Témpano * Pablo Mirlo

Los obreros que descendieron por tu garganta
en busca de lo que allí dentro tuyo
se supone latía,
tuvieron que volver con la cabeza gacha
y las piernas heladas.
Allí dentro había cosas que nadie jamás creería.

“Allí no hay corazón que lata.
Solo una enorme montaña blanca.
Allí no hay nada que valga.
Solo hielo, nada más que hielo
y sangre blanca”.
Me confesaron los obreros.

Y me advirtieron con miedo:
“Allí dentro había un tempano,
pero con forma de corazón.
Jamás habíamos visto algo así.
¡Sepa usted que no pensamos volver,
ni aunque nos los pida Dios!”

Me dijeron que quisieron acercarse
pero que no tenían guantes.
Y que el solo mirar a tal colosal glaciar
les hacía, ante lo imponente y monumental,
querer dar media vuelta,
salir de tu boca
y buscar el calor de sus camas y no volver jamás.

Al parecer, ya no quedan dudas.
El frio de tu mirada no era casual.
Era antártico, gélido y boreal,
y peor aún, causal.

Tal vez mañana me haga pequeño
y me adentre a mirar.
Y queme mis labios contra tus paredes de hielo.
Quizás mañana llegue con guantes y lentes negros,
y haga que ese corazón de hielo vuelva a bombear.

Si fallo,
al menos déjame congelarme,
dentro y lento,
que morir junto a lo que quise,
es mejor que morir de lejos.

Por Pablo Mirlo

Tempano

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Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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