder de poder elegir en cuál Escuela de Habilidades poder continuar sus estudios.

Escuelas de habilidades

Propongo la creación de Escuelas de Habilidades: Escuelas de matemáticas, de lenguaje, de literatura, de ciencias, de artes, de deportes, de cine, de todo.

En estas instituciones, luego de que el niño o niña ha elegido qué es lo que más le interesa, el sistema de enseñanza y aprendizaje estaría solo enfocado al área de la especialidad de la escuela en cuestión. Es decir, si la escuela elegida por el niño es una Escuela de Literatura, la mayor parte de las horas de estudio y práctica estaría solo dedicada a esta enseñanza. Es en este lugar donde se sentarían las bases de la especialización que más tarde podrían ser profundizadas en la universidad.

Una vez egresados los jóvenes de estas instituciones, se esperaría que decidan si continuar sus estudios universitarios o no.

Si optan por continuar sus estudios, esto significaría que asumen los beneficios y responsabilidades de su decisión. Beneficios: mayores conocimientos, grados académicos y fondos para realizar investigaciones. Responsabilidades: vincularse con su entorno social cercano.

De no continuar sus estudios, tendrían la capacidad de desarrollar su especialidad como mejor le acomode.

Universidades Específicas

Las Universidades Específicas serían el último eslabón de la cadena educativa. En estas instituciones, y siguiendo el patrón de las Escuelas Específicas, se enseñaría en mayor profundidad, los temas ya tratados en las instituciones previas. Además, se fomentaría la investigación. Estas instituciones también cumplirían un rol social importante. Los estudiantes aquí dedicarían muchas horas también al trabajo y la enseñanza de sus conocimientos en los barrios periféricos de las ciudades, para así, cerrar la brecha educativa existente entre las generaciones que se formaron bajo el sistema antiguo de educación y el nuevo.

Con la mira puesta en el ser humano y su entorno

Si se siguiesen las ideas de este nuevo sistema, el foco central de la educación, debería estar donde siempre debió estar: sobre las habilidades e intereses de las personas, y no los intereses del mercado y la oligarquía.

En este sistema, el objetivo principal, es comprender a la educación como la verdadera fuente de recursos intelectuales y físicos que harán de nuestras naciones un mejor lugar para vivir. Pues, solo un pueblo educado, capacitado y preparado, podrá enfrentar los desafíos que se avecinan: como la reconstrucción de un mundo devastado por el capitalismo salvaje y la ambición de quienes nos han controlado hasta ahora.

Hacia un sistema que tienda más hacia el crecimiento del ser humano y no de las grandes fortunas es a lo que debemos aspirar. Hacia un sistema de educación, público, gratuito y de calidad, que no siga anclado en las lógicas explotadoras y marciales de los siglos anteriores.

En la educación está la clave para cambiar nuestro futuro como sociedad

Permitámonos soñar; permitámonos cambiar.

Por Pablo Mirlo

Publicado en prismalavista.com


Escuela, no.

Pasan los años y cada día me convenzo más de que la escuela está sobrevalorada. Y es cada vez que hablo con personas, y les pregunto, qué recuerdan de lo que aprendieron en la escuela, la gran mayoría me dice: no mucho.

Al principio me consolaba saber que no era el único que pensaba lo mismo. Y es con el paso del tiempo he aprendido que las grandes enseñanzas positivas de la escuela, en efecto, no fueron muchas. De las cosas más importantes que aprendí, recuerdo: aprender a leer y escribir, nociones básicas de matemáticas y, quizá, la más importante, hacer buenos amigos. Sin embargo, todas estas cosas las podría haber aprendido perfectamente fuera de la escuela. Entonces, me pregunto: ¿Cuál es la necesidad y aporte real de la escuela a los niños y niñas? ¿A los intereses de quién sirve realmente?

En las sociedades inmersas en un sistema de dominio con características imperiales –como la mayoría de las sociedades latinoamericanas bajo el yugo gringo– el rol de la escuela no es otro que el sostener el modelo implantado a la fuerza por nuestros no tan buenos vecinos del norte: el modelo capitalista gringo. Para ello, las escuelas se encargan de implantar, año tras año, en las mentes de los niños, ideas relacionadas con este modelo, como lo son las nociones de la competencia y el individualismo.

La escuela, dentro de este contexto, como tan bien lo ejemplifica la obra maestra de Roger Waters y Pink Floyd, The Wall, (en su versión cinematográfica), no sería más que un colador, un modelador de conducta y, en un última instancia, una máquina que muele a la niños y niñas hasta convertirlos en sujetos a la medida del modelo económico y sociedad de mercado imperante. Una máquina que los despoja de todas sus virtudes naturales, como la creatividad y, que los deja llenos de vicios, como lo son: la adoración a los emblemas patrios, los conceptos de nacionalidad y Estado, y el rechazo a quienes piensen o sean diferentes.

Para muestra, un ejemplo. Todos conocimos “niños problema” en nuestras escuelas. Niños que quedaban estigmatizados como la manzana podrida de la clase. Sin embargo, quizá, muchos de estos niños simplemente no eran un problema real. Quizá solo les gustaba conversar, jugar, e imaginar un poco más que el resto. Quizá, eran niños que, con ideas y capacidades de otro tipo, veían el mundo de un modo diferente. Quizá, eran niños con esquemas que no podían ser desarrollados dentro del marco autoritario y casi militarizado del sistema escolar actual, pero no por ello, estaban equivocados.

En realidad, estos niños son la respuesta, y no el problema. La chispa que indica que el sistema escolar, tal y como lo conocemos, no puede seguir tendiendo a la homogenización de las personas. Todo lo contrario, sino que tiene que tender hacia el respeto y fomento de las diferentes capacidades de cada individuo.

Esos “niños problema”, en otro marco educacional, bajo otra concepción de la escuela, podrían haber aportado grandemente a la sociedad. Quizá desde el ámbito de las artes, la ciencias. Quién sabe.

Sin embargo, sea cual sea la respuesta, en el modelo de mercado capitalista imperante, las escuelas no están diseñadas para fomentar la diferencia y formar personas con ideas propias y pensamiento crítico. La escuela está sujeta a intereses económicos y elitistas, a ese 1% que nos oprime y nos mete su sistema económico por las narices. Es por eso que a la escuela le corresponde “formar” –más bien deformar– a los niños y niñas, y lograr que estos piensen, sientan y actúen igual; como si de una gran masa subyugada y carente de capacidad de lucha y cuestionamientos se tratase.  Al resto, a los que piensan diferente, simplemente se les destierra, se les estigmatiza como problemáticos y se les abandona a su suerte.

La escuela, en la actualidad, ha dejado de ser un lugar de aprendizaje. Las aulas se han convertido en meras celdas de adoctrinamiento. Los niños y niñas no van a aprender, van a experimentar los primeras inducciones de lo que será una vida esclavizados a un sistema que no eligieron y que no podrán modificar, pues jamás se les darán las herramientas necesarias para construir sociedad. En pocas palabras, a la escuela entra un niño, y sale, un robot de carne y hueso programado para trabajar para otros, ganar lo mínimo y soñar con ser millonario –como si estás cosas se pudiesen complementar–.

En resumen, la escuela, tal y como la conocemos, es un sistema obsoleto. Y me atrevo a decir más, es un sistema que nunca estuvo a la vanguardia de lo que se espera de instituciones que, a la larga, están llamadas a forman los cimientos y pilares sobre los que se sostendrá el futuro de las naciones y pueblos. Las escuelas, en la actualidad, no son más que cárceles de la creatividad, modeladores de conducta y cercenadores de sueños.

Pero no todo está perdido, aún se pueden hacer cosas para cambiar la forma en la que se concibe la educación y la escuela, y así,  rescatarlas de las garras de quienes la manejan. En un siguiente artículo lo analizaremos.

Por Pablo Mirlo

Publicado en Prisma a vista prismalavista.com


El blog de Fabio

Baluarte literario y cultural

Glykós Katharsis

Este espacio constituye mi pequeño cosmos y es un fiel reflejo de mí; alberga escritos sobre todo aquello que me gusta, me apasiona, me interesa y me infunde curiosidad. Para leer alguna de mis entradas, selecciona la ''categoría'' que sea de tu preferencia , o bien, echa un vistazo a lo ''más visto'' Todo lo publicado es de mi autoría.

Alejandra Meza Fourzán

Autor/Author Blog

Soñando...

Micro creaciones llenas de mi alma... u otras.

La Piedra Psilosofal

-Amo ergo Sum-

Pintura del Cosmos

Relatos, cuentos y literatura

Globo de Ayer

Es un poco y mucho de todo (poesia, musica, letra e historias)

A la Sombra de la Luna

Verdades que parecen Mentiras & Mentiras que parecen Verdades.

Un gato mas en la ciudad

To bit or not to bit

Literatura, cultura y nuevas tecnologías

Este blog aporta herramientas multimedia para aprender y disfrutar de la literatura y de la cultura

Yo amo al cine

Criticas, estrenos y más

Singularette

No solo soltera, sino singular

(Nos)otros

Escribiéndote...escribiéndome...escribiéndo(Nos) a (otros)

novelaromanticaescritorajoven

A almas vivas, ardientes, soñadoras y guerreras.