Me llamo Sam

¡Hola!

Bienvenido a mi casa. Primero le pediré que se quite los zapatos, pase por este escáner y me muestre su identificación. ¡Oh! No, no es nada personal. Lo hacemos por su seguridad. Es que anda mucha gente extraña por el barrio últimamente, y es mejor prevenir que curar, como dicen por ahí.

Bueno ¡Esta es mi casa! Hermosa ¿no cree?

Como usted ya sabrá, mi casa es la más segura del barrio. Y el barrio, el más seguro de toda la ciudad.

Pero usted se preguntará ¿cuál es el secreto? Pues déjeme que le cuente:

En esta casa y en cada casa, contamos un sistema de seguridad insuperable, compuesto de más de 20 cámaras de vigilancia que nos entregan todos los ángulos posibles de las casas por dentro, y por fiera, además de una panorámica de la calle completa. Todo lo que queramos ver ¡todo! Lo podemos ver y controlar al instante. ¡A mi esposa le encanta! Dice que siente más segura con este sistema. ¡Y es cierto! Con este sistema de vigilancia, no se pasa ni una mosca por nuestros lentes sin que la veamos. ¡Todo queda registrado! Esa es la razón principal de la prosperidad y felicidad en la que vivimos como barrio; la confianza absoluta que tenemos en este sistema.

Ahora bien, las cosas no siempre fueron tan plácidas como las ve ahora.

Cuando primero llegamos a este barrio, tuvimos que lidiar con una gente que poco y nada sabía de la civilización. ¡Era terrible! Es más, hacían fuego fuera de sus chozas. Mataban animales salvajes. No se vestían bien, etc. Así que nos tuvimos que proteger de ellos. Para eso creamos estos altos muros que rodean nuestra casa, para separarnos de ellos. Pero no fue suficiente. Esta gente insistía en querer ocupar esta tierra. Así que no nos quedó otra opción que denunciarlos a la justicia para que se hiciera cargo, y así fue. Ahora todos ellos están tras las rejas.

Ese momento fue clave. Allí supimos que vivir nuestro sueño de paz no sería fácil, y que solo los muros y la vigilancia, nos permitirían vivir tranquilos.

Sin embargo, pese a este triunfo inicial sobre el salvajismo del lugar, y la consecuente alegría obtenida, no queríamos que este goce fuera solo para nosotros; queríamos compartir esta paz con más gente. Fue así que decidimos invitar a otros amigos a ocupar la calle, y construir sus casas de acuerdo al modelo de la nuestra. Pues nuestro modelo era el único que ofrecía paz, seguridad y alegría efectiva. Sin embargo, esto tampoco fue sencillo, y también nos trajo algunos problemas.

Al comienzo, los que llegaron, lo hicieron en paz y felices, pero luego, las cosas cambiaron. Algunos querían pintar las casas de su propio color. Otros querían casas sin muros, y los comenzaron a derribar. ¡Mientras que otros no querían tener cámaras! ¡Siendo que sin ellas, no tenían ningún tipo de seguridad como la nuestra! Fueron momentos terribles.

Así que por su propio bien, tuvimos que aplicar una dolorosa medida. Tuvimos que identificar a quiénes eran los de las ideas contrarias a nuestro modelo, para así, deshacernos de ellos. Con la consecuente pena para nosotros de tener perder a quienes considerábamos nuestros amigos; con la tristeza de no comprender cómo personas podían rechazar un modelo de protección tan bueno, perfecto, y solo pensado para su propio bien.

Ahora bien, como imaginará, para deshacernos de ellos, no podíamos echarlos a la cárcel como a los incivilizados, pues estos, los de nuestra calle, eran como nosotros: mismo tono de piel, misma forma de hablar, mismas costumbres. No podíamos darles un tipo de trato cualquiera. Así que lo que hicimos fue lo siguiente:

A algunos los invitamos a salir de sus casas amablemente, para que no volver más. Les pagamos todo sí. Pasajes de avión, con destino a elección, etc. Sin embargo, pese a nuestra bondad, hubo algunos que lo rechazaron, pero igual se fueron. Lástima por ellos. Ellos se lo perdieron.

Hubo otro grupo que no quiso irse por ningún motivo. Y a estos, bueno, los dejamos quedarse, pero con una condición: en sus casas no solo tendrían nuestras cameras, sino que también nuestros micrófonos, y ante el primer atisbo de desobediencia que percibiéramos en contra de nuestro modelo, serían enviados a la cárcel. ¡Fue la solución perfecta!

¡No me mire con esa cara! Era la única opción. ¿Y es qué no le cansa a usted también saber que la gente no entienda las cosas que hace por ellas? ¿Más aun cuando son cosas buenas?

Fue así que con estas medidas logramos establecer la paz y la estabilidad en nuestra comunidad. Y hasta ahora nos ha ido bien. La gente se ve feliz en la calle, y al interior de sus casas, ja ja ja. ¡Lo tenemos todo bajo control!

Ese es un resumen, a grandes rasgos, de lo que somos en la actualidad. Un barrio próspero y feliz.

No sé usted, pero para mí, este es el modelo perfecto de convivencia. Incluso, pienso, seriamente, que debería ser extendido a toda la ciudad para acabar con la delincuencia, el desorden y el caos.

¿No cree?

Pero en fin…

A todo esto… ¡Qué falta de cortesía la mía! ¡No me he presentado! ¡Qué falta de respeto para con nuestro invitado!

Mi nombre es… Sam, pero los amigos me dicen Tío.

¿Cómo se llama usted? Ja ja ja. No se moleste, es un broma.

En esta casa sabemos exactamente cómo se llama, su edad, su peso, lugar de procedencia y hacia dónde va.

¡Seguridad! ¡Arreste a este espía!

Este tipo, no piensa como nosotros.

¡Háganlo desaparecer!

Junto con su identificación y su ropa.

Que no quede… NADA.

 Por Pablo Mirlo

 

Licencia Creative Commons
Me llamo Sam por Pablo Mirlo se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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Acerca de pablomirlo

Me considero un obstante, un sin embargo, un pero. Me considero un parlante, un sin regazo, un perro. No obstante considero, que sin embargo un perro, no obstante puede ser hablante, y en charcos, su propio dueño. Me considero un sin embargo, un marco descolgado, un cielo colgante, ensueños, un amargado. No obstante difiero. Tal vez ni concuerdo. Quizás ni debiera. Probablemente, ni es cierto. Ver todas las entradas de pablomirlo

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