Cuentos del futuro N°3: La pacificación de La Dehesa

Dicen que en esta zona vivían salvajes socialistas, democratacristianos, un par de comunistas y obviamente muchos ultraderechistas. Cuando llegó la orden desde el Pueblo, de tener que domar a esos salvajes del barrio alto, hubo muchos que animados tomaron sus piedras y palos y partieron cerro arriba a cumplir lo decidido en las bases. El pueblo no tenía dudas que esta era la medida correcta, pues tenían claro que este grupo era una minoría, y que además, su pacificación, era imperativa si finalmente se pretendía hacer descansar la tierra de tanta inmobiliaria y campos de golf y a la vez, darle un respiro a ellos mismos después tantos años de sometimiento.

Los seres salvajes del barrio alto se espantaron cuando supieron la decisión del bajo pueblo, como ellos le llamaban, y rápidamente se parapetaron en sus fortalezas, y no dejaron salir a sus rubios y bellos hijos e hijas. Los que pudieron, en estampida corrieron al aeropuerto, muchos otros pidieron asilo en la embajada estadounidense, y otros tantos, arrancaron al sur profundo de Chile.

La pacificación estaba en marcha, ya nada lo podía detener. La correlación de fuerzas estaba a favor del Pueblo, el cual luego de un largo y durísimo proceso de reconocerse como tal, finalmente comprendió que los que le ponían la bota encima no representaban ni siquiera el 5% de la población chilena, por tanto, no había más nada que discutir, era tiempo de actuar.

Los más duros personajes de la clase dominadora usaron todos sus sistemas de comunicación para pedir ayuda al ejército, el cual respondió con gran ánimo y emoción, pues finalmente podrían utilizar sus más recientes armas de muerte adquiridas desde la corona británica. Los años de entrenamiento a los que habían sido sometidos sus generales en escuelas de matanza, tortura y control popular en EE.UU finalmente se pondrían a prueba, y es que desde el fin de la Dictadura de Pinochet muchos nostálgicos extrañaban el movilizarse sin patente por la ciudad, torturar, abusar de los pobres y las mujeres, y ese placer que les producía el olor a pólvora y de la carne humana chamuscada.

El pueblo por su parte estaba preparado para lo que vendría. Ya sabían lo que había sucedido durante 17 años en Chile, y ante toda la barbarie a la que se exponían, sin embargo, el miedo era algo que habían suprimido. En realidad, habían asimilado con una certeza inquebrantable que era o sus sueños, o vivir otro siglo más en un país ajeno y opresor. Los oprimidos de siempre habían comprendido que el miedo paraliza, y es por eso que lo habían exiliado de sus corazones y esta vez no se dejarían acribillar por nadie. Muchos socialistas alistaban sus maletas y ya planeaban autoexilios a Alemania. Otros tantos llamaban a sus compadres de la UDI y RN para pactar un acuerdo y evitar así una masacre, pero ya era tarde. La noche del 4 de septiembre de 2036 todos los barrios estaban sitiados, pero no por militares, sino que por El Pueblo.

En ciudades como La Serena, el sector de calle Cisternas hacia arriba y San Joaquín, se encontraba con gente en cada esquina armada de piedras y palos. Los hombres y mujeres se abrigaban en fogatas en el medio de la calle, mientras otros avivaban el fuego de cientos de barricadas. Lo mismo pasaba en el resto de las ciudades de Chile. Una densa capa de humo cubría las ciudades, y el sector de La Dehesa y Chicureo en Santiago no era la excepción.

Hasta ahora los militares no habían hecho su aparición. La tensión se respiraba en el aire. Los políticos que no pudieron escapar a ratos disparaban al aire desde sus patios para ahuyentar a la gente, pero no nada, la gente no se movería. Cuando ya iban a ser las 6 de la mañana llegaron rumores que los militares ya se estaban saliendo de sus cuarteles. La gente se preparó para lo peor. Se prepararon para hacerles frente y ya tenían barricadas en cada rincón de los barrios altos.

En La Dehesa finalmente hizo su aparición un tanque, seguido por una larga fila de camiones, la gente los esperó. Cuando los políticos se dieron cuenta que venían los militares empezaron a salir de sus casas cargados de ira y encaraban a la gente para que se preparase. ¡Los van a masacrar pobres de mierda! ¡Vuelvan a sus porquerías de casas! Gritaban.

Mas la gente no se inmutó.

Cuando la columna de tanques y camiones militares se detuvo ante los hombres, mujeres y niños armados de piedras, palos y fuego, un hombre que parecía ser el General Urrutia, aunque se veía más delgado, se dirigió a ellos.

–Compañeros y compañeras, en este preciso momento hemos dado la orden de que los militares de todos los cuarteles en Chile salgan a la calle y se enfrenten a ustedes–.

La gente se miraba confundida mientras oía esto.

–Soy Juan Cifuentes. Yo y cientos de soldados nos hemos tomado todas las guarniciones de Chile, y el General Urrutia en este momento se encuentra bajo arresto–.

Nosotros somos cientos de jóvenes que cansados de las masacres del ejército chileno en toda su historia contra su pueblo hemos decidido tomar el mando. Somos militantes de diferentes partidos y colectividades de izquierda que, sabiendo lo que se venía, hace un par de años decidimos que algunos de nosotros iban a infiltrar el ejército. Sabíamos que en una lucha frontal íbamos a perder, es por eso que solo mediante la conquista de las armas desde adentro ahora tenemos el control del ejército y queremos que sepan que como compañeros nos someteremos a lo que El Pueblo decida hacer.

En ese momento estalló el júbilo entre la gente. Los políticos y la clase alta no comprendían lo que pasaba, y algunos en desesperación, al ver que el ejército no disuadía a la gente dispararon contra la muchedumbre. ¡Mueran malditos rotos! Gritaron los salvajes políticos. Unos cuantos cayeron abatidos por las balas. Esto encendió los ánimos y en masa la muchedumbre se lanzó contra el autor del disparo, un viejo presidente del partido socialista cuando Bachelet era presidenta por segunda vez. Lo atraparon y lo llevaron ante todos, y ahí mismo lo ejecutaron.

El resto de los que yacían en sus casas se espantaron con le escena, e intentaron disparar más, pero esto vez, la gente abrió el camino, y los militares fueron los que avanzaron por las calles, por los campos de golf, por entre los jardines y tomaron a muchos de estos políticos detenidos y a otros tantos, que se rebelaron, no les quedó otra que dispararles. Esta vez no era la sangre del Pueblo la que correría por las calles, era la sucia sangre de los opresores.

Por radio llegaban las noticias que Iquique, Viña del Mar, Concepción, La Serena y muchas otras capitales regionales estaban en control del Pueblo. Era un día de alegría pura. Esa noche, la gente fue en masa a La Moneda, se tomaron sus balcones, y se celebró una gran fiesta. El ejército, y todas las fuerzas armadas estaban sujetos a las decisiones del Pueblo. La Dehesa y toda la oligarquía había sido pacificada y el ejército, domesticado.

Por Pablo Mirlo

*La Dehesa es uno de los barrios más acaudalados de Chile.

*El término “pacificación” ha sido utilizado de manera eufemística por muchos historiadores en Chile con el fin de ocultar lo que en realidad le hicieron al pueblo Mapuche a finales del sigle XIX, un genocidio. A este exterminio ellos lo han llamado de manera perversa, cruel, y totalmente ajena a la realidad “Pacificación de la Araucanía”.

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Acerca de pablomirlo

Me considero un obstante, un sin embargo, un pero. Me considero un parlante, un sin regazo, un perro. No obstante considero, que sin embargo un perro, no obstante puede ser hablante, y en charcos, su propio dueño. Me considero un sin embargo, un marco descolgado, un cielo colgante, ensueños, un amargado. No obstante difiero. Tal vez ni concuerdo. Quizás ni debiera. Probablemente, ni es cierto. Ver todas las entradas de pablomirlo

8 responses to “Cuentos del futuro N°3: La pacificación de La Dehesa

  • grojol

    Magnífico relato de un bonito sueño que, con lugares y nombres propios diferentes, es universal.
    Quizá algún día se cumplan los sueños de los Pueblos.
    Un abrazo

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    • pablomirlo

      Así es amigo. Sueño con que el Pueblo y los Pueblos sean los que decidan su destino y no las castas políticas y empresariales de cada nación. Al fin y al cabo, la emacipación de los oprimidos, es un deber de todos juntos como Pueblo. Por mientras, me permito soñarlo y ojalá, inspirar a alguien a llevarlo a cabo.
      Un abrazo.

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  • DonovanRocester

    Caramba… es tan realizable aquello, tan lejano también. Me gustó mucho el toque de la fecha, y el clímax con el ejército de lado del pueblo.

    A veces los militares se olvidan de que también son pueblo, sino ellos: los que aman.

    Buen relato 🙂

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    • pablomirlo

      Así es amigo. Pienso que el logro de los objetivos parte con soñar cosas, en apariencia, imposibles. Y luego, plasmarlas en el arte, para que así, a más de alguno se le iluminen las ideas y de paso, le de el impulso necesario para concretarlas.

      Ojalá algún día los ejercitos no miren como enemigos a su propio pueblo.

      Saludos y gracias por leer y comentar!

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      • DonovanRocester

        Concuerdo con lo de plasmar los sueños en arte. A más de uno, nos ha inspirado el arte del pasado… y quizá en el futuro, nuestro arte inspire a algunas personas…uno nunca sabe.

        Como siempre, un gusto pasar por aquí.

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  • sonadoresdelzulu

    Genial, hace pensar, y me uno al comentario anterior, el ejercito no debería olvidar a su pueblo, y no dejarse usar como una herramienta de los que mandan (una herramienta de matar es lo que son), Pero igualmente, opino que un ejercito es necesario, siempre y cuando sea de defensa, lo que tambien se puede interpretar de varias maneras.
    ¿Qué opinas?

    Un saludo,
    PD: Por si te apetece echarme un vistazo:
    http://sonadoresdelzulu.wordpress.com/author/sonadoresdelzulu/

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    • pablomirlo

      Lo del ejercito, bueno, en mi humilde y utópica opinión no debería existir en ningún aspecto. Se supone que es para defender las fronteras, pero eso es algo tan abstracto. He cruzado fronteras, y jamás he visto esas líneas que dibujan en los mapas, es decir, para mí, las fronteras son tan metafóricas como el mismo concepto de las nacionalidades. Desde mi opinión, ese es otro invento para separarnos como raza. Es cierto que tenemos diferencias como pueblos, pero eso no nos hace menos o más legales por estar en tal o cual determinado país o tras cruzar tal o cual frontera. Pero en fin, son utopías básicamente las mías, y no porque yo lo piense, los ejercitos dejarán de existir. Así por ahora me conformo con que los ejercitos dejen de masacrar a sus propios pueblos, es lo mínimo que espero.

      Saludos! Y muchas gracias por pasar a comentar!
      Me daré una vuelta por tu blog!

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