Gracias, Kobe

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Talentos generacionales los llaman en distintos deportes. Hablamos de esos jugadores únicos en su estilo de juego que aparecen cada cierto tiempo y dejan huella debido a su talento y evidentes destrezas muy por encima de las del resto de sus contemporáneos.  En la historia de la NBA –que es el deporte en el cual brilló el personaje de quien les hablaré aquí– hay varios de estos casos, como por ejemplo: Wilt Chamberlain, Kareem Abdul-Jabbar, Larry Bird, “Magic” Johnson o Michael Jordan, por nombrar solo algunos. Los cuales, cada uno en su respectivo lugar y tiempo, se encargaron de hacer ilusionar a millones de personas, o niños que los miraban, con llegar a ser algún día como ellos y deslumbrar al mundo con sus habilidades. En lo que a mí respecta, no tuve el privilegio de ver a los jugadores antes mencionados, por ende no alcancé a soñar con ser como ellos. Del único que tengo recuerdos –y vagos recuerdos– es de Michael Jordan, pero más que nada por haber escuchado su nombre. No alcancé a verlo jugar.

Sin embargo, no pasaría mucho tiempo hasta que el destino fuese benévolo conmigo y me proporcionara mi propio ídolo. Ese talento generacional que se convertiría no solo en mi referente, sino que en el de millones de personas alrededor del mundo. Sí damas y caballeros, hablo del hombre que este mes deja las canchas de basquetbol para siempre y que se encargó de mostrarnos que lo imposible, para él, no existía. Hablo de la leyenda: Kobe “La Mamba Negra” Bryant.

Y es que hablar de lo aparentemente imposible, es hablar del gran Kobe. La super estrella de los Lakers, quien esculpió su juego a imagen y semejanza de su gran ídolo, Michael Jordan, dejó huellas y marcas indelebles en las retinas de todos aquellos que lo vieron entrar a una cancha, ya fuese como rival o como parte tu equipo favorito. Y es que el escolta de los Lakers destacó toda su carrera por su pasión por el juego y ese espíritu de lucha indomable que lo impulsaba a lograr hazañas casi imposibles, incluso cuando sus oponentes creían que ya estaba derrotado.

Cómo olvidar, por ejemplo, aquel decisivo partido 7 en las finales de la conferencia del oeste entre los Portland Trail Blazers y Los Ángeles Lakers, cuando los Lakers entraron al último cuarto del juego perdiendo por 13 puntos (58-71) y lo terminaron dando vuelta para ganarlo por 89 a 84, todo gracias a una gran actuación de Kobe. Recuerdo con especial cariño ese juego, ya que fue el primer juego que vi de los Lakers. De ahí en más, nació un cariño y fanatismo por ese equipo que hasta hoy perdura. Ese año terminarían ganando las finales de la NBA, y el siguiente también, y el subsiguiente también. Fueron tres años de completo dominio del equipo angelino en la NBA, con el gigante Shaquille O’Neal y la emergente leyenda, Kobe Bryant, a la cabeza.

Sin embargo, más allá de los títulos o los juegos ganados o perdidos, es la mentalidad lo que muchos destacan de Kobe. Y es que no se dejaba intimidar por nada, ni siquiera por las lesiones. No son pocas las veces que jugó con dedos dislocados, tobillos hinchados, rodillas magulladas. Nada de eso le impedía salir a jugar. Tampoco la adversidad le impedía ofrecer actuaciones memorables, como la mítica noche del 22 de enero del 2006, cuando su equipo se encontraba por detrás en el marcador y necesitaba de él para poder ganar. Y la “Mamba” proveyó. Esa noche Bryant anotó nada más y nada menos que 81 puntos. ¡El único jugador que ha anotado más puntos que él en un solo partido es Wilt Chamberlain, quien anotó 100 puntos! ¡En el año 1962!

Preguntado luego del juego, acerca de su actuación, Kobe solo respondió que eso era un testimonio de lo que se puede lograr cuando alguien no se pone límites y siempre aspira a lograr más. Y el sí que aspiraba y soñaba en grande. Kobe era un talento generacional. Y lo siguió demostrando con creces en esa temporada, y entre los años 2007 y 2010, donde tuvo actuaciones notables, muchísimos partidos de más de 40 puntos y dos títulos más.

Sin embargo, al final de cuentas, Kobe era tan humano como nosotros y el 2013 marcó el año definitivo en el que vimos por última vez a la mejor versión de Bryant. Y es que en ese año, mientras luchaba por meter a su equipo en los playoffs, su cuerpo no resistió más y su tendón de Aquiles cedió. Lo que acabó su temporada, y por qué no decirlo, su carrera.

El año 2014 intentó regresar, pero una nueva lesión en la rodilla lo tuvo varias semanas fuera. Luego fue su hombro. Y nuevamente, lo vimos perderse meses de juego por estar en rehabilitación. El año 2015 volvió a la carga, pero su cuerpo parecía no seguir lo que su mente quería, y luego de un par de semanas avanzada la temporada actual de la NBA, anunció que se retiraba al final de esta. El 13 de abril de 2016.

Y así llegó el mes de abril y la hora de decir adiós al juego que tanto amo. Bryant fue un grande, pues tomó la antorcha y llenó el vacío dejado tras el retiro del inmortal Michael Jordan y se encargó de seguir haciendo magia en el deporte del basquetbol, con clavadas, volcadas o mates, como usted desee llamarlas, que hicieron que millones, como yo, pusiéramos los ojos en este deporte.

Cómo olvidar sus tiros en tiempo decisivo, los que se volvieron su marca registrada. Son innumerables los triples en los últimos segundos del juego para ganar partidos. O su forma de postear de espaldas al aro, para luego girar y lanzar en retirada. Un tiro que muchas veces le dio la victoria en juegos apretados. En fin, son muchos los recuerdos y faltan las palabras.

Tras 20 años de carrera, 5 títulos con los Lakers, dos veces elegido el jugador más valioso de las finales, un título de jugador más valioso de la NBA en la temporada 2006-2007, tercer lugar en el ranking de jugadores que más puntos han anotado en la historia de la NBA (solo detrás de Kareem Abdul-Jabar y Karl Malone), dos medallas de oro olímpicas con la selección de Estados Unidos y 18 nominaciones al Juego de Estrellas de la NBA, podemos decir que el chico de 17 años que pasó directo de su secundaria en su natal Philadelphia el año 1996, a la NBA, ya es todo un hombre y una consagrada leyenda cuyo sitial, solo puede existir por siempre entre los mejores jugadores de basquetbol que han pisado este planeta.

Solo queda agradecer todas las alegrías, los triunfos, la fuerza, la energía y el deseo que puso en cada balón, en cada jugada, y en cada partido. Solo queda agradecerle el haber hecho que millones como yo, conociéramos más este bello deporte y quisiéramos imitar su estilo, su tenacidad, su amor y su perseverancia.

Su nombre estará escrito en el corazón de los fanáticos de este deporte y de los Lakers por siempre.

         ¡Gracias, Kobe!  

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Por Pablo Mirlo

Publicado en Revista Pluma Roja Abril 2016

Para más, visite revistaplumaroja.wordpress.com

 

 

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Acerca de pablomirlo

Me considero un obstante, un sin embargo, un pero. Me considero un parlante, un sin regazo, un perro. No obstante considero, que sin embargo un perro, no obstante puede ser hablante, y en charcos, su propio dueño. Me considero un sin embargo, un marco descolgado, un cielo colgante, ensueños, un amargado. No obstante difiero. Tal vez ni concuerdo. Quizás ni debiera. Probablemente, ni es cierto. Ver todas las entradas de pablomirlo

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