Debajo de la mesa * Pablo Mirlo

Todavía era de noche esa mañana. La lluvia era arrojada con furia contra la pequeña ventana. Del otro lado, con un tazón humeante en su mano izquierda, sentado en una silla y con los pies cruzados sobre una pequeña mesa, Juan. A penas había acabado de escribir una nota que dejaría pegada debajo de la mesa, cuando de pronto…

Una mano lo abraza por su izquierda, unos labios besan su mejilla derecha. Es la mujer que tanto amó. Sus ojos se dilatan, su corazón se dispara, pero respira profundo y espera lo que sabe. Y con total suavidad, la afilada hoja de una cuchilla, extensión no natural y traducción material de las intenciones de a quien tanto amara, se entierra en su espalda.

Cae y explota el tazón. Cae el hombre al lado de la mesa. Llueve con furia dentro y fuera de la casa. Llueven sus ojos con pena, su corazón en llamas y la herida en su espalda, de adentro hacia fuera.

Ella toma su dinero. Denuncia un asalto y homicidio. Debajo de la mesa, la nota y la verdad:

“Fue ella, ni asalto, ni homicidio: traición”.

Por Pablo Mirlo

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